sábado, 19 de junio de 2010

Otros mirarán el mar

(sobre dos poetas y una cineasta palestinas)



por Alejandro Ricagno

La sal de este mar, (Le sel de la mer, 2007) el excelente film de Anne Marie Jacir que pasó I- SAT en el ciclo Primer Plano el martes pasado -y que repite a 1:40 de la madrugada de este domingo-, creo que es la quinta película de origen palestino que veo.

En mi memoria surgen: Ruta 181, un documental del palestino Michel Khleifi y el israelí Eyal Sivan muy comentado en este blog; dos películas de Suleiman, Intervención divina y Cronique de une disparition; y Paraíso ahora de Hany Abu-Assad. (Acerca de cómo el cine trata el conflicto Israel- Palestina La otra 21 publicó una amplio artículo escrito por Daniel Cholakian). Durante el último Bafici me perdí la última de Sivan, Jaffa, the orange clockworck, muy recomendada por Oscar, que sí la vió. Si larecuerdo ahora, es porque parte de La sal de este mar transcurre en Jaffa, antiguo territorio palestino que desde 1948 quedó en manos de Israel.



En el film de Jacir, Soraya (la bella Suhair Hammad) es una descendiente de palestinos refugiados nacida en Brooklyn, que viaja a Ramallah en busca de los trazos de su ancestros; también para tratar de recuperar el dinero heredado de su abuelo, congelado en un banco de Jaffa desde que tuviera que exiliarse en 1948. Decida a recuperar en el presente lo que le fue quitado a sus familia en el pasado, se cruza en el camino con Amad, un joven palestino que desea emigrar a Canadá, pero cuya visa de salida le es negada una y otra vez.

La primera parte de la película se encarga de definir los dos caracteres y las dificultades de la vida cotidiana en Ramallah: la tozudez de la que va en busca de sus orígenes y la frustración del que quiere irse se cruzan sin que haya una construcción maniquea de sus personajes.

A mitad de la película se produce un giro policial (y reivindicativo): Soraya robará el banco en Ramallah con la ayuda de Emad y de un amigo, para recuperar el dinero de su abuelo; finalmente huirán a Israel en calidad de prófugos clandestinos. Y es en el territorio israelí donde el film se impregna con un lirismo elegíaco que la realizadora maneja con elegancia, pero contundentemente.

La llegada de Soraya a la casa de sus abuelos ahora habitada por una familia israelí es una escena clave. "¿Qué hicieron con los muebles?", pregunta Soraya a la hija de la familia que ocupa la casa. “No sé -responde ella-, supongo que mis padres los tiraron en algún momento”. Unas escenas más adelante, en ese constante cruce de documental y ficción que la película maneja a la perfección, vemos unas tiendas de antigüedades con muebles de innegable origen árabe y no falta decir más. Ese momento mudo es harto elocuente. Toda reconciliación parece imposible, entonces, si primero no hay reconocimiento de que el estado de Israel ha atropellado derechos fundamentales y se comporta como una potencia invasora. “Esta casa es mía”, Soraya enfrenta a la joven que ocupa hoy la casa de sus abuelos. La joven, que al principio parece comprensiva y hasta la invita a entrar para que “la visitante” pueda conocer la casa de sus ancestros, sin embargo minimiza el hecho. Es de otra generación y no se siente responsable: “esas son cosas del pasado”. “Tu pasado es mi presente”, le retruca Soraya. “No me iré de aquí hasta que admitas que esta casa es robada”. Es una escena de una tensión insoportable, no tanto por la actitud de Soraya como por su eco en la realidad: lo que vemos es una verdadera casa de Jaffa, con las típicas marcas arábigas en sus pisos antiguos. La actriz que hace de Soraya es una poeta palestina nacida en Jordania, hija de padres refugiados. Esa rabia, ese dolor en su rostros, no son “actuada”; son reales. El rostro inolvidable de Soraya (Suheir Hammad) es de por sí todo un manifiesto moral.



Lo mismo, cuando los personajes comen las famosas naranjas de Jaffa, símbolo de la industria agrícola de la antigua Palestina, ahora explotadas por el estado de Israel (tema del película de Sivan). Toda la película tiene el signo de la pérdida a la que se le opone como equilibrio necesario la resistencia de una identidad. “¿De donde viene usted?”, a esta pregunta Soraya responde siempre: “de Palestina”. Porque no se trata del lugar donde se ha nacido sino de la cultura a la que se pertenece. Y sólo por zafar ante las autoridades israelíes ella admitirá ser nacida en EEUU, pero no norteamericana. Su personaje es tenaz y orgulloso; responde además a un modelo moderno, lejos de la imagen de la mujer árabe sometida.



Lo interesante del film es la discusión sobre la pertenencia, que cuestiona severamente el supuesto derecho bíblico de los israelíes sobre Palestina, pero también incluye una visión nada complaciente con la sociedad burguesa Cisjordania.

Hay un tercer personaje en el film y es el amigo cineasta de Emad. En un momento, el amigo manifiesta que quiere filmar películas de amor pero que los palestinos sólo hacen películas de fronteras. La sal del mar es también una película de amor, herido por las fronteras y por un conflicto que no acaba. El vergonzoso muro cruza una y otra vez la imagen, no tanto como símbolo sino como materialidad contundente.

El film está dedicado a las víctimas de la masacre de Dawayma, uno de los cientos de de pequeños pueblos arrasados durante la ocupación israelí. La directora (poeta, además) es la primera realizadora palestina: como el rodaje del film fue casi de guerrilla, actualmente no puede filmar en Palestina. En Israel el equipo cisjordano no tenía autorización; en Ramallah, dado que el actor es nacido en Israel, estaba filmando en la clandestinidad y tenía que esconderse cuando irrumpía el ejército.

La realizadora es tan tenaz como el personaje que retrata. Y como Suheir Hammad, la otra poeta en la vida real, que interpreta a Soraya. Hija de refugiados, ambas crecieron en Brooklyn. Suheir suele ofrecer contundentes recitales de poesía política. Aquí le va una muestra de lo que es capaz de escribir y recitar:



(El poema, que ilustra la paranoia de los aeropuertos yanquis para los pasajeros de perfil árabe -análogo a la situación que presenta la película en el frontera israelí en el film- es de muy difícil, casi imposible traducción, por los juegos de palabras y por su sonoridad. Esta una pobre aproximación, seguida de su original en inglés. Chequéenla).

Mike check

uno dos uno dos puedes
oirme mic chequea uno dos
Mike chequeó
mis valijas en el aero
puerto en una rutina
chequeo al azar

entiendo mike sí yo entiendo
estabas alterado también
ese día y la mayoría de los días
muchos tipos operando
con miedo suelen odiar este
es mic tu trabajo
y yo siempre al azar

yo entiendo
tipos como yo que olían como yo
tal vez rezaban como yo

puedes oírme mike
rudo rubio rojizo
cortado con ojos
color flor de maíz
y una cruz alrededor de tu cuello

micke chequea
tipos como vos
apestaban tanto
los indios los olieron
mic chequea antes de aterrizar

los mataron uno dos
uno dos mientras
rezaban
esparcían viruela como almas

mic chequea si yo
empaqueté mis propias
valijas puedes oírme
no no estuvieron
lejos de mi posesión

muchas mike gracias
tengas un buen día también uno
dos mike chequea mike
chequea mike

adiós mike
y quién va a
chequearte a vos?

Suheri Hammad
(Ricagno's version)



Mike Check
(versión original)

one two one two can you
hear me mick check one two

mike checked
my bags at the air
port in a random
routine check

i understand mike i do
you too were altered
that day and most days
most folks opertate on
fear often hate this
is mic check your
job and i am
always random

i understand it was
folks who looked smelled
maybe prayed like me

can you hear me mike
ruddy blonde buzz
cut with corn flower
eyes and a cross
round your neck

mike check
folks who looked like
you stank so bad the
indians smelled them
mic chcek before they landed

they murdered one two
one two as they prayed
spread small pox as alms

mic check yes i
packed my own
bags can you hear
me no they have not
been out of my possession

thanks mike you
have a good day too one
two mike check mike
check mike

a-yo mike
whose gonna
check you?