Cadete



viernes, 30 de septiembre de 2011

Autobiografía de Nicolae Ceaușescu

(Andrei Ujica, 2010)


por Salvador Savarese

El ominoso edificio a la derecha de la foto era el que bajo el nombre de “Casa Scînteii” centralizaba toda la prensa escrita durante el gobierno de Nicolás Ceaușescu. A través de su antena, emitía la televisión pública rumana.

Desde allí y por casi 25 años se emitieron todos los actos y actividades del Gobernante. Es ese material, filmado en diversos formatos y sistemas, conforma la columna vertebral de ese monumento fílmico llamado “Autobiografía de Nicolás Ceaușescu”.

A partir de miles de horas de archivo el director Andrei Ujica elabora un minucioso y extenso (extenso por minucioso y minucioso por extenso) retrato de un tiempo del mundo, de Rumania, y de una persona: Ceaușescu.

El punto de partida de la película es un fragmento de la grabación del juicio sumario que se le efectuó a el y a su esposa (Elena Ceaușescu) cuando fueron atrapados en su huida después de la revolución de 1989 y que culminaría con su condena a muerte y fusilamiento. Este fragmento da lugar a un extenso flashback de tres horas de duración donde se ven acciones de gobierno de Ceaușescu, congresos de países comunistas, viajes al exterior, encuentros con diversos gobernantes, discursos, inauguraciones, homenajes, fiestas y entierros familiares.

No hay voz en off ni explicaciones que dirijan la atención del espectador de una manera evidente; sólo hay un excelente trabajo de montaje de imagen y sonido (el audio, según comentó el presentador Alan Pauls, fue reconstruido en un 80%) que permite que durante el largo tiempo -en todos los sentidos posibles- que dura la película, el espectador vaya compenetrándose en un mundo y un personaje que uno intuye como chato, sin un carisma particular, pero que al mismo tiempo, al estar en el centro mismo de todo, adquiere una personalidad formidable. Mas que por K.O. como lo hacían las grandes estrellas del cine, Ceaușescu nos gana por abandono.


Una película tan sólida como esta permite una gran cantidad de lecturas posibles. Es de esas películas que dan lugar charlas de cafes apasionadas y cada espectador con su propias competencias puede encontrarle lecturas -incluso críticas- validas y provechosas.

Me permito solo una de ellas: al final de esas tres horas ese mundo y ese país habrán cambiado ante nuestros ojos, pero el que no lo ha hecho es Ceaușescu. A lo sumo ha envejecido corporalmente. Pero aun así es el centro de la escena. En la presentación de la película, Pauls hablaba de la relación entre el poder y el tiempo, como todo pasaba pero el poder trascendía todo. Viendo esta película autobiográfica, veo de una manera agobiante como el poder trasciende incluso el cuerpo -y conociendo la historia posterior se podría decir la existencia física- del que lo detenta.

¿Y que pasa con Rumania? Es un país muy lejano y no es muy bueno opinar sobre realidades no muy conocidas pero otra foto, esta vez mas cercana de ese edificio ominoso que mencionaba al principio, que ahora se llama “Casa de la Prensa Libre” y que aloja a varias agencias de prensa así como a varias empresas, podría servir como punto de partida para nuevas discusiones sobre el poder…

Autobiografía de Nicolae Ceaușescu (Autobiografia lui Nicolae Ceaușescu) se pasa durante los dos primeros sábados de octubre en Fundación Proa www.proa.org/. También, y como complemento de esta, se exhibe un documental ya clásico realizado por el mismo director junto a Haroun Farocki: “Videogramas de una Revolución” (Videogramme einer Revolution, 1992).

Voy a decir algo sobre esta película


Después...

jueves, 29 de septiembre de 2011

La primavera del 43


a Haroldo Conti

Presentía que no iba a ser fácil contarlo, pese a ser tan simple.

Es duro recordarlo, aunque todo pasó ya y me siento bien por primera vez en mi vida, porque lo bueno de esto es que he podido sobrevivir y realmente les aseguro- ustedes se van a dar cuenta- que no ha quedado ninguna huella en mí.

Pero ahora -sé que es por el momento, que después todo pasará- no puedo evitar sentirme como en aquellos días. De golpe noto que nuevamente estoy volviendo a soportar esa obstrucción en la garganta que apenas si me permitía tragar algo líquido con cierto esfuerzo, esa tensión agobiante que sólo cedía cuando respiraba hondo. Tampoco puedo evitar aquel brusco vuelco dentro de mí, como cuando advertía -a la mañana- que todo se había mantenido igual, que había que seguir repitiendo los días, hasta que algo insólito -sin duda mágico- entrara por la ventana y lograra quebrar ese sortilegio en el que me encontraba sumida desde hacía algunos años, ese hechizo semejante al de Rip Van Winkle, que tanto me había obsesionado años atrás.

Apenas tenía nueve años cuando se cortaron los sucesos y vino el letargo.

En esa época -cuando todo comenzó- solía despertarme cerca de las diez. y adivinaba por los ruidos que me eran familiares las actividades de mis padres en el resto de la casa.

Para entonces, yo ya había encontrado la manera de inventarme universos sumergiéndome en los objetos. Mirando, por ejemplo, el resplandor de mi pequeño anillo, tirada boca abajo con la mano en la almohada. Era cuestión de saber mirar, nada más. Había infinitos modos, aunque sólo les explicaré algunos. Uno era entrecerrar los ojos hasta que apareciera la bolita titilante: todo lo que cabía en ella hubiera sorprendido a la gente acostumbrada a los perfiles definidos, netos. Podían encontrarse soles superpuestos, aldeas bañadas de un resplandor violáceo, con piedras porosas y materia fosforecente, flotando en un silencio helado.

Otro sistema consistía en juntar las pestañas de tal manera que esa bolita se adelgazara convirtiéndose en un silencio helado. O juntar las pestañas de manera tal que la bolita se adelgazara, convirtiéndose en un haz de rayos centelleantes.

Tambien podía cambiar el anillo de posición, o moverme yo en la cama -porque me movía aún, y hasta me levantaba a veces-, y en esos casos el panorama se alteraba. Estas visiones me fascinaban y entretenían. Lo que quebraba esos instantes era la llegada de la primavera, cuando el aire se colaba hasta por las rendijas y, algo lejana, llegaba la música de la publicidad del centro, formado por unas pocas cuadras que se recorrían una y otra vez todos los días -los domingos más. Había una confitería con la gente en las mesas de afuera, tomando helados a las siete de la tarde. El camión regador pasaba lentamente por las calles del pueblo y su lluvia irisada zigzagueaba bajo los últimos rayos del sol, mientras iban quedando -simétricos y blancos- los cuadrados de tierra seca bajo los escasos autos estacionados. Un vaho agreste y refrescante brotaba de la tierra y hasta mi cama llegaba el olor del verano que se aproximaba.

Todo eso era anterior a la orden del médico: la calle que entonces quedaba pulcra, con las chicas en la vereda recién bañadas, y ese baldío de enfrente donde los varones jugaban a la pelota. Sanos, bronceados, chicos de verdad. Me avergonzaba entonces de aquellos sueños y fantasías.

Martha Silva

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Lo reprimido vuelve

Vals con Bashir, este viernes a las 20:30 en Humberto Primo 775



por Oscar Cuervo

No se trata simplemente de recordar lo que ya se sabía: eso sería relativamente fácil; y es esa la facilidad en la que caen los que hacen de la memoria un slogan proselitista: "No olvidar, recordar", como si uno debiera quedar obsesivamente adherido a un pasado que no nos permite vivir el presente o, lo que es peor, olvidar que tenemos un futuro.

El problema más arduo consiste en recordar lo que no se ha podido saber en su momento, eso que estaba ahí pero nunca fuimos capaces de ver. La memoria entonces es una tierra incógnita y aventurarse a constituir el recuerdo (no meramente a recuperarlo) no es un imperativo moral, sino una necesidad vital: hay que hacerse de un sentido que falta, hay que producirlo en el presente, sentir el sentido por primera vez; puesto que estaba ahí en nuestro cuerpo como huella, pero no se le había permitido hablar.


Vals con Bashir, la estupenda película de Ari Folman, trata acerca de la memoria como un tapiz que se teje con dificultad. Empieza con una jauría de perros furiosos que avanzan por entre las ruinas de una ciudad destruida. Paisaje fantasmal, pesadilla recurrente, horror que insiste cada noche en el sueño de un ex-combatiente israelí que participó en la masacre de palestinos que vivían refugiados en los campos de Sabra y Chatila, en el Líbano. La masacre fue llevada a cabo por las falanges cristianas, con el apoyo logístico de los israelíes. El que cada noche sueña con la jauría era, en aquellos años, un joven encargado de liquidar a los perros cuyos ladridos delataban la presencia de la fuerza israelí. Lo reprimido vuelve.


Folman participó de esa masacre, forma parte de aquellos chicos de la guerra que experimentaban los bombardeos al Líbano como una experiencia psicodélica, potenciada por la música de rock que escuchaban en los tanques. La forma que el cineasta adulto encuentra para filmar la dificultad de recordar aquello y la imposibilidad de olvidarlo es notablemente original: un documental animado, de potencia alucinatoria. Porque la verdad del cuerpo se abre paso, dificultosamente, también a través de la alucinación.


El interés extraordinario de la película consiste en la experiencia gozosa de su visión y lo inevitable que es discutir políticamente sus tesis. Desde lo más íntimo (los sueños) hasta lo más público (la historia), Vals con Bashir es otra forma más de continuar un debate cuyo significado excede el conflicto palestino israelí.



Una de las grandes películas de este nuevo siglo. Este viernes a las 20:30 en Zorzal Mané, Humberto Primo 775.

martes, 27 de septiembre de 2011

La vida nueva


por Oscar Cuervo

Por una decisión narrativa firme, la vida nueva es eso que en la película de Santiago Palavecino queda fuera de campo. Por eso su visión deja una sensación de ahogo, un malestar difícil de asimilar. Esa vida nueva puede estar en el vientre de Laura (Martina Guzmán), en el hijo de ella con Juan (Alan Pauls) ,que nacerá fuera del espacio dramático en el que la película elige quedarse. Puede que se trate también del renacer de César (Nicolás Goldschmidt), el chico que vuelve de una muerte que parecía segura, que revive en el momento en que la película está por concluir. Hay destinos que parecen inapelables, pero hay también fugas posibles. Posibles: nadie dice seguras.

El infierno de Palavecino es circular, como esas vueltas a la rotonda en las que se crispan los jóvenes burgueses y recalientan el motor de las camionetas de sus papis. Es un pueblo en medio de la llanura, un paisaje asordinado, no plácido, más bien aplastado. Es una noche tibia, ni fría ni caliente, y el canto de los grillos es un rumor en el que la naturaleza también puede gemir de angustia. Lo sabe Juan, que sale a buscar a su mujer; lo sabe ella, que ha salido a caminar por las calles del pueblo solo para escaparse de él, de su indolencia terminal. Y César, el chico, quiere romper también el círculo; por eso llena la bolsa de piedras y la tira contra una de las camionetas de sus amigotes. César puede ser dentro de unos años como Juan, un irresoluto, un tipo al que la vida se le escapa entre los dedos sin ofrecer resistencia. De hecho, el chico paga el gesto de violencia sumiéndose en una vida vegetativa, un estado plano en el que parece ya no responder a los estímulos. Pero el caso de Juan es más exasperante: respira, camina, habla, pero no parece capaz de reacción, no puede largarse a llorar, no puede decir no.

Alan Pauls encarna la tragedia de Juan, una tragedia no declarada al menos hasta el momento en que la narración lo deja. La asume con una forma extrema de la elegancia: conserva tanta elegancia frente a las pruebas a que la vida somete a su personaje que acaba por parecer estólido. Hice todo mal, todo al revés, se justifica Juan ante Laura. Lo dice con un tono pastoso, como si no registrara con el cuerpo el drama que declara. Esa indolencia lo vuelve un personaje conmovedor. Pauls es un cinéfilo al que le gustan los actores neutros, los rostros planos como pantallas, sobre los que el espectador proyecta sus sensaciones. Así es el papel con el que le tocó debutar en la actuación cinematográfica.

La decisión de Palavecino de ver ese mundo a través de ese personaje no está exenta de riesgos: es difícil, si no imposible, sentir empatía con Juan, pero bien mirado, despierta una enorme piedad. El punto de vista elegido no permite crescendos, porque su posición está inhabilitada para la épica. El anegamiento espiritual del Juan le confiere una tonalidad a La vida nueva. Pero la película cobra vida a través de los módulos musicales. Laura es una pianista de carrera trunca, que se dedica a darle clases de piano a Sol (Ailín Salas), la chica que compone el cuarteto central de la película. En esas clases se reflexiona sobre las tonalidades, sobre los puntos de tensión, las transiciones y la duración de las notas; se trata de los momentos en los que el film ensaya sobre su propia forma.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Los polémicos Lucas Carrasco y Esteban Schmidt

Dijo @quintinLLP "@oscaracuervo, Schmidt y Carrasco en un solo lugar. Summit de soretes". Se refería a este post:

Cuando estuvieron en La otra.-radio (29/5/11). Descargar desde acá



El domingo 29 de mayo a la medianoche vinieron a La otra.-radio Lucas Carrasco y Esteban Schmidt.

En determinado momento la cosa se puso tensa, espesa, dura, quisquillosa, molesta, incómoda, oscura, amarga, ríspida, cruel, lacerante, lamentable, lastimosa, desgarradora, triste, desoladora, áspera, astringente, picante, ácida, acre, desagradable, desapacible, despiadada, incisiva, implacable, intransigente, ruda, huraña, rigurosa, severa, acerba, acibarada, amarescente, desértica, árida, yerma, devastada, desconsoladora, desesperanzadora, aflictiva, desesperante, deplorable, alarmante, aflictiva, abrumadora, agobiante, desopilante, irrisoria, ridícula, fea, mala, interesante, absorbente, encantadora, cautivante, risueña, afectuosa, cariñosa, afable, amable, adorable, delicada, deliciosa, abyecta y tensa.

A pedido de los oyentes, ahora dejamos en el blog el link desde el cual se puede descargar el programa completo, con la música de Bob Dylan incluida. Ojo a los distraídos, que las películas que se anuncian en la grabación ya se pasaron.

De ahora en adelante iremos subiendo algunos de los programas de La otra.-radio que hayan resultado igualmente adorables, abyectos, tensos, etc.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El pasado, Tecnópolis y el futuro


por Rodrigo Rocca

Allá por el 2001, cuando terminó la década del 90', parecía difícil pensar en volver a hacer historia. El pretendido fin de las ideologías había hundido consigo cualquier proyecto político y económico que hubiera sobrevivido a los años del Terror. Este vacío, la nada negra que heredaba el nuevo milenio, se reflejaba en la fuerza con que el que se vayan todos se imponía como única respuesta posible. Los 40 muertos por la represión sobre el cacerolazo, el helicóptero despegando de la casa rosada, la sucesión de cuatro presidentes en doce días; por aquel entonces, nadie se hubiera atrevido a intentar el más mínimo esbozo de qué sucedería en los años siguientes.

***

Heidegger distingue dos maneras de vivir la historia. Una es impropia o inauténtica, y consiste en olvidar el pasado como si nunca hubiera tenido lugar. La otra, la historicidad propia o auténtica, supone -al contrario- la recuperación de la memoria, pero además su proyección hacia el futuro como vector del presente; dicho de otro modo, se trata de interpretar las condiciones materiales actuales a la luz de lo que fue, pero también de lo que se quiere que sea, de una propuesta a construir, de la afirmación de un sentido por venir.

***

Apenas se pisa Tecnópolis uno tiene la sensación de estar en una exposición diferente a todas las conocidas. Las decenas de galpones de tamaño descomunal que pueblan el predio muestran tractores, maquinaria agrícola, autos, colectivos, barcos, robots, satélites; hay un stand del Conicet, otro de la Agencia de Ciencia y Técnica; están los famosos Pulqui I y II junto a reproducciones en tamaño real de aviones de Aerolíneas Argentinas; hay espacios dedicados a las centrales energéticas y a los laboratorios bioquímicos que funcionan en el país.

Pero superado el primer momento de extrañeza y al empezar a leer los carteles que informan las fechas de descubrimientos e inventos nacionales, lo diverso del recorrido empieza a cobrar sentido. Tecnópolis no es una simple exposición, sino la manifestación de un proyecto, la promesa de un modelo en construcción y a construir, la evidencia de un desarrollo en marcha. Es la muestra de la recuperación y repetición del mayor esfuerzo que hubo en la historia argentina por fomentar la industria nacional; es el indicio del primer verdadero renacer del sueño peronista, después de las desvergonzadas apropiaciones del nombre del movimiento para convalidar políticas que nada tuvieron que ver con las de 46-55'. Tecnópolis es nacional en su propósito y contenido, pero además, por azar o destino situada en el conurbano bonaerense -en Villa Marteli- y no en la Capital Federal, es indudablemente popular. Y sin embargo, quizás lo más interesante sea ver cómo allí el peronismo se mezcla con motivos y preocupaciones propias del siglo XXI, ausentes en su versión original, como los derechos humanos o la interpelación a la juventud desde lo político y desde lo cutlural.

Tecnópolis revela de la manera más concreta posible que después del colapso del 2001, la historia recomenzó. Y que ese nuevo principio es, en realidad, una relectura del pasado que incorpora lo nuevo para proyectar al futuro un sendero propio. En Tecnópolis se vuelve a vivir el peronismo, pero también se vive algo más, algo novedoso y aún en pleno devenir, algo en lo que es necesario participar para poder luego asumir a conciencia la responsabilidad irrenunciable de haber formado parte de la misma historia. Lo que queda claro al salir de Tecnópolis es que el futuro no puede desligarse del pasado ni construirse sin memoria, pero también que el futuro no podrá ser un calco ni una repetición vacía de lo que fue.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Rápidos movimientos oculares

R.E.M. este domingo a la medianoche en La otra.-radio


por Oscar Cuervo

Acaban de anunciar su separación:

"A nuestros fans y amigos: Como R.E.M. y como amigos de toda la vida y co-conspiradores, decidimos dejar de funcionar como banda. Nos vamos con una enorme sensación de gratitud y de asombro por todo lo que hemos logrado. Para cualquiera que alguna vez se sintió tocado por nuestra música, nuestro más profundo agradecimiento por escucharnos."

Lo comunicaron el día de la primavera. Habían empezado en Athens, esatdo de Georgia, exactamente en 1980, y se constituyeron en el más típico modelo de las bandas independientes que ganan fans por la difusión que consiguen en radios universitarias, un poco al margen de las tendencias del mercado. Atravesaron estas décadas dejando una vasta influencia. Terminaron por ser los exponentes más famosos, respetados y persistentes de la etiqueta "música alternativa", que cuando surgieron les calzó a la perfección y al cabo de tantos años ya se volvió un cliché.

Tuve la suerte de verlos en vivo en su primera visita a Buenos Aires, en 2001. En un festival en el que se sucedían en el escenario grandes números locales e internacionales, como Beck, Oasis y Divididos, sólo REM y Neil Young (nada menos) me dieron la impresión de mantener viva la mística rockera, sustrayéndose de la sutil rutina de las bandas "profesionales". Esa tarde Michael Stipe se puso a la multittud en el bolsillo a fuerza de una genuina credibilidad. Dejemos la alegoría para la historia de una Biblia diferente.



Esto no es una parabola,
esto es terrible,
una cosa terrible.

Si, ya rimaré eso, después
después de todo lo que hice hoy
me he ganado las alas.

Hoy ha ocurrido
¡Hurra! ¡hurra!
Ha ocurrido, h¡ip! ¡hip! ¡hurra!

Dejaremos la alegoría
para la historia de una Biblia diferente.

Por deferencia, desafío, la opción es
casi una promesa, después
después de todo lo que hice hoy
me he ganado mi voz.

Hoy ha ocurrido
¡Hurra! ¡hurra!
Ha ocurrido, h¡ip! ¡hip! ¡hurra!


Este domingo a lamedianoche en FM La Tribu. 88,7. On line.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Evita anuncia el derecho al voto de las mujeres


por Oscar Cuervo

Parece increíble, pero hace hoy exactamente 64 años recién se les reconocía el derecho al voto a las mujeres argentinas. Fuimos el país nº 50 en reconocer este derecho. El primero en aprobar el sufragio femenino sin restricciones fue Nueva Zelanda, en 1893; el primer país latinoamericano en aprobarlo fue Uruguay; la constitución uruguaya ya lo permitía en 1917, pero fue emitido por primera vez en 1927.

Argentina, en septiembre del 47 y por la decisiva influencia de Evita, sancionó la ley 13.010. La reforma constitucional de 1949 legalizó la participación de las mujeres, quienes por primera vez votaron el 11 de noviembre de 1951 en elecciones nacionales. En esa oportunidad fueron elegidas 24 diputadas y 9 senadoras.

La revolución francesa, proclamada en 1789, levantó las banderas de la igualdad, la libertad y la fraternidad, pero hasta hace pocas décadasla mitad de la humanidad no gozaba del derecho de elegir y ser elegida. El gobierno peronista fue el que dio este paso profundamente modernizador y democratizador en la Argentina.


Sorprende leer, en el discurso de Evita, que la sanción de esta ley fue resistida en ese momento:

"Hemos llegado al objetivo que nos habíamos trazado, después de una lucha ardorosa. Debimos afrontar la calumnia, la injuria, la infamia. Nuestros eternos enemigos, los enemigos del pueblo y sus reivindicaciones, pusieron en juego todos los resortes de la oligarquía para impedir el triunfo. Desde un sector de la prensa al servicio de intereses antiargentinos, se ignoró a esta legión de mujeres que me acompañan; desde un minúsculo sector del Parlamento, se intentó postergar la sanción de esta ley (...) A medida que se multiplicaban esos obstáculos, se acentuaba nuestro entusiasmo. Cuando más crecían, más y más se agigantaba nuestra voluntad de vencer. Y ya al final, ante las puertas mismas del triunfo, las triquiñuelas de una oposición falsamente progresista, intentó el último golpe para dilatar la sanción de la ley. (...) La maniobra contra el pueblo, contra la mujer, aumentó nuestra fe. Era y es la fe puesta en Dios, en el porvenir de la Patria, en el general Perón y en nuestros derechos. Así se arrancó la máscara a los falsos apóstoles, para poner punto final a la comedia antidemocrática".

Curiosamente: partidos auto-proclamados "progresistas" y un sector de la prensa se habían aliado para impedirlo. No sé si les suena.

Y Evita terminaba así su discurso:

"Tenemos, hermanas mías, una alta misión que cumplir en los años que se avecinan. Luchar por la paz. Pero la lucha por la paz es también una guerra. Una guerra declarada y sin cuartel contra los privilegios de los parásitos que pretenden volver a negociar nuestro patrimonio de argentinos. Una guerra sin cuartel contra los que avergonzaron, en un pasado próximo, nuestra condición nacional. Una guerra sin cuartel contra los que quieren volver a lanzar sobre nuestro pueblo la injusticia y la sujeción. En esta batalla por el porvenir, dentro de la dignidad y la justicia, la Patria nos señala un lugar que llenaremos con honor. Con honor y con conciencia. Con dignidad y altivez. Con nuestro derecho al trabajo y nuestro derecho cívico.

"Somos las mujeres, misioneras de paz. Los sacrificios y las luchas sólo han logrado, hasta ahora, multiplicar nuestra fe.

"Alcemos, todas juntas, esa fe, e iluminemos con ella el sendero de nuestro destino. Es un destino grande, apasionado y feliz. Tenemos para conquistarlo y merecerlo, tres bases insobornables, inconmovibles: una limitada confianza en Dios y en su infinita justicia; una Patria incomparable a quien amar con pasión y un líder que el destino moldeó para enfrentar victoriosamente los problemas de la época: el general Perón.

"Con él y con el voto, contribuiremos a la perfección de la democracia argentina".

Seguro que no eres Jesús



Aquí estoy
Si no necesito a nadie, le agradecería a Dios por ello
No habría nada que me impidiera seguir adelante
Solo yo y mi cerebro
y mi dolor y mi vergüenza.

Creo que puedo hacerlo
Este estacionamiento tiene un solo un lugar y es para ti
el único que puede mostrarme una cara fiera
para empujarme
adonde no se necesita luz
para ver en la noche
porque voy a estar bien.

Seguro que no eres Jesús, pero me estás salvando
muchas gracias por poner fe en mí
y recordarme una luz que llegó a ser tan fuerte
me alegro de haberme hecho un amigo que no rece por mí.

Aquí espero
por algo malo y triste que trace mi camino
Yo lucho por darlo todo y puedo perderlo
pero aún te tengo a ti en algún lugar
acá arriba
y puede que lo haga.

Supongo que no soy
un Goliat grande y fuerte
soy un hombre extraviado
y a veces me canso
y necesito una mano
que me golpee y entonces
ahí va de nuevo
supongo que eres mi amigo.

Seguro que no eres Jesús, pero me estás salvando
muchas gracias por poner fe en mí
y recordarme una luz que llegó a ser tan fuerte
me alegro de haberme hecho un amigo que no rece por mí.

Así que gracias, mi pequeño ángel, (¡gracias también!)
por velar por mí
Ella dice que me va a romper la nariz
Si no me porto bien la próxima semana

Seguro que no eres Jesús, pero me estás salvando
me estás salvando
me estás salvando
me estás salvando
me estás salvando
me estás salvando
me estás salvando
me estás salvando
me alegro de haberme hecho un amigo que no rece por mí.

CosmoJarvis

jueves, 22 de septiembre de 2011

Venganza por uno de mis ojos

Un cine del malestar


por Oscar Cuervo

"Creo sinceramente -dijo ayer la Presidenta en la Asamblea General de las Naciones Unidas- que impedir el ingreso de Palestina puede ser visto tal vez por algunos como algo beneficioso para el Estado de Israel. Pero déjenme decirles, desde la autoridad que nos da ser un país que ha sufrido el flagelo del terrorismo internacional, que impedir que Palestina forme parte de esta Asamblea es seguir dándoles coartadas a los que ejercen el terrorismo”. El discurso fue en ese momento interrumpido por aplausos. Y Cristina siguió: "Que Dios ilumine a quienes tienen que tomar esta trascendental y estructural decisión en el mundo para lograr mayor equilibrio. Y que Palestina pueda tener este año su asiento número 194; estoy segura de que así vamos a contribuir a vivir en un mundo no solamente más seguro, sino también en un mundo más justo”.

Cristina seguro sabía (como todos sabían) que Estados Unidos hará uso de su poder de veto para impedir el reconocimiento del Estado Nacional Palestino: Obama había reiterado poco antes “el compromiso inquebrantable de Estados Unidos con la seguridad de Israel”; lo que traducido en palabras directas quiere decir: negarle al pueblo palestino el derecho a tener una nación reconocida por el mundo. Las llaves de ese reconocimiento siguen estando hoy en manos de poquísimos.

Hace un par de días decía Jorge Asís en su página web:

"'Porque el proyecto tiene que pasar por el Consejo de Seguridad'. Y por ahí Palestina, con seguridad, no pasa.

"Estados Unidos anima el llamado Cuarteto para la Paz para el Medio Oriente. Junto a la dividida Unión Europea, Rusia y la ONU. El Cuarteto toma, al boceto de reconocimiento, como una 'decisión unilateral'. Para retomar el diálogo dilatador que lleva -para Palestina- dos décadas de postergaciones, con los tratados de Oslo y Camp David incluidos. Mientras Israel -consideran- profundiza la política colonizadora con asentamientos extendidos.

"Sin rigurosa contabilidad, a esta altura, ya suman alrededor de 140 países que se encuentran dispuestos a proporcionarle, a Palestina, el objetivo institucional que procura su máxima autoridad.

"Estado soberano, independiente y autónomo".

El conflicto paelstino-israelí, desgraciadamente, parece que nunca pasa de moda. Cuando este invierno programé los dos ciclos de cine que estamos proyectando ahora (los viernes "Una vida en canciones" en Zorzal Mané, barrio de San Telmo; los sábados "Políticas del cine" en La Tribu, Almagro) no me di cuenta de que en una misma semana íbamos a proyectar Venganza por uno de mis ojos de Avi Mograbi (este sábado en La Tribu) y Vals con Bashir de Ari Folman (el viernes 30 en San Telmo). De modo que estamos a punto de empezar una semana (no calculada, cruzada de un barrio a otro) de cine palestino-israelí. Menos que menos podía saber, cuando programé los ciclos, que esta misma semana el tema volvería a avivarse a partir de la propuesta palestina en la ONU y el veto norteamericano.

No estoy del todo seguro de cuál es razón, pero siempre que se toca este tema en los ciclos de cine que programo se desatan las discusiones más ríspidas. Pasó en los años anteriores, cuando vimos Ruta 181, fragmentos de un viaje por Palestina-Israel (el extraordinario y monumental diario de viaje realizado por el israelí Eyal Sivan y el palestino Michel Khleifi), tanto como cuando fue el turno de Z32 (la última hasta el momento de Mograbi) o la misma Vals con Bashir. Es, indefectiblemente, un tema sensible y los ánimos siempre se crispan.


Quizá deba confiar en el cine mismo: porque estas películas (la gran mayoría de las que hemos pasado son realizadas por cineastas israelíes que asumen una posición muy crítica hacia las políticas del estado de Israel) evidencian estar hechas desde el malestar.

Y Avi Mograbi parece ser un especialista en el tema del malestar. Sus películas no despiertan demasiadas certezas -de hecho, puede considerarse una prueba viva de que el cine político no tiene que estar necesariamente fundado en certezas-; tampoco producen conmiseración ni odio. Más bien es el malestar la sensación más persistente. Un cine de la incomodidad, lo cual refuta que el cine político facilite el confort de las consignas proclamadas, en primer lugar, a los que ya están convencidos. La impresión verdaderamente inquietante que causa la visión de sus películas es que la cosa sigue sucediendo mientras miramos la pantalla y una vez que la película termina: películas filmadas en el más molesto presente; que la solución dista de estar cerca; que la madeja está muy enredada y los intereses para mantenerla así son muy fuertes. Y sobre todo: que una sociedad moderna, culta, con acceso a la información y necesidades básicas satisfechas, puede consentir formas brutales de humillación a un pueblo oprimido. Avi Mograbi es ese "comunista postmoderno" (como se definió cuando lo entrevistamos hace unos años), un israelí al que le va  más o menos bien, pero se siente mal con los suyos, y que de ese malestar supo hacer un cine a su medida.

Ninguna consideración sobre el cine político contemporáneo podría dejar de lado a Mograbi, dada su decisión de colocarse en un filo inestable: entre lo público y lo privado, entre el documental y la ficción, entre la observación de los otros y una incómoda auto-exhibición. ¿Narcisismo? ¿Honestidad descarnada? ¿Retórica pensada para molestar a sus semejantes? Mograbi siempre camina por el borde. Como una escena persistente en su cine: en ese punto de cruce que cada mañana los palestinos tienen que atravesar para ir al trabajo, para llevar a sus hijos a la escuela o a sus ancianos a un médico, y que dará lugar a ásperos roces con las fuerzas del ejército israelí. En esos puntos de cruce se coloca el cuerpo y la cámara de Mograbi con su densa materialidad, con el lente apuntando hacia esos compatriotas que no quieren ser filmados, mientras hacen lo que Mograbi detesta ver.

Este sábado a las 19:30 en Lambaré 873, Venganza por uno de mis ojos, de Avi Mograbi (2005).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El hombre de la casa hundida

Cabo Polonio IV


por Carmen Cuervo

Que se sepa de una vez, el suelo de Cabo Polonio es mutante. El cabo es un peñón de rocas y arena, pero el viento forma dunas que se trasladan y cambian de ubicación: montañas que alcanzan los treinta metros en la cima y que, desde ahí, se caen a lo profundo. Las casitas aparecen desordenadamente en este paisaje. Hay numerosas historias de casas sepultadas ahí y, cada tanto, cuando íbamos caminando, alguien nos decía "ahí hay una casa hundida". 

Pero un día un hombre nos contó su propia historia: Yo estaba adentro de la casa cuando empezó a soplar el viento, dijo, acá estoy acostumbrado al ruido del viento, pero éste tenía un sonido particular, como si pequeñas rocas fueran arrojadas constantemente contra mis oídos. Y entonces encendí una vela y vi. Flotaban por la habitación granos de arena de un color azulado que entraban por todas partes, bailaban eloquecidos y caían para quedarse en el piso. La cantidad de arena crecía y crecía. Me di vuelta y miré por la ventana: la mitad ya estaba cubierta de arena. Salí por el último espacio libre. Afuera, la arena siguió cubriendo la casa hasta que no quedó nada. Esto nos dijo el hombre y se fue.

Después pasaron unos días tranquilos desde aquella vez que habíamos visto al hombre de la casa hundida, pero una noche empezó a soplar un viento de forma extraña. Esa noche casi no dormimos, el viento era fuerte y hacía mucho ruido. Cuando nos levantamos muy temprano, alguien nos exhortaba, a mis compañeros y a mí, a sacar la arena que había entrado durante toda la noche en la posada donde estábamos.

No prestamos atención y comenzamos a preparar las cosas para volver a Buenos Aires.

martes, 20 de septiembre de 2011

Con ánimo de amar

Este viernes a las 20:30 en Humberto Primo 775




por Oscar Cuervo

花樣年華: "La flor de la edad" podría ser la traducción del chino tradicional del título original de Con ánimo de amar. Se refiere al punto exacto de la vida en el que el amor florece con toda su frescura y en su plenitud irrepetible. Se trata de un momento necesariamente efímero, aunque nadie ha sabido decir cuánto puede durar exactamente ni a qué edad se produce. Es probable que no haya medidas universales y que cada caso sea distinto. Pero el concepto es que hay un tiempo preciso en el que el manjar está a punto, que nadie puede disponerlo a voluntad, ni acelerarlo ni prolongarlo más allá de su ciclo vital. Y que una vez que pasa, ay, sólo cabe recordarlo.

Ese mood delicioso y destinado al recuerdo es lo que se propone y logra filmar Wong Kar-wai en Con ánimo de amar. Es la etapa del escarceo y la aproximación amorosa, que puede empezar primero en uno y luego en otro de los posibles amantes, un período poblado de signos, de conjeturas, de reflejos engañosos y de brillos genuinos. En algunos instantes preciosos los enamorados quedan a la par, sienten lo Mismo, pero a la vez habitan un tiempo de inestabilidad en el que ningún gesto resulta suficiente. Es una tortura, pero es la tortura más suave que se conozca. Es la posición estética a pleno, en su momento más agradecido. Supongo que ni la posición ética ni la religiosa son capaces de llegar a esas alturas.

Wong Kar-wai tiende el tapiz de tremenda experiencia con el cuidado y el fervor de un estilista alucinado. Hace que su pareja protagónica quede detenida en ese escarceo y que, por motivos argumentales, no pueda salir jamás de él. La pasión no conoce explosiones eróticas, sólo se consuma en roces, silencios y palabras acariciantes. El punto de vista de cámara, los delicados movimientos, la luz que destella de modo casual en el brillo de la mirada, los ojos húmedos, el tacto de manos y la indecible atmósfera musical tienden a sumergirnos en el ensueño amoroso.


Se trata de un melodrama de un romanticismo furibundo. Realizado a comienzos del siglo XXI, guarda una relación tensa con el melodrama clásico y con su relectura moderna. Es una película de todas las épocas.

En Con ánimo de amar Su Lizhen (Maggie Cheung) y Chow (Tony Leung) –la pareja más bella jamás reunida en el cine contemporáneo- son vecinos. Cada uno está casado por su lado y de alguna manera ambos se dan cuenta de que sus respectivas parejas, el marido de ella y la mujer de él, son amantes. Entre ambos se inicia un vínculo equívoco, porque juntos intentan imaginar cómo empezó la infidelidad de la que son víctimas. Pero esta “reconstrucción del hecho” se transforma pronto en amor entre ellos. ¿Se permitirán traspasar el límite? El pudor de Su y Chow, su decisión de distinguirse de los adúlteros, le confieren a la película una energía tensa. Pero esa inhibición no hace sino potenciar la pasión hasta el infinito. El resultado es un relato de extrema concentración.

Wong Kar-wai ha llegado, en Con ánimo de amar a impregnar cada molécula de su cine, cada reflejo de luz, cada textura, hasta el sonido, el aroma y el tacto de sus superficies, de pasión amorosa. Una película perfecta.

Juan y Eva


por Martha Silva

Se podría decir que es “una historia de amor jamás contada”, por el cine al menos, si se tiene en cuenta que no se había encarado hasta ahora un relato sobre el romance naciente de Juan Perón y Eva Duarte, (Osmar Núñez y Julieta Díaz) cuando aún ninguno de ellos estaba tan fogueado en sus respectivos quehaceres.

La relación que describe el film nace después del terremoto de San Juan, cuando el entonces Coronel Perón no era todavía un político avezado en la tarea de dirigirse a las masas populosas, y menos en enfrentar temas arduos, como los entredichos permanentes con el Embajador de Estados Unidos, Spruille Braden. Es más, por entonces le escribían sus discursos, lo cual es objetado por una Eva Duarte que a su vez era intérprete de heroínas históricas cuyos parlamentos se propalaban por radio.

En el contexto de la recolección de fondos para auxiliar a los damnificados por el sismo, nace una relación entre ellos que coincide con el inicio de uno de los movimientos políticos más populares del siglo XX. El film abarca un estrecho margen, desde enero de 1944 hasta el momento de contraer enlace en 1945. En este reducido lapso se muestra la relación entre estos dos interesantes personajes históricos. A los que en esta oportunidad se exhibe desde un costado más sentimental que lo que se había visto en films anteriores. Dos seres que se cruzan sin siquiera intuir que los espera el destierro y la muerte respectivamente, en un plazo que hoy se nos antoja demasiado breve.

La realizadora de esta película tiene el tino de rehuir los estereotipos. Otra de sus virtudes es manejar los movimientos de masas con una habilidad cercana a la perfección. Hay asimismo intrigas palaciegas que nunca antes han sido tan bien reflejadas, como las que sostienen Ávalos (Fernán Mirás) y el presidente Edelmiro Farrell (Pompeyo Audivert). También se luce el excelente Alberto Ajaka, encarnando al hermano de Evita, Juan Duarte.

Una versión de los hechos muy elaborada, cercana a lo que imaginamos que pudo haber sucedido, cuidadosa y entretenida..

Posdata: Puedo agregar a esta reseña una anécdota de la que fui testigo presencial. Para la época de la colecta que se hizo con el aporte de todo el pueblo argentino, cada familia contribuyente recibió una fotografía del entonces Coronel Perón autografiada. Este detalle no causó gracia entre las familias de clase media rionegrinas, que en su mayoría eran radicales, y que en las elecciones de 1946 optarían por la vergonzosa Unión Democrática. Pude ver la copla de la fotografía que por ese entonces circulaba entre las familias antiperonistas y decía: "Perón, Evita/ adonde está la guita/ que San Juan la necesita".

lunes, 19 de septiembre de 2011

La política cambió, chabón

Más sobre El estudiante


por Oscar Cuervo

El estudiante, la película de Santiago Mitre co-producida por Mariano Llinás, Pablo Trapero y la FUC, pone en marcha una sofisticada operación estética para envasar una posición política ordinaria.

Política y ficción: El estudiante, en parentezco directo con Secuestro y muerte (Filippelli, Sarlo, Llinás, Oubiña) practica ese jueguito lleno de vericuetos que consiste en decir sin decir diciendo. La política forma parte del universo ficcional de Mitre y Llinás; por eso, la sucesión de traiciones y desfalcos que se narran es "tan solo ficción"; el robo de dinero en la fotocopiadora o la artimañas del veterano militante progre son "meros McGuffins". 

Pero "la política cambió, chabón". Y el cambio consiste en que ahora política es sinónimo de transa, de discurso progresista declamado con fines espurios, de trapicheo de cargos, becas, ayudantías, concursos académicos y negociados entre ministerios y laboratorios.

La impostura del McGuffin: para Hitchcock el McGuffin era pura nada, un recurso estructural que sólo permitía poner en marcha el mecanismo narrativo: por eso, en Notorious, con las botellas de champagne rellenas de uranio, Hitchcock no pretendía decir nada acerca del peligro atómico ni del resurgimiento del nazismo en Latinoamérica. Ese McGuffin está enteramente subordinado al juego de reflejos esquivos del encantamiento amoroso (que es lo que a Hitchcock le ha interesado a lo largo de toda su filmografía). Muy distinto es el caso de El estudiante, donde el fraude, la traición y la transa política constituyen la sustancia misma del relato. Por eso, cuando Mitre dice "McGuffin", a duras penas logra borrar las marcas de su enunciación, ineludiblemente política. Este McGuffin es un algo.

SetentistasEl estudiante, como Secuestro y muerte, revelan un malestar con el presente político que procura evadirse entre las hendijas de un espacio off sin lograrlo jamás. Ambas películas operan de manera oblicua sobre la política actual, sin poder decir las cosas por su nombre. Perón no era en el film de Filippelli el General  sino el Jefe; Aramburu no era un dictador asesino sino un estadista descarnado. Brecha es, en El estudiante, una agrupación imaginaria, sin referencias explícitas a ningún grupo real, comandada por un setentista quebrado que utiliza a militantes idealistas incautos; Acevedo, el villano rotundo de la película, fue peronista por un rato en los 70, aunque haya visto la llegada de Perón por la tele: setentista del orto

La caja. Opino que ese coqueteo con las marcas históricas concretas delata una imposibilidad auténtica, embellecida tras un gesto de distancia irónica: la imposibilidad de abrir su juego político, de blanquear su cualunquismo vergonzante. Su intervención en la coyuntura actual no termina de ser asumida por las propias películas (Secuestro y muerte, El estudiante), si bien es explicitada por las declaraciones periodísticas de sus autores y por la traducción burda de sus apólogos. Es así como Mitre necesita auto-interpretarse en los reportajes: el enfretamiento final entre Roque, el joven militante engañado, y Acevedo, el setentista quebrado: “Es un duelo retórico entre el viejo político y el joven, al punto que para mí ni siquiera son los personajes los que están hablando sino dos generaciones: los militantes de los ’70 y sus hijos, que creo que es la discusión que está sucediendo actualmente. Cabría preguntarse dónde halla Mitre expresadas estas posiciones en discusión "actualmente": ¿quiénes encarnan hoy a esos militantes de los 70 y a sus hijos?. Gustavo Noriega acude presuroso a revocar con brutalidad toda distancia ficcional y todo McGuffin: "la caja de la fotocopiadora como eco de la caja del Anses" (!).

Cualunquismo exquisito. Una idea que extraigo de mi conversación de anoche con Emilio Bernini en La otra.-radio: El estudiante expresa la cohabitación de dos modelos narrativos antagónicos: 1) el aprendizaje que hace el novato de los códigos de una organización criminal (como Pablo Trapero en El bonaerense y Leonera); y 2) la distancia sarcástica del discurso impugnador de la política desde una superioridad moral (el relato en off, a la manera de Llinás). El problema es que la asimilación entre política y organización criminal es un giro demasiado abrupto para ser neutralizado como "mera ficción"; no hay manera de despolitizar ese giro. Yo me apoyo en la idea de Emilio para señalar la ambivalencia con que el film trata al espectador: nos invita a descubrir junto con el estudiante los códigos criminales de la política, a la vez que la voz off nos señala desde el comienzo la impostura. Esto produce un punto de vista falsamente inocente, nos pide que aprendamos lo que la voz off sabe desde el principio: "la política es así". 

La cuestión de la técnica. Hay, sí, una pericia técnica en El estudiante que disfraza el sentido común rasante de su política: actuaciones notables, un montaje preciso, de ritmo sostenido. Estas destrezas disimulan las rusticidades del guión: Roque induce con trucos obvios a un militante trosquista ingenuo para que denuncie públicamente a un "traidor"; la denuncia hace saber lo que se sabría de todos modos (el "traidor" pasa de un bando al otro); con eso Roque logra una victoria que lo encumbra como el preferido de su jefe político. El trosquista es lo suficientemente bobo como para prestarse a una manipulación que será capitalizada por otros. El truco de Roque es demasiado burdo para hacerlo aparecer como un destello de talento táctico. Hay entonces una política de la película para con sus espectadores, que consiste en desplegar recursos distractivos que hacen pasar lo burdo como genial y el moralismo antipolítico como lucidez descarnada. En términos generales, los personajes que rodean al protagonista oscilan entre la estupidez y la abyección, ignorantes o canallas (más ignorantes cuanto más cerca se hallan de las bases; más abyectos cuanto más encumbrados: Acevedo y el secretario del ministro son las cumbres de la abyección, así como el trosquista es el extremo del idealismo inepto). En ese contexto, Roque pasa de ser un aprendiz de canalla a una especie de héroe moral, sin que el relato dé cuenta del proceso de transformación. El "no" que corona la súbita conversión de canalla en héroe funciona como un típico deus ex machina.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El estudiante

Un suceso cinematográfico


Después de ganar varios premios en el último Bafici, El estudiante, la película de Santiago Mitre co-producida por Mariano Llinás, Pablo Trapero y la FUC se estrenó hace pocos días en apenas dos salas (la Sala Lugones y el Malba) y se constituyó inmediatamente en un minifenómeno de taquillas: sus pocas funciones concentraron una cantidad de púbico inusual, agotando constantemente las localidades. La mayoría de los críticos (no todos) la saludaron con un desbordante entusiasmo:

Dice Gustavo Noriega en EL AMANTE: "Lo primero que uno admira de El estudiante es su valentía. Hay que tener coraje en el cine local para sumergirse en un terreno tan peligroso como el de la política universitaria, a menudo maqueta o reflejo de la política nacional (aunque matizado por sus peculiaridades: la caja de la fotocopiadora como eco de la caja del Anses). (...) Hay una nueva forma de hacer cine en la argentina que nos muestra, con su accionar, que debería haber una nueva forma de hacer política. Coraje y generosidad es lo que falta para eso".

Dice EZEQUIEL BOETTI en Revista Ñ: "El estudiante es quizá el filme nacional que mejor refleja las costuras de su tiempo desde la inoxidable Tiempo de revancha. “La política cambió, chabón”, le espeta Roque (Esteban Lamothe) a un compañero de militancia, y con él a los espectadores. Porque El estudiante –premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno y el último Bafici– borra de un plumazo la concepción obsolescente de política con la que el cine argentino viene empecinándose desde hace décadas, para actualizarla en su antítesis: aquí ya no impera la ética, los discursos bombásticamente moralizantes y pactos caballerosos, sino la realpolitik bismarckeana en su máximo esplendor, aquella que concibe a la política como un gran tablero de TEG donde cada jugador distribuye las piezas y procede regido, menos por sus ideas rectoras que por la conveniencia presente o futura de cada movimiento. 

Diego Batlle en Otroscines.com: "Como en toda gran película, en El estudiante no sólo se luce su protagonista -y motor de la narración- sino también cada uno de sus secundarios. Mitre le dedica el tiempo necesario a esos operadores políticos que anudan y desanudan todo en las sombras (los herederos de los Cotis Nosiglias) y a los jóvenes militantes que hoy manejan una fotocopiadora y mañana son grupo de choque o pasado aparecen como candidatos en una lista o en un cargo rentado".

Dice Daniel Cholakian en cineramaplus+: "Artera como los personajes que presenta, de un modo pretendidamente realista, El estudiante utiliza el recurso de hablar de la política, para enarbolar un discurso anti político. La trama realiza un sagaz recorrido por los más falsos discursos del sentido común, utilizando un conjunto de tópicos para promover el repudio por toda forma de militancia".

Dice Hernán Manzi Leites en Críticas para nuestra cultura: "En El estudiante no aparecen muchas moralejas nuevas: las tramas políticas son viejas conocidas. No se desarrollan tampoco temas concretos, se los elude y se apela a la moralidad de unos principios que finalmente se quebrantan. No obstante, estos vientos casi reaccionarios de la película de Mitre no empañan el atractivo del producto y, dejan, tal como lo hace Secuestro y muerte, atisbos de una neutralidad que rápidamente toma el caudal de la incitación a lo apolítico. Pocas cosas son menos neutrales que los intentos de abstracción, en un ámbito que es concreción pura. Pero no podemos hacer nada: no hay thriller sin vicios".

En La otra nos preguntamos: ¿Debe medirse una película como El estudiante con los parámetros de las intervenciones políticas, o se trata de una ficción que se desarrolla en el ámbito de lo imaginario y no dice nada sobre los militantes universitarios en particular y la militancia política en general?

El director, Santiago Mitre, dice algunas cosas al respecto en  una entrevista de EL AMANTE: "Gran parte (casi todo) lo que la película cuenta es ficción. No existe la agrupación Brecha, ni la mayoría de las agrupaciones que se nombran, tampoco la mayoría de las situaciones, ni los nombres propios que se evocan. Esa línea argumental, que justifica las traiciones finales en torno a 'los laboratorios', es completamente inventada, un 'MacGuffin' que obedece a cuestiones dramáticas. Evidentemente lo que nos interesaba no era hacer una denuncia de nada sino exponer una historia de ficción que se centre en la militancia universitaria, en los procedimientos que se ponen en juego para elegir autoridades en la Universidad, para hacerlo extensivo (o hacerlo metáfora) de esos mismos procesos en cualquier otra institución, incluso en el país".

"La película tiene dos ejes: uno que sigue la evolución del protagonista, que narra su aprendizaje político, su ascenso; y otro que busca independizarse, que se centra en las prácticas políticas casi como ente abstracto. Las alianzas, las roscas, las traiciones, las rivalidades, las búsquedas de cargos, etcétera. Como si buscásemos aislar la materia política de su coyuntura. Nos centramos en la militancia estudiantil para intentar referir a la forma en que esta materia política opera en todos los ámbitos. Entonces la película no busca ser un retrato realista de cómo se milita en la Universidad, sino que intenta ser un poco más amplia".

Y en RADAR; Página 12, especifica su perspectiva histórico-generacional: “Es un duelo retórico entre el viejo político y el joven, al punto que para mí ni siquiera son los personajes los que están hablando sino dos generaciones: los militantes de los ’70 y sus hijos, que creo que es la discusión que está sucediendo actualmente, y que marca que haya crecido enormemente la militancia en la universidad. Es un planteo sobre cómo se milita hoy, no sé muy bien qué buscan los que se acercan en la actualidad a la práctica y la discusión política; si se trata de la lucha por el bien común ni a qué se llama hoy bien común. Uno se siente perdido respecto de estas cosas y creo que la película trata un poco sobre eso.”

Y bien: ¿qué decimos en La otra de El estudiante? La respuesta está acá.

Hoy a la medianoche viene el crítico Emilio Bernini, director de la revista Kilómetro 111 y con él estaremos hablando de El estudiante, del cine político y del cine en general. FM La Tribu, 88.7. Para escuchar on line clickear aquí

La música que vamos a escuchar: Yo la tengo, Mogwai, Dump, Moris, Antonio Birabent y Slowdive.


It's so lonely in this place,
so cold I don't believe.
And theres no one knows my name
It's easy to pretend
It's easy to believe.

There's a shadow on my wall
It dances like my soul
dances like my soul
It's so cold now
I swear it will be warm
Here she come now.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Philip Glass en Argentina‏


por Diego Menegazzi

El próximo martes 20 de septiembre en el Teatro Coliseo, se presentará el compositor norteamericano Philip Glass para interpretar al piano algunas obras de su autoría. El programa incluye piezas de su ciclo Metamorphosis (1989), Mad Rush (1979), Wichita Vortex Sutra (1988), Six Etudes (1994) y Dreaming awake (2006).

La música de piano de Glass es un excelente ejemplo del llamado estilo minimalista, que se basa en repeticiones de notas o figuras musicales que van variando levemente a lo largo del tiempo. Lejos de ser sencilla, esta música exige del intérprete una gran concentración y una perfecta coordinación en el ritmo de la mano izquierda y la derecha, para que el oyente pueda percibir esa sensación casi hipnótica de "movimiento estático". Esta es una característica que viene de las músicas orientales y que Glass incorporó a sus composiciones luego de su encuentro con Ravi Shankar en la década del 60.

Aquí pueden escuchar MAD RUSH, una pieza dedicada al Dalai Lama a raiz de su primera vista a EE.UU. en noviembre de 1979.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Clarín, Duhalde, Carrió, Solanas


por Oscar Cuervo

Artemio López citó hace pocos días un fragmento del libro Argenleaks de Santiago O'Donell que serviría para poner en cuestión la legendaria fama de Duhalde como gran jugador de ajedrez de la política:


"En febrero de 2009, Eduardo Duhalde visitó la embajada estadounidense para llevarle al encargado de negocios Tom Kelley sus 'Pronósticos Electorales para 2011'... El ex presidente y actual precandidato por el Peronismo Federal dijo que la verdadera carta fuerte de la oposición no era él sino el Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri y Felipe Solá era una alternativa... Elogió 'el coraje y las convicciones" de Cobos, criticó el "liderazgo combativo" de Lilita Carrió y opinó que Solá "tiene una chance sólida'. "Pero por sobre todos ellos colocó a Macri de quien dijo: 'Le tengo mucha fe'.

"¿Y Cristina? Duhalde predijo que 'ninguno de los Kirchner será un factor en las elecciones de 2011, ni como candidatos ni como generadores del nuevo líder', escribió el diplomático como resumen del encuentro."


Abel Fernández retoma la cuestión de la sagacidad política de Duhalde, puesta en cuestión una vez más por la asombrosa desubicación con que encara la actual campaña:


"...su estrategia actual muestra incapacidad para aprender de la experiencia. Porque Duhalde ya canalizó en las primarias del 14 de agosto un voto anti K.

"Había sumado a lo largo de los dos últimos años – pude percibirlo – un voto no peronista, que aceptaba algunas políticas del gobierno nacional, pero rechazaba el “estilo K”. Y en el mes previo a la primaria consiguió sumar los votos de los que estaban dispuestos a votar a Drácula, si Drácula, como Duhalde, pareciera ser el opositor más sólido contra el kirchnerismo.

"Y todo eso, más el siempre presente “efecto ambulancia” – el sumar a los pequeños dirigentes y punteros que quedan fuera de la lista oficialista (y, en Buenos Aires, de la de Narváez) – le dió un poco más del 10 % el 14 de agosto.

"Creo que la conclusión es inescapable, y se aplica no solamente a Duhalde. Carrió – “medium” de los sectores medios con un rechazo de piel a los K, según la bautizó Manolo Barge – obtuvo el 3 %. No veo chance que en octubre mejoren, y sí de que empeoren.

"La sociedad – o, como se decía antes, el pueblo – aún los opositores al gobierno, quieren algo más que un Frente del Rechazo. Hay toda una camada de dirigentes políticos que se han mostrado incapaces de proporcionarlo, y su jubilación es inevitable".


Coincido con ambos acerca de la demolición del mito de Duhalde como un astuto jugador político. Pero la debacle abarca a sectores más vastos y más bastos; se extiende más allá del fallido peronismo anti-k (peornismo opositor, según Verbitsky). Pensemos en dos figuras que no tienen que ver con ese universo: Elisa Carrió (la menciona Abel), pero también Pino Solanas. Yo creo que definitivamente hay que incluir en estre cuadro, entonces, a Clarín, que fue un factor de poder no desdeñable en las últimas décadas. Un tipo insospechado de kirchnerismo, pero que conoce el vientre de la ballena por dentro, Jorge Asís, autor del malditísimo y ultraproscripto Diario de la Argentina, escribió hace poco en su página:

“Cristina entonces le brinda una invalorable lección histórica, en principio, al general Videla. También, en la misma fila, a Alfonsín, Menem y De la Rúa. Enseña la Maestra Cristina que el Grupo Clarín, si se lo enfrenta con convicciones firmemente sólidas, es perfectamente doblegable. Porque sencillamente no se encuentra en condiciones morales de sostener ninguna batalla. [Clarín] Ganaba por la implantación del temor escénico”.


Entonces hay una combinación de factores: la cortedad de miras del frente opositor, en estos años comandado por Clarín y no por Duhalde, que ha sido demolido en las urnas en agosto pasado; y, junto a esto, un acierto de Néstor y Cristina en la selección del adversario principal: Clarín y no los diversos políticos que se montaron sobre el soporte mediático de Clarín.

Duhalde, Carrió y Solanas son tres figuras de trayectorias muy diversas que se alinearon con Clarín, porque tenían ahí una plataforma desde la cual estar presentes en la agenda diaria, diciendo lo que el Grupo necesitaba. Parecen haber caído bajo el influjo engañoso de ese micro clima anti-k y supusieron que con eso solo bastaba. La carrera de los tres (y de sus varios satélites) está hoy aniquilada. En estos días, Clarín los suplantó por Shoklender, pero eso apenas les sirve para tratar de arañarle algunos votos a Cristina, tratar de que no se aleje demasiado del 50 % obtenido en agosto: pan para hoy, hambre para mañana. Lo que Clarín no tiene (y mientras no tenga…) es liderazgo político alternativo.

Por haberse valido de (y haberse dejado usar por) Clarín hay políticos cuyas carreras se extinguen irremediablemente. Pero incluso a los opositores que queden en pie después de octubre, el triunfo de los Kirchner sobre el Grupo les va a servir. Una vez más, Jorge Asís:

"por el mero hecho de haberles declarado la guerra, los Kirchner producían un saludable beneficio. A la política, en general, como oficio. La despejaban. La liberaban (a la política) de la extorsión permanente de tener encima, siempre, el Riesgo-Clarín. Consistía, en la práctica, en gobernar específicamente para ellos. Para el Grupo. Tratamiento relativamente favorable, en materia informativa, a cambio de las ventajitas comerciales, que facilitaban la expansión infinita del Grupo. Al extremo de hacer, casi sin darse cuenta, de pronto, la política ideal que les dictaba el Grupo. Clarín bajaba, en la práctica, la línea. A cambio, en el tácito mercadeo, de los titulares. Y -sobre todo- de las omisiones de los aspectos más degradantes que cargaba, invariablemente, el político. Los 'finaditos' ocultos del armario. El manejo del silencio selectivo. 'En cuanto Kirchner se hartó, y les declaró la guerra, el Grupo estuvo perdido', confirma la Garganta. Calificada. Sin mayor dramatismo. Con la rodillera. 'Nadie, por la destrucción de Clarín, va a derramar una sola lágrima. Que se j…', confirma otro. Con el babero. Siempre en off. Aunque suele manifestarse, en público, con la mirada grave hacia el horizonte, y sin vinchas visibles, en contra 'del hostigamiento hacia la prensa libre'."


Muchas veces se dijo que los Kirchner elegían adversarios fáciles y desacreditados en la sociedad para obtener réditos políticos a bajo costo. Cuando en 2008 el gobierno se enfrentó a Clarín, muchos desdeñaban el valor polìtico del enfrentamiento, diciendo que se trataba de una obsesión trivial por el "relato" sin efectos apreciables sobre el poder real. Ahora algunos de los más acendrados críticos del oficialismo empiezan a reconocer el servicio que a la política argentina le ofrenda Cristina, después de enfrentar con firmeza 347 tapas en contra del ex Gran Diario Argentino.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La noche estrellada

(Van Gogh, 1889)
Visuales XXXVII‏


por Liliana Piñeiro

El silencio cae sobre las casas y se adhiere a ellas como una lámina delgada y mortal. El canto de los grillos y el revolotear de los insectos son los únicos sonidos que parecen salvarse.

Erguido y oscuro, el ciprés se sostiene. Pocas luces en el pueblo quedan prendidas: es la hora en que toda certeza se hace precaria.

Pero las estrellas no se resignan, y formando remolinos curvan el cielo. La noche se vuelve brillante, como sólo puede hacerlo un momento de felicidad.