Dan vergüenza





lunes, 30 de enero de 2017

En busca de la melodía perfecta

La otra radio, para escuchar clickeando acá 



La más convencional teoría de la música dice que tres son sus elementos: armonía, ritmo y melodía. Yo podría acotar que la música es el arte de la escucha, ya que es ahí donde se desvela el mundo en su ser acústico. El mundo suena y la música nos lo dice.

Probablemente el goce más hermoso que dé la escucha musical sea descubrir la organización temporal del ritmo y la arquitectura (casi) espacial de las armonías. Eso solo aparece cuando uno se detiene a escuchar, demorando el fluir de los instantes: el que escucha las formas rítmicas y las estructuras armónicas de una canción logra acceder a la densidad del tiempo, lo dilata de una manera que solo la música consigue. La música desafía al imperio imbatible del tiempo.

La melodía es lo primero que cualquiera escucha, lo que todos pueden percibir inmediatamente. Uno enseguida puede silbar: eso se debe a que la melodía es lo que está más al alcance.

Sin embargo, para mí hay un misterio inefable en la melodía que la facilidad con la que la percibimos no nos permite detectar. La melodía es lo más difícil. Ritmo y armonía son formas de organización matemáticas: hay miles, millones de canciones que comparten una misma secuencia de acordes y un ritmo determinado: son efectos de la subdivisión del continuo temporal y del apilamiento de determinadas distancias tonales. Ritmo y armonía son coordenadas cartesianas, la x y la y de toda canción.

La melodía, en cambio, es, me parece, un auténtico misterio. Un dibujo irregular, el resultado del desfasaje permanente del pulso rítimico. La música avanza o se vuelve, se demora o se apura, enlaza rápido una serie de puntos microscópicos, vacila entre dos recorridos posibles, cae vertical en su propio lugar o se desvía en una dirección inesperada, se anticipa, va anunciando la nota que todavía no sonó y que quizás no llegue a sonar nunca.

La melodía es hermosa cuando es impensable. Los grandes músicos son los que se encuentran esos trayectos frágiles e inciertos que, una vez escuchados, ya parecen inevitables. Pero nunca antes.

Una canción nos conmueve aunque no entendamos una sola palabra del idioma en que está escrita: es por la melodía. ¿Qué es lo que comprendemos ahí donde no entendemos?

Al mismo tiempo, cada melodía es una posibilidad del aire que cada vez que alguien la canta vuelve a rasgar con su garganta: escuchen a Spinetta recorriendo el camino sutil de Miguel Abuelo en "Mariposas de madera", escúchenlo tomar por un atajo spinetteano e ir a parar a un lugar inaudito.

En el programa de anoche de La otra.-radio nos propusimos, algo al antojo, la busca de la melodía perfecta. No es que haya solo una melodía perfecta: su número podría ser infinito, pero la perfección de una nunca va en desmedro de las otras. Creo que varias de las canciones que escuchamos esta noche en la radio rozan ese misterio de la perfección.


Cómo no morir cada vez que escucho a Amy Winehouse cantar "To know him is to love him", que Phil Spector compuso frente a la tumba de su padre. Cómo no caer bajo el agobio de la nada cuando la Negra Sosa y María Graña cantan

He llegado hasta tu casa
yo no sé cómo he podido
si me han dicho que no estás
que ya nunca volverás
si me han dicho que te has ido...

Escuché esta canción cientos de veces desde que era chico. Su melodía avanza hacia una melancolía majestuosa, que al final logra una forma dela tristeza que nos ampara de todo. Nunca supe hasta anoche quiénes habían compuesto esta joya: José Dames y Horacio Sanguinetti. Alito Aep, un oyente atento, me esclarece:

"José Dames fue un gran bandoneonista de la época del tango clásico y un importante compositor, para mí, uno de los más grandes. El más famoso de sus tangos es Fuimos, con letra de Manzi, pero tiene muchísimos que son muy conocidos aunque no para el gran público. Como instrumentista, tocó en muchas orquestas importantes, también en dúos y tríos. Horacio Sanguinetti también fue un muy importante letrista del tango clásico: Tristeza marina, Arlette...".



En el programa también hablamos del libro High Hitler, del ¿peronismo? de Donald Trump, de la hermosa experiencia que viene siendo el ciclo de cine Los cines posibles, de la película del sábado que viene: Morrer como um homem. Y del embole que me comí cuando fui a ver Lalaland. El programa completo se descarga acá.


2 comentarios:

Caro Cabrera dijo...

El programa de anoche fue HERMOSO Oscar!! Se pasaron; me lo guardé al igual que a este escrito.
Muchos de los temas que pasaron son un estímulo al alma. Recordaron a Amy, Spinetta, Cerati. Tres genialidades para mi gusto.

Creo que ya he comentado que me gusta mucho la manera de describir que tenes en este caso, esto:

- "La melodía, en cambio, es, me parece, un auténtico misterio. Un dibujo irregular, el resultado del desfasaje permanente del pulso rítmico. La música avanza o se vuelve, se demora o se apura, enlaza rápido una serie de puntos microscópicos, vacila entre dos recorridos posibles, cae vertical en su propio lugar o se desvía en una dirección inesperada, se anticipa, va anunciando la nota que todavía no sonó y que quizás no llegue a sonar nunca" y esto...
- "Al mismo tiempo, cada melodía es una posibilidad del aire que cada vez que alguien la canta vuelve a rasgar con su garganta"...
Me Encantó!!

Aprovecho para alagar el Ciclo de Cines, me gustó mucho también! Lindo horario, cómodo lugar y la gente muy buena onda! La película da para verla una segunda vez... es como que se escapa de las manos, tiene algo así como un misterio oculto jajaja
Saludos y nuevamente Gracias!!!

Oscar Cuervo dijo...

Muchas gracias, Caro!