viernes, 11 de diciembre de 2015

La otra Plaza

El primer día de la era macrista




Si uno no mira la tele, en la calle el comienzo de la era macrista ni se nota. La apatía se explica por la llegada súbita de un calor pegajoso. Por lo demás, el cepo no se levantó y la Televisión Pública perdura en un extraño limbo. En las tandas se sigue pasando el aviso que dice que en diciembre "sigue el debate en 678" pero nadie le cree. El programa no sale al aire y en su lugar va un partido de hockey. Visión 7 cubre con neutralidad protocolar la asunción del nuevo presidente. Los desbordes neo-oficialistas quedan a cargo de los canales privados. El agobio en este caso no es culpa del calor sino de un macizo anillo mediático que protege a Macri y le adjudica un carisma invisible a los ojos. Los locutores y locutoras suelen expresar con mayor precisión que los columnistas especializados la línea editorial de cada medio y en su primer día macrista ellas y ellos elogian la brevedad de los discursos del presidente y el discreto charme de la primera dama. El cambio de gobierno no es traumático en la calle, o no lo es todavía: "unir a todos los argentinos" es una utopía al alcance de la mano. Capaz se logre con menos cadenas nacionales. Ya llegará el lunes el turno de Prat y sus anuncios para sanear la economía ante la UIA, como corresponde. Sanear es una palabra con connotaciones médicas y espirituales y se lleva bien con las pocas frases del presidente desde el balcón, antes de desplegar toda su simpatía republicana bailando con torpeza muy entrañable la cumbia que canta la querida vicepresidenta: "les quiero agradecer que crean en ustedes mismos. Yo estoy acá porque creo en ustedes y necesito que ustedes crean en ustedes”. Todo sanador.

Mi curiosidad malsana era ver la Plaza después de la Plaza. El atardecer anterior los kirchneristas habíamos protagonizado un hecho inédito: despedimos los 12 años del Régimen con una Plaza multitudinaria, quizá la más desbordante y alegre de todo el Régimen, el único caso recordado en el que un Régimen saliente es despedido con fervor popular y sin camiones hidrantes. Así que yo esperaba que la tele me mostrara detalles jugosos para comparar. Planos detalles, paneos, zooms, tomas aéreas desde drones sobrevolando la multitud. Nada de eso hubo. En un día pleno de notas de color, la multitud no fue beneficiada con un protagonismo especial y solo apareció como un fondo difuso y recortado. Pixeles y banderitas. Me llamó la atención la rigidez de la puesta. Me hizo acordar a esas tardes del 74 cuando media Plaza quedaba medio vacía y la cámara se quedaba quietita mostrando la mitad llena. ¿Es que los camarógrafos tenían calor y no les daba gana moverse demasiado?

Hasta que encontré este video y todo quedó más claro. Macri está en el balcón mientras la Plaza está así:



[Todas las capturas de pantalla y el video amateur los encontré gracias a Esteban del Valle].

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