Los cines posibles

Los cines posibles
El Amante - Cine

lunes, 28 de febrero de 2011

Su nombre es Legión

"Contra Néstor estábamos mejor"


- Cristina frecuenta a los ultras y a los jóvenes pero relega al peronismo histórico. Néstor jamás se hubiera atrevido. De hecho, murió abrazado al pejotismo . El despertar juvenil asomó, justamente, con su muerte.

- La legión de jóvenes se deslumbra con Cristina y la adula. La Presidenta exhibiría una permeabilidad a los elogios a los que Kirchner rehuía. El ex presidente elegía otro molde para la política. Nunca hubiera tenido a su lado ministros como Boudou o Héctor Timerman. Prefería a los dirigentes de tribuna o de trinchera.

-Timerman agita el conflicto con Washington. El desafío al imperio podría traerle algún rédito a Cristina en octubre y trasladarla también a sus tiempos juveniles.

- Los jóvenes y muchos veteranos K son los que fogonean también el proyecto de Cristina de mostrarse como la cabeza de un ciclo superador del peronismo.

- Daniel Scioli ha sido víctima de la ambición de esa legión de jóvenes. Scioli cavila y vacila.


- Martín Sabbatella es otra de las armas del ultrakirchnerismo y de los jóvenes K para cercar a Scioli.

- Sabbatella constituye una amenaza. Pero resulta mayor todavía el enojo de los intendentes del conurbano . Las colectoras podrían barrer con varios de ellos. El gobernador recibe mensajes de esos barones angustiados. “Tenés que dar la pelea” , lo conminan.

- Los jóvenes K, incluso, menean la posibilidad de una reforma constitucional que permitiera otra reelección de Cristina si triunfa este año.

(Conceptos extraídos de Nace un tiempo nuevo: el cristinismo, la nota de ayer de Eduardo "contranéstorestábamosmejor" van der Koy en Clarín)

domingo, 27 de febrero de 2011

Hoy es el día en que pienso en vos

Hoy es la noche de la canción del verano 24
Antojo Yo la tengo

Foto: Nicolás Villalobos, Cabo Polonio

Te estuve siguiendo... como un tonto
estabas en un bar lleno de humo
y era casi las tres
yo sentado solo en mi auto
cerca de las cuatro
te esperamos toda la noche
y entonces cerré la puerta.

Iba a pasar la noche, podría haber estado okey
hubiéramos hablado toda la noche, hasta que me fuera
¿te acordás lo que solías decir? "no puedo quedarme hasta tarde
un minuto después ya somos más viejos, no puedo seguir despierto"
yo iba hacia la granja de tu padre en un Chevrolet
me acuerdo de ese auto oxidado como si fuera ayer.

Vi a mi hermano manejando el otro día
ojalá lo hubiera alcanzado, pero se fue
vi a mi hermana ahí parada, bajo la lluvia
y no pensé en nada, lo cual es lo mismo.

Otro día que se va y viene
no creo que pueda cantar esta canción
los secretitos que compartíamos
me estoy tomando mi tiempo
voy a la zaga, pensé en vos.

Hoy es el día en que pienso en vos.

Un regalo de cumpleaños

Hoy a la 1:00 AM* desde Cabo Polonio
la capital HOT del verano
x FM La Tribu
* Antes, a la 0:00, Antojo - Yo la tengo



por Willy Villalobos

El jueves pasado me fui a ver a Cabrera. Tenia que hacer 600 kilómetros en un día pero la ilusión de volver a ver a uno de los músicos que más me conmueve, me empujó hacia el Espacio Guambia, en la ciudad vieja de Montevideo, y ahí estuve, festejando mis 56 años.

Hoy me preguntaba por qué me gusta tanto Fernando Cabrera, por qué será que lo tengo tan metido en el bocho.

El tipo tiene una manera de decir, de tocar como no hay otra. El disco Mateo-Cabrera en vivo debo haberlo escuchado 200 veces y lo sigo necesitando. El recital con Eduardo Darnauchans, otro grande, es otro disco necesario, imprescindible. Con Cabrera vienen Mateo, Zitarrosa, Viglietti, el Darno, aunque el tipo no se parece a ninguno. Es de los que cuentan la historia de uno y de todos en una sola canción.

Es de los que revalorizan la vida, cueste lo que cueste. Es difícil explicar a un groso, hay que escucharlo. NO SE LO PIERDAN. Cuando conocés la música de este señor, inmediatamente querés que todos tus amigos la conozcan, necesitas compartirla, te convertís en un militante del cabrerismo.

Las canciones tienen esa fuerza misteriosa que conecta emociona y despierta a los que tienen la suerte de escucharlo. Es una desgracia que en Uruguay no se lo valore como merece, hay muchos que se lo pierden, le critican que canta mal, que las letras son buenas pero... Dan ganas de matarlos cuando dicen estas pelotudeces. Claro que Cabrera exige, y los cómodos quieren todo servido en bandeja, allá ellos.

Pensaba que La otra le debe una tapa y una gran nota a este gran hombre, ojalá se dé.

Bueno, me fui a verlo, estuve ahí y trataré de contarlo esta noche en la radio. Lo que sigue son algunas partes de una entrevista al Maestro que Gonzalo Curbelo realizara en enero para el periódico La Diaria, a raíz de la aparición del ultimo disco, donde Cabrera canta canciones de otros que fueron hits en su momento y que ahora están olvidadas.

PARRICIDIO

Cabrera se queja de los que piensan que lo de antes ya no sirve. Dice:

Dejémonos de joder con esa onda de 'antes que yo no existía nada', y se pregunta: '¿es tan lógico pensar que lo que pasó hace 30 años ya no tiene lugar en la sociedad?, ¿es sano eso, esa falta de diálogo?. No, yo estoy dialogando con estas canciones, están en mí, están desde mi infancia, pero hay algo que dice que esa franja no sirve. Hay una perversión del capitalismo, me parece, en ese parricidio. Arriesgo, yo no soy un teórico de nada y puedo estar diciendo un disparate, pero, ¿por qué tiene que ser más importante tener 25 años que 40 o que 12? Creo que todo es importante. La mayoría de los músicos jóvenes son más maleables y es más fácil venderlos y no tiene por qué ser axial.

CANTAR Y PENSAR

Pienso cada una de las palabras, cada una de las sílabas y cada una de las letras que canto. Me parece elemental, no creo que ningún cantante pueda ser ajeno a esta posición. ¿Quien puede cantar sin pensar en lo que dice la letra?

FRACASOS

- ¿Alguna vez pensaste en especular con los aspectos más exitosos de tus canciones?
- Sí, toda mi vida. Y siempre fracasé. Toda mi vida viví realmente preocupado por eso.
- Pero te fuiste radicalizando...
- Sin querer. Siempre quise ser cada vez más popular, más digerible, más fácil, tratar de ampliar el público, pero uno es esclavo de lo que le sale. Para mí, consciente de que lo mío no era masivo, eso siempre fue una espada de Damocles, una preocupación muy seria y nunca encontré las herramientas para revertirlo.

AFORTUNADO

Yo siempre tengo ideas nuevas. Será que la psiquis se acostumbró a un proceso vicioso en el que siempre estás pensando en algo, en una frase, en un concepto armónico. Soy axial y por algo me dedico a esto desde los 13 años y eso se constituyó en el centro de mi vida, porque es lo que mas felicidad me ha dado. ¿Hay algo más lindo que componer una canción y que encima alguien la apruebe y comunicarte con eso? Es lindo eso, ¿verdad?, comunicarse con algo que salió de tu cabeza. A veces viene un tipo, un hombre grande, con una lágrima, emocionado porque una canción tuya, un verso, lo hizo llorar. ¿Hay paga más grande que eso en la vida?

Afortunadamente, mi vida tiene eso.

sábado, 26 de febrero de 2011

La envidia

Cristina y los jóvenes

por oac

Cristina está pasando por un momento político formidable: enérgica, linda, inteligente como ningún otro político argentino, con capacidad de mando para disciplinar a todo el peronismo, aún a aquellos a quienes les joden las colectoras y a los preocupados por ver a algunos grandes capangas sindicales presos. Y con una alta consideración popular y militantes juveniles entusiastas. Estas son cosas que en la vida de un dirigente no se dan con frecuencia. Hay que disfrutarlas y aprovecharlas para construir poder.

La clave la dice el presidente uruguayo, José Mujica: “Los mejores dirigentes no son los que hacen más, sino los que dejan detrás una línea que los supere, y ustedes tienen la responsabilidad de lo que va a venir” les dijo a los jóvenes kirchneristas en el acto de ayer.

El tema de la militancia juvenil produce una tremenda desazón en la derecha mediática, que sólo logró movilizar a unas caceroleras empastilladas durante algunos días, un par de años atrás. Y ahora el pobre Lapegüe tiene que andar esquivando, en esa pelotudez del "prende y apaga", algún cartel que deschave a la viuda apropiadora.

La militancia juvenil les preocupa, no sin razón. Por eso Fontevecchia empieza a escribir nuevas fáblulas para asustar a su target, dado que las fábulas de la bipolaridad y de la mujer golpeada ya no funcan. En el número de Noticias que está en la calle intenta trazar un paralelismo entre Cristina y Khadafi, como ejemplos de "los riesgos que enfrentan los proyectos políticos de reelección permanente". Lo escribe quien debería procuparse por los límites de la manipulación permanente.

"La inmoratlización de Kirchner como El Eternauta y la guerra santa contra el periodismo convierten al meteórico ascenso de los jóvenes de La Cámpora en un interesante fenómeno socio-generacional, a la vez que prenden una luz roja por la cuota de fanatismo que suele alimentar el reparto de cargos y fondos, ahora en pos del revival de 'aquella juventud maravillosa'".

Guerra santa, fanatismo, reparto de cargos y fondos y una comparación final con "la ambición de eternizarse en el poder, (...) la edición de la historia al gusto de quien manda" y "...un Khadafi devorándose a sí mismo". El abuso de la analogía debería hacerle pensar a Fontevecchia si no es él quien debe advertir que la historia no puede editarse a su gusto, y que sus lectores no son tan imbéciles como él supone. 

Si la envidia fuera tiña, cuántos tiñosos habría en la Argentina cristinista. Como dice mi amigo Pablo Cabás: "Y? Encontraste UN blog que apoye a @SanzErnesto?". Yo no. Sanz los tiene a Majul y a TN. Pero me parece que no alcanza.

La solución final

Rompecabezas Wittgenstein 4


(viene del capítulo anterior)

En su cautiverio, Wittgenstein reanudó la correspondencia con Russell y comenzó la preparación del Tractatus, en base a las anotaciones del lado derecho de sus cuadernos de guerra. Ya liberado, se resistió a volver a la vida académica, renunció a heredar su fortuna familiar, incluyó en su renuncia una clásusula por la cual comprometía a sus hermanos a que no le permitieran arrepentirse aunque él mismo se los pidiera, y se fue a trabajar varios años como jardinero en un monasterio, donde los monjes hacían votos de silencio. Después, ya como maestro de escuela, intentó aplicar con los alumnos sus ideas sobre el lenguaje; pero como perdía fácilmente la paciencia y castigaba a los chicos, los padres hicieron un petitorio para que lo despidieran.

Al poco tiempo de terminar de escribir el Tractatus, Wittgenstein empezó a distanciarse de su obra, sin saber del todo por qué. Se desentendió de la suerte del libro, que fue publicado en su ausencia gracias al empeño de Russell, en 1922. Fue su único libro publicado durante su vida.

Pocos obras en la filosofía contemporánea fueron tan influyentes y pocas tan mal entendidas. La oscuridad del asunto contradecía las intenciones del autor, que estaba convencido de que todo lo pensable puede decirse claramente. Precisamente el libro se proponía fijar de modo definitivo los límites del lenguaje, de lo que se puede decir y pensar. La dificultad radica en que para hacerlo no se permitió recurrir a otra cosa más que al mismo lenguaje. Todo lo escrito allí queda de este lado de lo decible, ya que Wittgenstein quiso evitar caer en los vicios del lenguaje en que habían caído los filósofos anteriores, entre ellos el mismo Russell. Por eso, para no violar sus propias reglas, muchas de las ideas escritas en los diarios de guerra quedaron reducidas en el Tractatus a escuetas alusiones, lo que le da al libro un tono hermético y por momentos impenetrable. El suponía que, si lograba presentar claramente lo decible –lo pensable-, de esta forma estaría señalando (oblicuamente) lo indecible. Por ese tiempo, escribió una carta a un amigo en la que decía que el libro tenía dos partes: 1) lo que estaba escrito, y 2) todo lo que no había sido escrito; y esta segunda parte... ¡era la más importante! “Creo que todo aquello sobre lo que muchos parlotean, yo lo puse en evidencia en mi libro, guardando silencio sobre ello.”

Gran parte del Tractatus está dedicada a resolver los aspectos insuficientes de la filosofía russelliana y lo hace con éxito, inventando algunos instrumentos lógicos que luego fueron adoptados por el positivismo. En sus proposiciones principales, el libro dice que el mundo es todo aquello que acaece: la existencia de los hechos simples. El pensamiento es la figura lógica de los hechos y su expresión es el lenguaje proposicional. Pensamiento, lenguaje y hechos tienen la misma forma, por lo que los límites del lenguaje son los límites del mundo; no podemos decir ni pensar cómo sería un mundo ilógico. Gran parte de lo escrito sobre filosofía, sostiene Wittgenstein, no es ni siquiera falso:  apenas carece de sentido, precisamente por desconocer los límites dentro de los cuales puede decirse algo con sentido. Todo lo que puede decirse se refiere en última instancia a los hechos simples, y en esa referencia se decide su verdad o falsedad. Esta crítica a los usos del lenguaje y los aportes lógicos de Wittgenstein encandilaron a los positivistas lógicos, que en la segunda década del siglo formaron el Círculo de Viena, tomando como base de su escuela filosófica al Tractatus.

Pero

Pero para hacerlo, los positivistas debieron prescindir de las últimas páginas del libro, en las que el pensamiento muestra un giro imprevisto, incomprensible para ellos (un poco como si a los evangelios les quitáramos la parte del calvario y la cruz). Por empezar, las generalizaciones acerca de hechos, como las que forman las ciencias naturales ("todos los metales se dilatan con el calor"), no tienen fundamentación lógica, sino psicológica (cosa que después de todo ya había dicho David Hume hacía mucho, mucho). Que el sol salga dentro de un rato porque ha salido ayer y anteayer y antes de anteayer es sólo una hipótesis (y esto significa que no podemos saber si saldrá). La idea moderna de que la naturaleza está sometida a leyes constantes es para Wittgenstein una ilusión. Los modernos se aferran a las leyes naturales como los antiguos se aferraban a Dios y al destino; ambos tienen razón y no la tienen. Pero los antiguos eran aún más claros, dado que reconocían un límite preciso, mientras que el sistema moderno quiere aparentar que todo está explicado.

Porque (acá viene el hueso duro de roer) existe ciertamente lo inexpresable, lo que, atravesando lo decible, se muestra a sí mismo. Esto es lo místico. Ante esto, todo aquello de lo que se puede hablar carece de  la más mínima importancia. Y de lo que no se puede hablar, se debe callar.

Los positivistas se mostraron algo desorientados ante esta modulación mística de las últimas páginas del Tractatus, pero creyeron posible pasarla por alto, como si fuera el epílogo prescindible de un libro valioso. Valoraron más bien el aporte instrumental que el libro brindaba en sus aspectos lógicos (Wittgenstein inventó, como quien no quiere la cosa, las bases de la moderna lógica proposicional, lo que en su camino personal fue un tránsito necesario pero, una vez atravesado, carente de valor). La extrañeza del planteo wittgensteiniano se acentúa por la manera seca y tajante con que lo presenta en su breve prólogo:

"primero ... la verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece intocable y definitiva. Soy, pues, de la opinión de que los problemas han sido, en lo esencial, finalmente resueltos. Y si no estoy equivocado en esto, el valor de este trabajo consiste, en segundo lugar, en el hecho de que muestra cuán poco se ha hecho cuando se han resuelto estos problemas".

Mezcla de arrogancia filosófica extrema y humildad desconcertante, la declaración produce una especie de comicidad involuntaria (lo cómico como reflejo oblicuo del misterio). Para un libro que al principio se jacta de haber resuelto todos los problemas de la filosofía, el final parece una broma decepcionante:

"Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo: quien me comprende termina por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas, fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido). Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo".

Un extraño libro que dice resolverlo todo e invita inmediatamente a ser olvidado, un trazo que se borra cuando termina de trazarse.

Tal era el efecto auto-anulador de la filosofía del Tractatus que el propio autor lo abandonó a su suerte. Russell, en cambio, quedó deslumbrado por los instrumentos lógicos que el Tractatus proveía a su programa filosófico y levemente perplejo por su final anticlimático. Por eso, se  encargó personalmente de traducirlo al inglés (W. lo había escrito en alemán) y de prologarlo, destacando lo que a su juicio eran los aportes decisivos de quien había sido su discípulo. El prólogo selló el malentendido, porque hizo que la obra empezara a leerse en la clave que Russell proponía. El Tractatus se abrió camino mientras su autor estaba desaparecido. Inlcuso muchos pensaban que quizá Wittgenstein hubiera muerto en la guerra. Mientras tanto, él se había sumido en el silencio al que su tratado invitaba:

"De lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio".

El triunfo en los círculos positivistas solo fue posible amputando una parte del libro y tergiversando la otra. En torno a él se reunió una generación de jóvenes filósofos en Viena, con la pretensión de subordinar definitvamente la filosofía al rol de auxiliar del conocimiento científico. Desgraciadamente (para los positivistas) su autor no había muerto: unos años después apareció vivito y coleando. Y les dijo en sus caras que no lo habían entendido en absoluto y que nunca lo entenderían. Pero el intento de aclarar el malentendido no fue asumido por Wittgenstein con la suficiente convicción, porque él mismo empezó a odiar al  libro que le había conquistado una fama que despreciaba. 

El Tractatus quedó como una fotografía de lo que él había pensado durante un cierto período de su vida, en sus años de guerra. Era solamente un pasaje hacia otra cosa, a pesar del tono terminante de su escritura. Este movimiento paradójico hizo que el libro fuera aplaudido por aquellos contra quienes había sido escrito. Wittgenstein dedicó el resto de su vida a reformular su pensamiento, que quedó expresado en libros sólo publicados póstumamente, tomados de apuntes de clases, de cuadernos de anotaciones, de notas escritas al margen de libros ajenos. El malentendido nunca terminó de despejarse, hasta el día de hoy.

El verano mengua y mi corazón palpita. ¡Cuánto pienso en ti! ¿Pensarás en mí, al menos la mitad?

viernes, 25 de febrero de 2011

Vida


Esta imagen fue diseñada por Hank Soriano

Querido Néstor:

Hoy es el día de tu 61º cumpleaños y se podrían decir muchas cosas y se dirán muchas cosas seguramente. Creo que el momento de la historia que estamos atravesando te debe mucho a vos. Sé que pasaste tu última semana muy preocupado por el esclarecimiento del crimen de Mariano Ferreyra. Hemos sabido lo que dijo Máximo el día de tus exequias:

"Al matar a ese pibe en Constitución también mataron a mi viejo. Estaba indignado. Todos esos tipos tienen que ir en cana”.

Así que me parece que el mejor homenaje que te puedo hacer es recordarte en ese momento en el que tu vida adquirió la más alta significación: cuando se cruzó con la vida de Mariano Ferreyra. Esta semana parece posible que para los asesinos de Mariano no haya impunidad.

Este es un país esponja, que se traga todo lo que pasó. Por eso a veces me resulta difícil incluir en la revista La otra alguna referencia a la actualidad. Para una revista trimestral, la velocidad con la que las noticias se vuelven caducas puede ser fatal. Pensé mucho, en el cierre del último número, si debía incluir algo acerca de tu muerte. Y decidí poner esto, que creo que hoy, día de tu cumpleaños, mantiene total vigencia. Esta es mi manera de recordarte, en tiempo presente:

Hay dos hechos y no sólo uno -la muerte de Néstor Kirchner- que marcan el comienzo de esta nueva etapa de la política argentina. Son dos muertes, episodios singulares del orden de lo corporal, que responden a series causales independientes, pero que estarán inevitablemente ligadas en la batalla de la interpretaciones por el sentido del presente. Mucho se habló del deceso de Néstor y de la manera irreversible en que alteró el tablero político. El fallo de su corazón podría haber sido esperado hace pocos meses por una derecha que no acertaba a articular una respuesta frente a lo que aparecía como un leve repunte del gobierno. Su muerte precipitó un cambio brusco en la relación de fuerzas, pero paradójicamente esa debilidad corporal se volvió una fortaleza política que dejó a la oposición en estado de shock y al kirchnerismo más cerca que nunca antes de alcanzar un tercer mandato. Esto no pretende ser ninguna predicción: la política argentina tiene un margen de indeterminación tan grande que la situación es siempre increíblemente fluida y puede variar de modo imprevisible. 

Pero es inevitable constatar el cambio de clima que comenzó a partir del funeral de Kirchner, acontecimiento que terminó por convertirse en un hecho político fundacional. La despedida popular que se le brindó podría terminar siendo no sólo el impulso para la reelección de Cristina (con el alineamiento disciplinado de todo el peronismo, que días antes de la muerte se mostraba díscolo y proclive a explorar otras variantes), sino incluso el comienzo de una trasmutación del peronismo en kirchnerismo. La visibilización de una nueva militancia juvenil (que se templó en las movilizaciones por la 125, la ley de medios y el matrimonio igualitario) parece ser el signo de los nuevos tiempos. Hoy se instala la figura de Kirchner como el ícono de una nueva generación y se lo exalta como militante. Hasta hace poco, los dirigentes políticos trataban de ser hombres cualunques, "gente como la gente"; "militante" era una palabra pronunciada con sorna, para burlarse de “los veteranos setentistas que se habían ilusionado con el aroma a choripán que los transportaba imaginariamente a las plazas de antaño”. La plaza de la despedida de Néstor fue juvenil, entusiasta, trabajadora, estudiante, bloguera y gay. La trabajosa construcción de un país crispado y aterrorizado por la inseguridad con que machacó la TV durante tres años agobiantes perdió su eficacia simbólica ante la irrupción de esta nueva multitud que protagonizó el funeral más esperanzado de la historia política contemporánea. 

Esta combinación humana tan atractiva está haciendo su propia experiencia vital y no simplemente rememorando las gestas de sus mayores de los años setenta: no sienten nostalgia por los Montoneros ni veneran especialmente al general Perón. Su programa de acción tampoco se agota en el reclamo de juicio a los criminales de la dictadura: hay nuevos motivos para pelear en el mundo de hoy, que no se oponen al castigo a los dictadores, sino que lo dotan de un sentido más imperioso y actual. La lucha de Madres y Abuelas por la justicia podría haberse extinguido con la muerte inminente de estas venerables mujeres; hoy ya no se trata de recordar lo que fue hace 30 años, sino de pelear por lo que puede ser de un momento a otro. 

Empecé diciendo que dos hechos marcan esta nueva etapa. Hubo una muerte pocos días antes de la de Néstor: el asesinato de Mariano Ferreyra por manos de la patota de la Unión Ferroviaria. Incluso antes de la muerte de Kirchner este asesinato marcó un punto de inflexión para un gobierno que se podía jactar de no haber reprimido la protesta callejera. Esta tragedia humana, con todo, puede transformarse en una oportunidad para que el kirchnerismo ajuste sus cuentas con el pasado peronista, si logra resolver el crimen de un modo inédito. Porque los asesinos de Mariano están en el movimiento y se vinculan con una forma de construir poder basada en la traición a los trabajadores y el crimen político. Si el asesinato tiene, además de una resolución judicial con sus ejecutores presos, un corte político que marque el comienzo del fin del sindicalismo patotero, entonces el kirchnerismo se habrá parido como un movimiento popular digno de ese nombre; si el gobierno queda enredado en la confusión de estas alianzas non sanctas, entonces no habrá podido escapar del destino autodestructivo que ensombreció la historia peronista. Por unas frases pronunciadas por Máximo Kirchner en el entierro de su padre, se sabe que Néstor pasó sus últimos días personalmente involucrado en la resolución del caso. 

Con el correr de las semanas, otros acontecimientos nefastos nos obligan a encender una luz de alarma: en Formosa fuerzas represivas que responden al gobernador Gildo Insfrán mataron a dos personas del pueblo toba que reclamaban por sus tierras usurpadas. Pocos días después, en el barrio de Soldati de la ciudad de Buenos Aires las fuerzas combinadas de la Policía Metropolitanta y la Policía Federal comandaron un violento desalojo de casas ocupadas con el terrible saldo de otras dos muertes. Al cierre de esta edición (N. del editor: primeros días de diciembre pasado), ninguno de estos asesinatos está judicialmente resuelto; mucho menos ha habido claros gestos del gobierno para diferenciarse de los aliados involucrados en estos casos. 

¿Cuál será el signo de esta nueva etapa política que empezó con la muerte de Kirchner? ¿Se concretarán las esperanzas que una nueva generación de militantes estimulan? ¿Volverá a instalarse el desprecio por la vida humana que caracterizó a un período demasiado largo de la historia argentina? El final, suele suceder, está abierto.

Hasta aquí el texto escrito en diciembre.

Feliz cumpleaños 61º, Néstor.

jueves, 24 de febrero de 2011

La calma

La canción del verano 23


La calma, verdadera sabia
me cura de mis amarguras
me salva de mis pensamientos
la calma.

La calma enciende ideas
segura, sin tanta premura
a veces la busco en figuras
de buda.

La calma, profunda
elude que mi alma se hunda
la calma es el poder que domina
toda impaciencia.

¿Será la primera vez
que el cielo se enciende
y me hace feliz?
¿será la primavera que llega
y no puedo dejar de reir?

Un ángel me guía
si el diablo sigiloso me espía
la calma es el poder que domina
el apresuramiento.

¿Será la primera vez
que el cielo se enciende
y me hace feliz?
¿Será la primavera que llega
y no puedo dejar de reir?
No quiero dejar de reir
no voy a dejar...
oh oh...

La guerra de un solo hombre

Rompecabezas Wittgenstein 3
(viene del capítulo anterior)

por oac

Durante sus años de guerra Wittgenstein llevó un diario, escrito en cuadernos escolares, con un llamativa distribución: en las hojas del lado derecho escribía sus áridas reflexiones sobre la lógica proposicional; del lado izquierdo, y en una clave secreta, dejaba testimonio de su tormento personal. Creo que nunca se ha expresado de manera tan patente la íntima fisura y la oculta tensión que existen entre la verdad científica y la angustia existencial. Los lectores de Wittgenstein, sus equívocos discípulos, sus herederos intelectuales, no han cesado de ahondar la disociación.

15 de agosto de 1914
Hoja izquierda:
Son tantas las cosas que ocurren que un solo día me parece tan largo como una semana. Ayer me destinaron a prestar servicio en el reflector de un barco que hemos requisado y que patrullará por el Vístula. ¡La tripulación es una banda de cerdos! ¡De entusiasmo, nada! ¡Son increíbles su grosería, su estupidez y su maldad! No es cierto que la gran causa común ennoblezca necesariamente a las personas. Esto hace también que las tareas más desagradables se conviertan en una labor de esclavos. Resulta notable ver cómo son las propias personas las que hacen de sus tareas un tormento aborrecible. A pesar de las circunstancias externas, las tareas en nuestro barco podrían procurarnos un período magnífico, feliz... ¡y en cambio! Sin duda resultará imposile entenderse aquí con la gente. Por tanto, hay que ejecutar las tareas con humildad y, por amor a Dios, ¡no perderse a sí mismo! Pues cuando uno quiere darse a los demás es cuando más fácilmente se pierde a sí mismo.

5 de septiembre de 1914
Hoja izquierda:
Me encuentro en camino hacia un gran descubrimiento. ¿Pero llegaré a él? Noto mi sensualidad más que antes. Hoy he vuelto a masturbarme. Afuera hace un tiempo gélido y tormentoso.

19 de septiembre de 1914
Hoja derecha:
Una proposición como “este sillón es marrón” parece decir algo enormemente complicado, dado que si quisiéramos expresar esta proposición de modo tal que nadie pudiera hacernos objeciones acerca de su ambigüedad, tendría que resultar infinitamente larga.

7 de octubre de 1914
Hoja izquierda:
Siento un frío helado que me viene de dentro. ¡Si al menos pudiera dormir lo suficiente otra vez antes de que comience la cosa! Trabajé poco. Aún no acierto a cumplir con mi deber simplemente porque es mi deber, ni a reservar todo mi ser para la vida del espíritu. Puedo morir dentro de una hora o dentro de dos. Puedo morir dentro de un mes o dentro de algunos años. No puedo saberlo y nada puedo hacer ni a favor ni en contra: así es esta vida. ¿Cómo he de vivir para salir airoso a cada instante? Vivir en lo bueno y en lo bello hasta que la vida se acabe.

15 de octubre de 1914
Hoja derecha:
En la proposición componemos, por así decirlo, experimentalmente las cosas, tal como estas no necesitan componerse en la realidad. No podemos componer, sin embargo, algo ilógico, porque para eso tendríamos que salirnos en el lenguaje fuera de la lógica. (...). De existir proposiciones totalmente generales, ¿qué componemos experimentalmente con ellas? Cuando se tiene miedo a la verdad, como me ocurre a mí ahora, no se presiente la entera verdad. He considerado aquí las relaciones entre los elementos proposicionales y sus referencias, como si fueran tentáculos, por decirlo así, por medio de los cuales la proposición entra en contacto con el mundo exterior; por eso, la generalización de una proposición equivaldría a la contradicción de los tentáculos; hasta que al fin la proposición general estaría totalmente aislada. Pero, ¿es válida esta figura?

11 de noviembre de 1914
Hoja izquierda:
Hemos oído el estampido de los cañones desde las fortificaciones. He enviado una carta a David. ¡Cuánto pienso en él! ¿Pensará él en mí, por lo menos la mitad?

Hoja derecha:
¿Acaso no corresponde mi estudio del lenguaje al estudio de los procesos mentales que los filósofos consideraron siempre tan esenciales para la filosofía de la lógica? Lo que ocurre es que siempre se perdieron en disquisiciones psicológicas inesenciales, e igual peligro se corre con mi método.

21 de noviembre de 1914
Hoja izquierda:
Incesante cañoneo. Mucho frío. Explosiones casi ininterrumpidas desde las fortificaciones. Trabajé bastante. Pero soy incapaz de pronunciar la única palabra redentora. Doy vueltas a su alrededor, muy cerca, pero aún no he podido agarrarla. Sigo preocupado por mi futuro, porque no reposo del todo en mí.

Hoja derecha:
En este punto intento expresar otra vez lo que no resulta expresable.

25 de mayo de 1915
Hoja derecha:
¿Se nos aparece en el campo visual algo mínimo visible como indivisible? Lo que tiene extensión es divisible. ¿Hay en nuestro campo visual partes carentes de extensión? ¿Las estrellas fijas, por ejemplo?
El impulso hacia lo místico viene de la insatisfacción de nuestros deseos por medio de la ciencia. Sentimos que incluso una vez resueltos todos los posibles problemas científicos, nuestro problema ni siquiera habría sido aún rozado. Ninguna otra cuestión quedaría ya en pie, olbviamente, y esa sería la respuesta.

***
Austria terminó siendo derrotada en 1918. Wittgenstein fue hecho prisionero por las tropas italianas. Estuvo cautivo diez meses en Montecasino. Quienes administraron su herencia filosófica publicaron póstumamente en 1960 las hojas del lado derecho, con el título Diario filosófico (1914-1916) e hicieron desaparecer durante décadas toda referencia al lado izquierdo: "Del contendido de los diarios hemos dejado afuera muy poca cosa. Las omisiones afectan casi solo a los esbozos de simbolismos que no pudimos interpretar o que por otros motivos carecen de interés" escribieron los editores en la introducción al Diario filosófico. Recién en 1985 fueron publicadas bajo el título Diarios secretos las páginas izquierdas del diario de guerra de Ludwig.

(continuará)

miércoles, 23 de febrero de 2011

Para que haya más Pedrazas presos tenía que haber un primer Pedraza preso


por oac

Para que haya un segundo tenía que haber un primero.

Y, para juzgar a un burócrata sindical, éste tiene que cometer un delito, igual que para juzgar a cualquier otra persona. No existe el delito de traición o de burócrata.Tiene que ser un delito tipificado por el código penal.

Por otro lado, hay otro nivel que no es el jurídico sino el político. Ahí es donde los que se llenan la boca indicando lo que hay que hacer deberían ponerse a pensar cómo reunir una masa crítica de poder para no seguir indicando lo que hay que hacer sino para estar en condiciones de hacerlo. No indicar que hay que sacar a la burocracia sindical sino lograr que los trabajadores deseen desembarazarse de esta burocracia.

Una hipótesis a considerar es que la clase obrera no es estúpida y que si hasta ahora no termina de deshacerse de la burocracia es porque evalúa que los que proponen terminar con la burocracia sindical son peores para los intereses de los trabajadores que la propia burocracia sindical. Peores por ineptos, por dogmáticos o porque simplemente no tienen en marcha un proyecto de poder.

En resumen, supongo que en este momento para los intereses de los trabajadores es preferible que haya esta CGT y esta CTA, con todas sus deficiencias e incluso con sus traidores, que es preferible eso que quedar a merced de minorías delirantes, ineptas u oportunistas como el trosquismo o el proyecto surf.

Creo que Pedraza está preso porque se cumple una condición política que lo hace factible: el kirchnerismo conduce políticamente este período.

Sostengo que para que haya un primer preso, y un segundo y un tercero es necesario apoyar a Cristina y no evadirse en salidas imaginarias como el delirio trosquista o el oportunismo surfiano.

Dos potencias se saludan

Rompecabezas Wittgenstein 2

(viene del post anterior)

por oac

El encuentro de Russell y Wittgenstein en Cambridge resultó decisivo para los dos. En 1911 Russell era, a sus 40 años, una autoridad académica cuyas tesis sobre filosofía de las matemáticas eran estudiadas en todo el mundo; estaba trabajando para concretar el objetivo de máxima de la metafísica occidental: demostrar que la realidad es enteramente representable por el lenguaje proposicional de sujeto y predicado; es decir: por la ciencia. (Una metafísica, digamos, que ni siquiera se reconoce como tal). Wittgenstein era un estudiante de 22 años inadaptado, de vocación no del todo definida y con serios problemas anímicos. Así lo vio Russell en sus primeros encuentros:

"Mi amigo alemán amenaza ser un suplicio. Después de mi clase me acompañó a mi casa y estuvo discutiendo conmigo hasta la hora de la cena; lo hacía de un modo testarudo y extravagante, aunque me parece que no es nada estúpido".

Wittgenstein tenía que tomar una decisión: o dedicar su vida a la aeronáutica o dedicarla a la filosofía. Le fue a preguntar a Russell si veía en él algún talento filosófico, porque si así no fuera estaba dispuesto a abandonar para siempre esa disciplina. Russell le dijo que no estaba seguro de sus reales aptitudes pero, después de leer un ensayo que Wittgenstein le acercó, se convenció de su genio y lo alentó a seguir. En sus memorias, Russell lo recuerda así:

"Fue el ejemplo más perfecto de genio que encontré en mi vida: apasionado, profundo, intenso y dominante... Cada medianoche me visitaba y durante tres horas, sumido en un nervioso silencio, se movía de un lado para otro como un animal salvaje. Una vez le pregunté: '¿Usted está pensando sobre lògica o sobre sus pecados?'. 'Sobre las dos cosas' me contestó y siguió moviéndose por la habitación. Yo no quería mencionarle que ya iba siendo hora de acostarse, porque temía que se fuera a suicidar si lo hacía ir'".


La relación entre maestro y discípulo se fue invirtiendo con el correr del tiempo. Wittgenstein se tomaba las tesis del atomismo lógico como una cuestión personal, con su incapacidad tan característica para ponerle límites a su obsesión, que lo obligaba a perseguir una idea hasta extraer las últimas consecuencias y descubrir los puntos débiles de cualquier argumentación. Ludwig concordaba, en principio, con el programa científico de Russell, pero encontraba serios inconvenientes en el concepto de representación; esto es: en la capacidad del lenguaje para hacer referencia a los hechos. ¿Cómo es posible que haya una concordancia entre una proposición simple y un hecho? ¿Hay en nuestra experiencia 'hechos simples'? Las proposiciones negativas, como por ejemplo "vos no estás aquí", ¿se refieren a hechos negativos? ¿a "no hechos"? ¿Tiene algún sentido hablar de un hecho negativo - un "no estás"-? ¿o los hechos son simplemente lo que son? ¿Cuál es el sentido entonces de una proposición negativa? ¿Y qué pasa con una proposición general, como por ejemplo "todos los metales se dilatan con el calor"? ¿Se refiere, en razón de la infinitud de hechos a los que alude, a algo real, a una infinitud real de hechos? ¿O es sólo una manera de hablar?

Los cuestionamientos a Russell se fueron haciendo cada vez más duros, hasta bordear la violencia. Ludwig le dijo que estaba totalmente equivocado, que él ya había ensayado recorrer ese camino hasta convencerse de que no conducía a ninguna parte. Las críticas hicieron tambalear a Russell. Años después, el filósofo inlgés reconocería que el encuentro con Wittgenstein fue "un acomntecimiento importantísimo en mi vida, que afectó todo lo que he hecho desde entonces. Vi que él tenía razón y que yo no podría hacer ya ninguna tarea fundamental en la filosofía". De hecho, Russell no produjo ya grandes novedades en su pensamiento filosófico después de cruzarse con Wittgenstein y, a pesar de que vivió hasta los 98 años, sus intereses se fueron desplazando cada vez más hacia la causa pacifista, los derechos humanos y el feminismo.

La distancia entre ambos aumentó hacia 1914, no sólo por razones filosóficas: sus actitudes de vida eran totalmente opuestas. Russell era un librepensador, un antirreligioso que se burlaba de los escrúpulos de Wittgenstein sobre el pecado y de su misticismo; el inglés tenía todo el sentido del humor y la sociabilidad que le faltaban al austríaco. Solo el brillo intelectual de Wittgenstein y el respeto y la paciencia que Russell le llegó a profesar le permitían disculparlo por los continuos desplantes que su discípulo tenía contra las normas académicas y las convenciones sociales.

Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, Russell pudo profundizar su militancia pacifista, precisamente en el momento en que Wittgenstein decidió enrolarse como voluntario en el ejército austríaco. Esa era su oportunidad para romper con la comodidad y el vacío de la vida burguesa que tanto despreciaba. Creyó encontrar en la guerra un remedio extremo, el sentido fuerte del que su existencia hasta ese momento carecía.

(continuará)

martes, 22 de febrero de 2011

Por el asesinato de Mariano Ferreyra detuvieron a José Pedraza

Las pruebas para detener a Pedraza acá.

Aeronáutica y desesperación

Rompecabezas Wittgenstein 1 *


por oac

Todo lo que puede decirse, puede decirse claramente; y de lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio. Resulta gracioso, pero estas frases están escritas en el Tractatus Logico-philosophicus, un libro oscuro y desconcertante, fuente del más sorprendente equívoco de la filosofía del siglo XX: los positivistas lo erigieron como una especie de libro sagrado, sin haberlo comprendido, precisamente por no haberlo comprendido. Su autor, Ludwig Wittgenstein -que pudo haberse dedicado a la ingeniería aeronáutica o haberse suicidado a los 20 años, pero no- persiste como enigma, a pesar suyo. Lo que nos da que pensar es su silencio.

Pudo haberse suicidado como lo hicieron tres de sus nueve hermanos. Hijo menor de una familia de la alta burguesía austríaca de origen judío, Wittgenstein nació en Viena el 26 de abril de 1889, bajo el signo de Tauro. Su padre era un capitán de la industria metalúrgica que destinaba una parte de su fortuna al mecenazgo de artistas como el pintor Gustav Klimt, el escultor Auguste Rodin o el músico Gustav Mahler, pero no se tomaba en serio ninguna profesión más que la de ingeniero y, sobre todo, le disgustaba que sus hijos tuvieran inclinaciones artísticas, como las que manifestaron Hans y Rudolf, quienes, para colmo, eran homosexuales declarados. Los hermanos mayores de Ludwig no habrán sido capaces de soportar las exigencias paternas, porque lo cierto es que se suicidaron poco después de cumplir los 20 años. Ludwig estudió ingeniería aeronáutica y estuvo varias veces al borde del suicidio, tal vez atormentado por la culpa que le producía su a duras penas velada homosexualidad, o quizás por su desbocada sed de Dios. El ánimo de Wittgenstein siempre penduló entre la ciega desesperación y la experiencia de un amparo invulnerable. Para esta guerra no tuvo palabras.

Como técnico, pronto se destacó en el diseño de una hélice de propulsión por reacción. El tema lo obsesionaba y, sin que se lo propusiera, desde las cuestiones físicas fue deslizándose hacia los fundamentos de las matemáticas, y de ahí hacia la filosofía. En 1908 llegó a sus manos un libro de Bertrand Russell, Los principios de las matemáticas. Wittgenstein decidió escribirle una carta a su autor.

El novio del átomo

El techo es blanco, la cama es de madera, las sábanas son azules y esta mano tiene cinco dedos. Y así sucesivamente. La realidad es una colección de hechos simples que son descriptibles por medio de proposiciones igualmente simples. A cada hecho le corresponde una proposición. "El techo es blanco" es una proposición verdadera si y sólo si el techo es blanco. El lenguaje es una figura de la realidad. La realidad y el lenguaje tienen la misma forma. Ambos pueden descomponerse hasta llegar a sus elementos simples -o atómicos- que los componen. El todo es la suma de las partes (la cama es de madera, las sábanas son azules, etc.). La realidad no es ambigua ni contradictoria, nuestra forma de hablar de ella puede a veces serlo. Pero para solucionar eso (para curar esa enfermedad del habla) está la filosofía. Ella tiene que determinar con claridad la forma lógica del lenguaje, para erradicar las contradicciones. Tiene que purgar las ambigüedades y las vaguedades en el uso de los términos, para figurar los hechos con precisión. Tiene que mostrar que la mayoría de los problemas planteados por la filosofía tradicional son pseudo-problemas originados por un mal uso del lenguaje. Si la filosofía logra esto -y está en vías de lograrlo- , entonces el lenguaje y el pensamiento humanos conquistarán la precisión del cálculo matemático (esta mano tiene cinco dedos, etc.). El resto es silencio.

El párrafo anterior describe el programa del atomismo lógico, el proyecto filosófico puesto en marcha por el filósofo inglés Bertrand Russell hace ya más de un siglo y continuado por el Círculo de Viena en los años 20 del siglo pasado. Aún hoy es el pensamiento dominante de los departamentos de filosofía de aquí, allá y de todas partes. En realidad estas tesis pasan en limpio el craso sentido común, al que tratan de formalizar. La filosofía clara de una época oscura. Es más fácil resumir este programa en 15 renglones que llevarlo acabo en sus articulaciones y detalles. A Russell y acólitos les llevó décadas el intento y en el camino se encontraron con paradojas aún no resueltas, tal vez insalvables. ¿Falta mucho para llegar a las verdades simples y precisas (el techo es blanco, las sábanas son azules, etc.)? El desafío fue una tentación que Wittgenstein no pudo o no quiso evitar. En 1908 encontraba un fundamento sólido para seguir viviendo o se mataba.

(continuará)


Bonus track: Yo ya tengo quien me plagie


* El texto que antecede (y que continuaré publicando en próximas entregas) fue editado en el número 2 de la revista PARTE DE GUERRA (noviembre de 1997), que yo codirigía por entonces, junto con el psicoanalista Héctor Fenoglio. En el día de ayer se me ocurrió reeditarlo en este blog. Cuando estaba buscando a través de Google imágenes para ilustrarlo, me encontré con una sorpresa mayúscula: en el blog de una tal  Rosa Aksenchuk, (quien se presenta de la siguiente manera: "Lic. en Psicología. Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Su actividad se circunscribe a la Clínica con orientación psicoanalítica. Actualmente brinda atención a adultos y adolescentes. Desde el 2006 dirige Psikeba, Revista de psicoanálisis y estudios culturales") se plagia mi texto, incluso su título, sin citarme para nada. La licenciada Aksenchuk me copia descaradamente, intercalando de vez en cuando algunas pocas frases de otra cosecha. La fecha del post de Aksenchuk es el miércoles 8 de julio de 2009, 12 años después de que yo lo publicara en mi revista. Desconozco si el resto de los textos que doña Rosa se atribuye en su blog los afanó de otro lado.

Sabía que los estudiantes secundarios suelen presentar, como trabajos prácticos de las materias que cursan, monografías que copian de internet. No sabía que licenciadas en Psicología de la UBA, que brindan atención a adultos y adolescentes y dirigen revistas de psicoanálisis y estudios culturales, incurren en semejantes latrocinios. El subtítulo del blog de Rosa reza "Intertextualidades", lo cual puede intepretarse como una velada confesión del plagio. Desconozco si, además de haber plagiado mi texto en su blog, la señora Aksenchuk se lo atribuyó también en alguna publicación impresa. Curiosamente, la cabecera del blog lleva un epígrafe: "Es mientras escribo que encuentro", cita de un tal JL (¿Jacques Lacan?). Rosa, parece que primero encuentra y después lo escribe.

La plagiaria, Rosa Aksenchuk


Me gustaría conocer a algún paciente o a algún alumno de la licenciada Rosa.

lunes, 21 de febrero de 2011

El secreto de tu corazón

Corriente alterna (canción del verano 22)



No sé por qué te fuiste ni por qué después
al poco tiempo te dio por volver
no sé por qué, no sé por qué
tomaste aquella triste decisión
de abandonarme y cuál fue la razón
de tu regreso y qué pasó
que al otro dia te volviste a ir
no me diste ni tiempo de decirte
preguntarte si esa vez
regresarías como la anterior
ni si te ibas en busca de amor
y si fue así supongo que
no lo encontraste y fue por eso que
volviste pero cuando te apreté
y te pregunté qué plan tenés
me contestaste muy así nomás
con evasivas y casi te vas
pero esa vez no te dejé
porque de un brazo fuerte te agarré
pero fue inútil porque cuando me acosté
sentí la puerta y eras vos
que te pirabas sin decir adiós
capaz que fue mejor para los dos
pero muy malo para mí
por eso me alegré cuando te vi
que regresabas pero no entendí
por qué enseguida me decís
que tu intención sigue siendo partir
y sin demora pasás a cumplir
tu anuncio y me dejas ahí
sin esperanza con respecto a ti
pero con la sorpresa de que así
como te vi partir también
te vi volver y te escuché muy bien
decir que nunca me ibas a dejar
para después saber faltar
a tu palabra porque sin piedad
te fuiste a algun rincón de la ciudad
que al parecer no te gustó
porque, si no, no entiendo qué te dio
por dar la vuelta y pedirme perdón
pero enseguida, ¡maldición!
me abandonaste y desde aquella vez
te fuiste y regresaste mas de diez
o veinte veces, es que ya
perdí la cuenta y la velocidad
de tu continuo ir y venir se va
volviendo cada vez mayor
ni bien te fuiste por el ascensor
la puerta se abre y estás otra vez
ahí no sé si es que volvés
ya es imposible adivinar qué hacés
si te estás yendo o a la misma vez
estás viniendo o ya no estás
acá ni allá, como venís te vas
tu cara ya no se distingue más
apenas en el corredor
se ve una larga franja del color
de tu vestido, sos como un ciclón
un huracan sin dirección
un haz de luz cada vez más veloz
ya nadie puede verte, ya no sos
más que una tenue sensación
una sutil fugaz coloración
en las baldosas de ese corredor
y la portera ya subió
trayendo el balde con el secador
le digo: doña deje por favor
y me contesta: no señor
el corredor lo tengo que limpiar
y yo le explico que te va a borrar
si pasa el trapo por ahí
pero ella cree que me enloquecí
no sabe nada de lo que yo vi
y un golpe de agua con jabón
te lleva entera junto a la ilusión
de averiguar un día en qué vagón
viaja el secreto de tu corazón.

sábado, 19 de febrero de 2011

La verdad del cinismo

Antojo Foucault 2

Édouard Manet

"Está la idea de que el propio arte, trátese de la literatura, la pintura o la música, debe establecer con lo real una relación que ya no es del orden de la ornamentación, de la imitación, sino del orden de la puesta al desnudo, del desenmascaramiento, la depuración, la excavación, la reducción violenta a lo elemental de la existencia. Esta práctica del arte como puesta al desnudo y reducción a lo elemental de la existencia es algo que se marca de manera cada vez más patente a partir, sin duda, del siglo XIX. El arte (Baudelaire, Flaubert, Manet) se constituye como lugar de irrupción de lo sumergido, del abajo, aquello que, en una cultura, no tiene derecho o, al menos, posibilidad de expresión. Y en esa medida, hay un antiplatonismo del arte moderno. Si han visto este invierno la exposición de Manet, la cosa salta a la vista: hay un antiplatonismo del arte moderno que fue el gran escándalo de Manet y que, creo, sin ser la caracterización de todo arte posible en la actualidad, representó una tendencia profunda que encontramos de Manet a Francis Bacon, de Baudelaire a Samuel Beckett o Burroughs. Antiplatonismo: el arte como lugar de irrupción de lo elemental, puesta al desnudo de la existencia.

"Y por eso mismo el arte establece con la cultura, las normas sociales, los valores y los cánones estéticos, una relación polémica de reducción, rechazo y agresión. Esto es lo que hace el arte moderno desde el siglo XIX, un movimiento por el cual, de manera incesante, cada regla postulada, deducida, inducida, inferida a partir de cada uno de los actos precedentes, resulta rechazada y negada por el acto siguiente. En toda forma de arte hay una suerte de cinismo permanente respecto a cualquier arte adquirido. Es lo que podríamos llamar el caracter antiaristotélico del arte moderno.

"El arte moderno, antiplatónico y antiaristotélico: reducción, puesta al desnudo de lo elemental de la existencia; negativa, rechazo perpetuo de toda forma ya adquirida. En estos dos aspectos, el arte moderno tiene una función que cabría de calificar de esencialmente anticultural. Hay que oponer, al consenso de la cultura, el coraje del arte en su verdad bárbara. Y si no es sólo en el arte, es sobre todo en él donde se concentran, en el mundo modreno, en nuestro mundo, las formas más intensas de un decir veraz que tiene el coraje de correr el riesgo de ofender. Podríamos hacer con respecto al arte moderno una historia del cinismo como modo de vida ligado a una manifestación de la verdad, como puede hacerse con respecto a los movimientos revolucionarios o con respecto a la espiritualidad cristiana".

Michel Foucault, El coraje de la verdad


En las conversaciones cotidianas usamos la palabra cinismo para calificar despectivamente la actitud del que descree de la sinceridad, el que ridiculiza y se burla de la confianza en las personas. Tildamos de cínico al que parece estar de vuelta de todo, al canchero que siempre descree con un gesto socarrón. Es una curiosa mutación semántica. El cinismo ha sido una posición filosófica nacida en la antigüedad griega, caracterizada por un apego extremo a la verdad, pero por sobre todo, por vivir en consecuencia con una verdad practicada antes que dicha. Los cínicos como Diógenes eran personajes excéntricos por el coraje con que sostenían su pensamiento, en abierto desafío a su comunidad, razón por la cual se exponían al rechazo de todos. Por eso, no es raro que el último libro de Foucault, titulado El coraje de la verdad, dedique su segunda mitad a analizar el cinismo como el arte de vivir verdaderamente, actitud existencial nacida hace muchos siglos pero que, según Foucault, atraviesa toda la historia de Occidente, hasta la actualidad.

"Hay que oponer, al consenso de la cultura, el coraje del arte en su verdad bárbara" condensa Foucault en una frase cortante el escándalo del arte moderno. Ni bien leí esta hermosa frase me vino a la cabeza una que se repite obstinadamente Jean-Luc Godard en sus Histoire(s) du cinéma. Godard, nuestro cínico.

Mañana a la medianoche, Antojo, en FM La Tribu. Y más tarde, a la 1:00 am del lunes, seguimos buscando la canción del verano.

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Buscando la canción del verano 21
Es como si estuviera cayéndome de la cama
de un sueño largo y fatigoso
las más dulces flores
y frutos cuelgan de los árboles
caído del pájaro gigante que me estaba llevando
es como si estuviera cayéndome de la cama
de un sueño largo y fatigoso
tal cual lo recuerdo
cada raíz
cada gesto.

Soy un corazón
en esta tierra fría
cayéndome de la cama
de un sueño largo y fatigoso
al fin me he liberado
de todo el peso que estuve llevando

Cada mujer corrió su velo
en el ojo del que observa
ahora soy un pez fuera del agua
caído del pájaro gigante que me estaba llevando.

Yo me abrí
estaba tirado
y el grifo cerrado
yo era sólo un número
quiero volcarlo
y volver abajo.

Y si piensas que esto terminó
entonces te equivocas
y si piensas que esto terminó
entonces te equivocas
y si piensas que esto terminó
entonces te equivocas
(despiértame, despiértame).

Es como si estuviera cayéndome de la cama
de un sueño largo y fatigoso.

Cuando te pida otra vez
Cuando te pida otra vez
despiértame, ah...
despiértame, ah...
despiértame, ah...
Despiértame, ah...

viernes, 18 de febrero de 2011

Llorar como hombre lo que se perdió como mujer

(Morir como un hombre)

por oac

Dos películas en los últimos meses me dejaron arrobado, sin palabras durante un largo rato, como para testimoniar la soberanía propia de la experiencia cinematográfica, es decir: su resistencia a ser rápidamente hablada. Películas muy diferentes pero similares en su capacidad de fascinación y en su reto a esa manía que consiste en reducir prontamente toda experiencia a palabras. Me refiero a Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Apichatpong Weerasethakull) y Morrer como um homem (João Pedro Rodrigues). Y la paradoja con la que ahora me topo es la de escribir sobre una de ellas, Morrer..., justamente ensalzando su tenaz resistencia a ser hablada.

Sobre la otra, Uncle Boonmee..., escribía ayer en respuesta al comentario de un lector: Para mí es el tipo de películas que signan el segundo siglo del cine, junto con Autohystoria o Morrer como um homem. Películas que dan la sensación de que no sabemos qué es el cine, ni nunca lo sabremos. Que impiden ir a refugiarse en certezas o en códigos genéricos. Si uno quiere olvidarse un rato de lo que sabe y dedicarse a ver y a oir, ahí está Apichatpong esperando. Y ahora voy a intentar incluir en esta caracterización a Morrer... (Atención: de ahora en más revelo algunos detalles importantes de la narración, para los que prefieran no saberlos de antemano recomiendo dejar de leer acá y tratar de ver esta, una de las grandes películas de los últimos años)


Digo: películas que impiden refugiarse en certezas o en códigos genéricos. Y esto no significa que ellas prescindan sin más de los géneros, porque en verdad se insertan en una corriente previa de mitos y géneros narrativos, incluso arcaicos. Lo que afirmo es que lo hacen de un modo que deja en suspenso las certezas. Y que le reintegran a la experiencia artística su distancia del saber. El cine, el arte, no son formas del saber: quien va en ellos a encontrar lo que sabe o a enterarse de lo que no sabe queda indefectiblemente descolocado. Y esto se opone a una actitud hoy en día común, la de los inspectores de género, espectadores y críticos que acuden a ver películas que reafirmen lo que ellos esperan. Ni siquiera esta actitud es exclusiva del cine: "me gusta la comedia", "soy John Ford y hago westerns", "eso no es tango", "una película tiene que contar una historia", "el cine tiene ante todo el deber de divertir", "el punk-rock dura dos minutos y medio"... dichos que parecen postular la pre-existencia de una Idea que de tanto en tanto se encarna en ejemplos particulares del Universal. Un saber relativamente sencillo, y el reconocimiento habitual de que todo está en orden, lo cual nos deja tranquilos.

Morrer como um homem descoloca en virtud de la dificultad de reconocer rápidamente su tonalidad (¿es un film triste? ¿es cómico? ¿es irónico? ¿debo llorar? ¿debo reir?) y desde la discrepancia que entabla con cualquier encuadre genérico. Porque lo primero que a uno se le ocurre es la palabra melodrama, ante la historia de este hombre que vive como mujer y muere como nació. Porque el (la) protagonista, Tonia, sufre por amor y padece el dolor de su condición, porque espera un reconocimiento que su entorno le niega, es maltratado(a), seducido(a), despreciado(a), y en todo momento sostiene su integridad: todo lo cual lo(a) hace pasto de melodrama. Y, además, es lo suficientemente melo como para construir sus núcleos dramáticos alrededor de un puñado de bellísimas canciones.


Pero esta vacilación para hablar del(a) protagonista en masculino y/o femenino replica de manera precisa su problemática condición de cine de género. La película comienza con un primerísimo plano de un carapintada, es decir, un soldado que está pintándose la cara con camouflage, y lo hace con fruición femenina. Acto seguido parece que asistimos a un film de guerra, un pelotón de soldados se desplaza en silencio en medio de las sombras de una noche cerrada (¿o acaso estamos ante una secuela del surrealismo tardío de Buñuel?). Pero, de pronto, dos de ellos se apartan del resto y se ponen... a garchar. Luego ellos mismos atraviesan un jardín y se acercan a espiar la ventana de una casa en la que dos hombres trasvestidos están cantando una canción. Uno de los soldados (que acaban de garchar, les recuerdo) le dice al otro: "estos son dos maricas, como tu padre"; a lo que el otro soldado responde: "mi padre murió". Y mata de un disparo a su camarada de armas y ocasional amante. Este es sólo el prólogo de la película. Después viene el título: "Morrer como um homem" e inmediatamente asistimos a una didáctica exposición acerca de una operación de cambio de sexo, en el que los sucesivos pasos de la transformación de un pene en vagina son ilustrados mediante los pliegues de una servilleta de papel (menos mal, por suerte Rodrigues no profesa la brutalidad sádica de Gaspar Noé o Lars von Trier).


Y no sigo: sólo han pasado unos ocho minutos de película, pero la marcha ya ha sido lo suficientemente abrupta como para obligarnos a replantear varias veces el carácter de lo que estamos viendo. ¿Película hombre? ¿Película mujer? ¿soldados? ¿maricas? ¿melodrama? ¿parodia? Morrer como um homem guarda una homofonía con su protagonista, un(a) travesti mofletudo(a), ya un poco entrado(a) en años y entrado(a) en carnes, que evoca la imposibilidad de la reposición de una belleza perdida. Tonia forma una pareja despareja con un muchachito que podría ser su hijo; y también está el hijo de Tonia (el soldado que dice que su padre ha muerto). Y son estos dos muchachos (que funcionan como sendas facetas de una única persona dramática) los que portan la belleza que el melodrama tradicional reclama.

Lo que caracteriza a este cine incierto son los escollos permanentes que nos presenta para impedir fijarles un sentido (es decir: un significado, pero también una dirección). Y el asombro es que esta falta de fluidez, este devenir abrupto y sinuoso no impiden la emoción más genuina, la menos irónica que se pueda esperar, sino que por el contrario la propician. Hasta se podría arriesgar una hipótesis: un melodrama hecho y derecho ya no podría emocionarnos, sino tan solo evocar el recuerdo irónico de una emoción pretérita, mientras que un film renuente a entregar sus claves (como una partitura sembrada de notas alteradas) nos invita a abandonar nuestro saber y a entregarnos a esa especie de extrañeza que deben haber sentido los que vieron aquellos primeros melodramas en los que el género no estaba lo suficientemente codificado.


Extraña y hermosa: estoy diciendo que Morrer como um homem es una de las mejores películas posibles, la que no habría que perderse por nada del mundo. (Y va a durar poco tiempo más en cartel).

jueves, 17 de febrero de 2011

Visuales XVI

Paisaje con pájaros amarillos (Paul Klee, 1923)


por Liliana Piñeiro

No hay gravedad, ni leyes de la naturaleza que ordenen la mirada. Hay hojas blancas, celestes y violetas que brotan sin ramas, entre los verdes troncos deshilachados. Flamean orgullosas hacia una extraña simetría.
Ni arriba, ni abajo. Olvidada, la luna ha quedado tiesa en el centro del paisaje, mirando su sombra coloreada al costado del cuadro.

Cuando el horizonte se extravía en lo oscuro, los pájaros amarillos posándose distraídos, entre dos nubes, cabeza abajo, rinden tributo a la libertad.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El corazón ardiendo, aún anhelante

Verano 20

Mientras paseaba esta noche por el jardín místico
las flores marchitas colgaban de la parra
pasaba junto a aquella tranquila fuente cristalina
alguien me golpeó por detrás.

No hablo, solo camino
por este mundo cansado y afligido
el corazón ardiendo, aún anhelante
nunca nadie en esta tierra lo sabrá.

Dicen que la oración tiene el poder de sanar,
así que reza por mí, madre
en el corazón humano habita un espíritu vil
intento amar a mi prójimo
y hacer el bien a los demás
pero, oh madre, las cosas no marchan bien.

No hablo, solo camino
voy a quemar ese puente antes de que lo puedas cruzar
el corazón ardiendo, aún anhelante
no habrá piedad para ti una vez que te pierdas.

Ahora, de llorar, estoy hecho polvo
mis ojos están llenos de lágrimas
mis labios secos
si encuentro a mis rivales durmiendo
los sacrificaré ahí mismo.

No hablo, solo camino
por el mundo misterioso e incierto
el corazón ardiendo, aún anhelante
caminando por las ciudades de la peste.

Bien, el mundo entero está lleno de especulación
todo este ancho mundo que la gente dice que es redondo
te volverán loco alejándote de la contemplación
saltarán sobre tu desgracia cuando caigas en ella.

No hablo, solo camino
comiendo grasa de cerdo en una ciudad de cerdos
el corazón ardiendo, aún anhelante
algún día te alegrarás de tenerme cerca.

Te abrumarán con riqueza y poder
en cualquier momento podrías sucumbir
trabajaría la mayor parte de mi última hora extra
vengaría la muerte de mi padre cuando volviera.

No hablo, solo camino
alcánzame mi bastón
el corazón ardiendo, aún anhelante
tengo que sacarte de mi miserable cerebro.

Todos mis leales y amados compañeros
me aprueban y comparten mi código
practico una fe que hace tiempo que fue abandonada
no hay altares en esta carretera larga y solitaria.

No hablo, solo camino
mi mula está enferma, mi caballo ciego
el corazón ardiendo, aún anhelante
pensando en la chica que dejé atrás.

Bien, brillan los cielos y las ruedas vuelan
la fama y el honor no parecen esfumarse
el fuego se apagó pero la luz permanece
¿quién dice que no puedo conseguir ayuda del cielo?

No hablo, solo camino
llevando la marca del hombre muerto
el corazón ardiendo, aún anhelante
caminando con un dolor de muelas en mi talón.

El sufrimiento no acaba
cada rincón y cada grieta tienen sus lágrimas
no juego, no finjo
no aliento temores superfluos.

No hablo, solo camino
sin parar desde la otra noche
el corazón ardiendo, aún anhelante
caminando hasta perderme de vista.

Mientras paseaba por el jardín místico
en un caluroso día de verano
sobre el caluroso césped de verano
el corazón ardiendo, aún anhelante
disculpe, señora, perdóneme
no hay nadie aquí, el jardinero se ha ido.

No hablo, solo camino
carretera arriba, al doblar la curva
el corazón ardiendo, aún anhelante
en el último campo en el fin del mundo.

martes, 15 de febrero de 2011

El discurso del rey



por Alan Dorfman

Vamos a aclarar los tantos: tiene 12 nominaciones a los supuestos premios más aclamados del mundo (!?). Ya no tengo idea de lo que esto significa. Todavía no sé si es prestigioso o un show. Seguramente opte por la segunda, un show, un gran show, y esto es lo que es esta película de Oscar, "el mejor premio del mundo...".

Igualmente, hay que aclarar que las actuaciones son buenas. Pero eso no salva ni mitad de película. La música es tan linda, pero tan tan tan forzada... que da lástima desperdiciarla. A las escenas épicas y de gloria se les suma esa música alucinantemente grande que denomina nada más que "show". Un grandísimo show del que no estoy dispuesto a participar, por más que haya pagado mi entrada. Tampoco voy a confundir: el film no es aburrido. Incluso no sé si hubiese dado para más. Pero lo que hubo, no alcanzó.

Convengamos una parodia: en la "preparatoria", todo muy yanqui, una chica extremadamente popular y "hermosa" se junta con un "nerd". Los junta una de esas casualidades incómodas, donde ninguno quiere estar con el otro pero... deben. Bien, convengamos también que para juntarse, cuando ya están "juntos", se tienen que separar, porque se dan cuenta de que en verdad, no son buenos amigos; son de mundos distintos, inconexos y de "realidades distintas". Tenemos que estar de acuerdo: para que se vuelvan a juntar tiene que existir una secuencia fabulosamente épica, dando cuenta de cómo ellos se necesitan y lo importantes que son el uno para el otro. Viendo cómo aprenden entre ellos, más allá de la raza, religión, color, clase social, etc. Cómo juegan, cómo se divierten, cómo sufren: nerviosos, por el qué dirán.

Y como sigue siendo una historia de Hollywood, se tienen que volver a pelear, para darle ese toque dramático; y volver, ya con plena confianza, para putear a todo el que los jode por ser dos personas distintas unidas (incluso a la iglesia, porque ya que está, se critica a algo que muy poco que ver con la película, pero que está ahí, de paso). Y así triunfar, triunfar por el mundo, y ser grandes amigos. Esa "parodia", es nada más ni nada menos que El discurso del rey. No será exactamente igual, pero el punto es el mismo.

Ahora, también, no me molesta que las cosas se puedan repetir. Pero esta vez no estuve dispuesto a verlo, por el hecho de forzar una imagen que no es. No es por el hecho de que esté todo tan armado, tan planeado, que el espectador pasa a segundo plano. Sentí que no pude pensar por mí mismo, y a mí no me sirve que alguien me de todas las pistas para descifrar un film que no vale la pena descifrar, porque no hay nada que descifrar. Entonces, ¿qué hay que ver? Solo que el momento "suspensivo" no tiene nada de suspensivo, porque el director me está clamando: "este es el momento suspensivo. Te aviso, por las dudas, viste cómo es el cine...".

Quedemos en un show, puro show, de la película más nominada al Oscar. Ya nada pero nada me extraña de todo esto. Si antes no estaba seguro, ahora lo estoy. Qué tristeza...

El "humanizar al rey" tampoco tiene mucho sentido. Él es una figura humana, como todos, pero es rey. Entonces el film quiso hacerlo más plebeyo. Bueno, más plebeyo de corazón, porque de guita se desenfunda, aunque nunca lleva nada en el bolsillo. Con las charlas y ejercicios que no funcionan para que el rey deje de tartamudear, debido a los discursos importantísimos que debe dar, se encuentra con un doctor que no es doctor, pero que ayuda a los tartamudos a salir adelante. Un "doctorado de experiencia" tiene ese personaje que interpreta Geoffrey Rush, y es simpático, al fin y al cabo. Esa juego tartamudo, esa humildad progresiva del rey, enfocada con... ¿primerísimos planos épicos de suspenso y continua gloria? Quiero decir, ¿no es un poco contradictorio querer humanizar al rey con planos cada vez más cerrados, encerrándose en la grandeza de si mismo? Sí, es una idea contradictoria que tira abajo todo el leit-motiv de una película; el único que podía hacerla vivir.

Todo esto por no nombrar ese juego con los nombres: desde "Su Alteza" hasta "Sr. Johnson", y cómo la monarquía llama de un modo al pueblo y de otro a la elite. Esto me hace acordar a Mulholland Drive, donde los nombres sí jugaban un punto muy importante. Pero acá... es solo ese juego simpático para el espectador, que nada enriquece a la historia monárquica. Porque seamos claros: la gracia de humanizar al rey puede llegar hasta un punto. Pero tirar toda una monarquía justamente "basada en hechos reales" (por aclaración o no del film) dentro de una historia totalmente verosímil, solo por el hecho de unos efectos cómicos y sentimentales para que la música salte y exalte en toda la sala y veamos un gran happy-ending... ¿no es un poco tonto?

Los archivos de Hitler me empezaron a interesar un poco. El personaje de Colin Firth empieza a hacer esos comentarios chaplinescos de El gran dictador, dándole a la voz el papel importante, más allá de un lenguaje incomprendido. Parece que se va a poner más picante, pero... viene la secuencia final, la que da título al film... y ya no sabe nada de lo que estaba diciendo. Alguien puede decir: ah, sí, y eso es porque te llevó a donde quería: la voz, y exclusivamente la voz, que casi no tartamudeó. Pero yo digo: no, es que la escena es tan tontamente forzada...

Y me pueden decir que soy snob, pero no. La realidad es que no. Y que pagué para ver un film que mínima de expectativa tenía. Nada resultó, ni en mí ni en la película.