Foto: Nadia Albarracin


domingo, 27 de agosto de 2017

Como Clarín no asume que ganó Cristina, para muchos no ganó: esto incluye a nuestra “intelligentzia”

Hoy a las 12 de la noche en La otra.-radio (Radio Gráfica, FM 89,3, online acá o acá), Damián Selci, editor de Revista PLANTA


por Damián Selci

¡Cristina ganó las elecciones! Hay que decirlo con signos de exclamación, porque la sociedad todavía no puede librarse de los narcóticos que los medios le inyectan a diario –y que han llevado a una buena parte del periodismo a “analizar” el “triunfo” de Cambiemos, con la misma sutileza con que teólogos y místicos discutían el sexo de los ángeles: muy interesante, pero los ángeles no existen, y el triunfo de Cambiemos tampoco. Pero como vivimos en un País Oscuro, donde la verdad no brilla, y donde los “analistas políticos” repiten en sus textos la psicopatía que el establishment derrama sobre la sociedad… en semejantes condiciones, es obvio, hay que empezar por prender la luz sobre las cosas. Hagamos una crónica de los hechos, por orden de aparición.

1) Cristina le ganó las elecciones al Sistema, dicho con mayúsculas. Le gana a Clarín y todos los medios, le gana Macri y Vidal, al Partido Judicial, le gana al capital financiero, a la Embajada y a toda la corporación política. Desde la dictadura no se había visto semejante concentración de poder, y Cristina le ganó a todo eso, con maestría y coraje. (Por cierto, los que indican que fue un triunfo muy finito subestiman al Sistema –su experiencia en el manejo del poder, sus influencias, su dinero, su antigüedad, presteza y sabiduría para el dominio.)

2) El Sistema se defiende de esta derrota manipulando la carga de datos, con más precisión, manipulando a la sociedad. Inventa que ganó las elecciones con el solo propósito de amortiguar el costo político de tener que “reconocer” la victoria de Cristina. Contra las protestas de Unidad Ciudadana, la fábula es sostenida por los medios, que replican la noticia, y por la corporación política, que “felicita” al triunfante oficialismo.

3) A continuación, los analistas políticos “serios” se ponen a analizar las “causas” del “triunfo” de Cambiemos. Esta nueva invención apunta a magnificar la fuerza del Sistema para desmoralizar al campo popular, de manera que no se trata solamente de decir que Cambiemos ganó, sino que lo hizo porque “sintoniza mejor” con la época que el vetusto, anticuado y finiquitado kirchnerismo. El ejemplo lo encarna José Natanson, quien habla de un “amplio triunfo oficialista en las PASO” que parece dictado por Rogelio Frigerio y luego escribe un sintagma, “derecha democrática”, que constituye una ofensa contra la cultura cívica de los argentinos, dado que silencia la desaparición a manos de Gendarmería de Santiago Maldonado, el intento de liberar genocidas con el 2x1 y otros diversos atropellos que Martín Granovsky tuvo que listar en Página 12 al día siguiente. –Addenda: a quince días del cierre del Buenos Aires Herald (el único diario que publicaba las desapariciones forzadas de la dictadura), la omisión de Natanson resulta doblemente preocupante.

Estos son los hechos. Gana Cristina en la provincia, el Gobierno oculta la verdad, los comentaristas interpretan la versión oficial. La potencia tóxica de la propaganda es tan grande que impregna todo, y el País Oscuro se envuelve en una niebla fantasmal… donde nada es lo que parece… Los ganadores se sienten perdedores… Algunos proponen, incluso, ya, hacer “autocrítica…” Los Manipuladores festejan expulsando densas nubes de opio y sonríen sobre todo el territorio nacional… Y la piel negra de la noche cae sobre nosotros. Acta est fabula. Sin embargo, no: hay ciudadanos que no se desmayan ante estas alucinaciones programadas y dicen: revisen los papeles, carguen los datos, ganó el pueblo. Son los Fiscales. El auténtico hecho político emergente. De quienes hablaremos luego.

Los subestimadores son los demás

¿Cuál es la crítica más recurrente que, a nivel interno, circula dentro de los ámbitos militantes, adherentes, simpatizantes, “apoyo crítico” y demás variedades del kirchnerismo/peronismo/etc? Es una crítica vinculada al tema de la caracterización y dice así: “¡el kirchnerismo subestima a Macri!” Podemos encontrar este concepto en el título natansoniano: “El macrismo no es un golpe de suerte”. Preguntémonos con toda inocencia: ¿quién sí cree que el macrismo es un golpe de suerte? La respuesta viene rápido a la mente: por supuesto, los tontuelos kirchneristas, que todo lo subestiman. Los kirchneristas no creen que Macri tenga densidad histórico-mundial, así que creen que ganó de pura suerte. Ahora bien, los kirchneristas subestiman a Macri porque se creen superiores, y se creen superiores porque son soberbios. Como son soberbios, no escuchan las críticas que oportunamente les hizo Natanson, o Emilio Pérsico, o Hugo Moyano, o Alberto Fernández, o José “Pepe” Nun, o el mismísimo Eduardo Duhalde. Como no escuchan, perdieron en 2013, 2015 y 2017. Como perdieron, son culpables de que gobierne Macri…

Volvamos a la realidad: Natanson improvisa cuando pretende que exista alguien que subestime al macrismo. Sobre todo cuando el macrismo es el oficialismo nacional desde hace dos años. Pero Natanson es solamente un ejemplo excelente de una postura más generalizada; en columnas recientes se insistió en el tópico (muchas de ellas publicadas en la revista Anfibia: por ejemplo, las de Grimson, Semán y Burdman). El kirchnerismo subestima. ¿Es así? Llama poderosamente la atención esta crítica, que llamaremos “falacia de subestimación”, porque precisamente nadie alertó como el kirchnerismo sobre la naturaleza depredadora del gobierno de Macri. Al revés: es Natanson quien endulzó la oreja de sus lectores con la promesa de una “nueva derecha” que terminó destruyendo la industria nacional a fuerza de tarifazos y despidos, la “nueva derecha” con presos políticos y desaparecidos…

Detengámonos en esto un segundo, porque tiene consecuencias muy precisas. La caracterización es una etapa clave de la lucha política, porque legitima o dicta la acción futura. Por ejemplo, si yo digo que Macri es “vieja derecha” y lo comparo con Menem, con la dictadura o con la Argentina pre-peronista, obviamente no estoy diciendo que estos procesos sean exactamente iguales. Lo que estoy diciendo es que “ya sabemos cómo terminará esto” (mal), que atacará a los trabajadores y los sectores populares, que restringirá la democracia, y que por lo tanto debemos hacer Oposición Firme al gobierno. ¿Se entiende? Comparar un gobierno del pasado con uno del presente sirve para traernos una imagen de sus consecuencias en el país; es una forma de prevenirnos; si se quiere, un toque de saludable desconfianza. Ahora bien, si yo digo que Macri es “nueva derecha”, ¿qué táctica se deriva de ello? Evidentemente, si es algo nuevo, no sé cómo va a terminar. Y si no sé cómo va a terminar, entonces debo ser cauto, porque tal vez no sea tan malo como lo fue (sin dudas: eso no se discute) la “vieja derecha”. De modo que la táctica ya no es Oposición Firme sino “Dar Tiempo”, es decir, “Dar Gobernabilidad”, es decir… Pichetto, la vacilante CGT, Pérsico, todo eso. En esta postura de Dar Tiempo, además, anida una fantasía política enfermiza y sutil: la de que tal vez, si los Malos resultan ser más o menos buenos… tal vez podamos retirarnos a descansar de la lucha… ¿no? Si nos convencemos de que Macri es el Menem de hoy, el Videla de hoy, el Onganía de hoy (ya dijo que se piensa quedar 20 años), entonces tenemos que convertirnos en opositores constantes y militantes, lo que es arduo –pero si en cambio Macri es “algo nuevo”, podemos estar distraídos un rato… leer calmosamente Clarín… decir a nuestros nietos “al principio no se sabía lo que iban a hacer…” O para ajustar esta ensoñación decadente: si por ejemplo (¡oh!) Vidal fuese presidenta, y no Macri, tendríamos una derecha que nos derrotaría sin hacernos sangrar… y nosotros nos despolitizaríamos de a poco, sin dolor… muriendo dulcemente bajo su rostro virginal y suplicante (como ha notado con perspicacia Jorge Alemán) repetido al infinito en Youtube...

En otras palabras: la nota de Natanson es inexacta posiblemente línea por línea, pero el principal problema es que nos insta a bajar las defensas que debemos tener con Macri, porque dice “derecha democrática”, es decir, le dice algo lindo a la derecha, la “acerca”, la torna “familiar”, porque la Democracia es una palabra obviamente nuestra, una palabra que está ligada indisolublemente al hecho de que estamos vivos, de que podemos expresarnos, hablar. Recordemos que en este país hubo un genocidio perpetrado por una dictadura cívico-militar; así que cuando en Argentina evocamos el significante “democracia”, acuden a nuestra mente, más o menos, estas cosas: pañuelos blancos, rostros de desaparecidos, la voz de Julio Strassera diciendo “Nunca más”, jóvenes vivos y vitales en un predio universitario… y aparece una sensación de alivio, de que ahora los Malos están presos y no nos pueden hacer daño… Néstor Kirchner bajando un cuadro y diciendo “no tengo miedo ni les tengo miedo…” Democracia es libertad, paz, hijos vivos, justicia, y los Malos en la cárcel. ¿Se explica ahora la airada reacción que suscitó Natanson entre sus colegas, y más allá? La calificación de “derecha democrática” pervierte esta asociación que surge espontáneamente en nuestra conciencia cívica, y por eso debe ser repudiada.

(La nota de Selci se lee completa acá. La conversación sigue hoy a la medianoche en La otra.-radio)

1 comentario:

claudia serra dijo...

Maravillosa nota (No repetiré mi comentario hecho en la nota original para no agotar). Pero vale la pena difundir este articulo como llamado de atención sobre esa colonización del pensamiento popular que pretende el Sistema. Saludos.