jueves, 22 de abril de 2010

Notas personales sobre un Bafici (2)

Carta más que abierta a Richard Becher
(A proposito del documental Recta Final de Tomás Lipgot,
sobre el director y escritor Ricardo Becher, exhibido en el Bafici)




Querido Richard:

Se terminó el Bafici, y me reservé como postre el documental que lleva tu nombre en la senda rectilínea. Hay un error ahí: ese documental que tan amorosamente ha armado tu discípulo Tomás Lipgot no debería llamarse Recta final, sino simplemente El camino. O mejor En el camino, a lo Kerouac. Porque todos sabemos que el camino está allí y nunca tiene final. Solo los pasajeros lo tienen, si es que lo tienen. Porque pueden volver, o quedar con su esencia en una parte del paisaje. Eso es la película: la persistencia de un perfume (el tuyo) en el paisaje de los otros. Te confieso que tenía miedo del film. Tenía miedo de la melancolía, de una música de despedidas, de un color mortuorio tiñendo los relatos, las anécdotas, los testimonios, la tonalidad. Y sin embargo la vitalidad de tus conversaciones, el tono zumbón, el ritmo de un tema de Guns and Roses en un viaje en auto. La película, lo entendió bien Tomás, es una película de fugas: es tu huida del geriátrico, como lugar de paso, o como madriguera de freaks que te alimenta hoy la literatura. Es ese mientras tanto que resiste, que contagia de alegría. Y para quien no te conoce es una invitación. Una invitación a leerte, a conocer a un tipo que los 70 años puede pergeñar una novela en primera persona con un protagonista de 14, puede alimentar la imaginación de un grupo de compinches 30 años menor que él, y acceder sin falso ego al título de Maestro, no de cine, no de literatura, sino de ALIENTO VITAL. Verte discutir de música con Javier Martínez, recomendándole escuchar los Beastie Boys, escucharte salir de toda “trascendentalidad” sumido por un repentino perfume a choripán que inunda una escena, verlos a vos a y tu pareja, el imprescindible negro Campitelli intercambiar haikus sobre la muerte en un estado de comunión que traspasa los tiempos, son como beats de energía en el medio de cualquier corazón solitario. Y me imagino el orgullo de saber que esta película es tan tuya como de Lipgot, (de quien hoy debería revisar Casanegra). Y toda esa movida aún inexplorada que se llamó neoexpresionismo digital y que aún esta sin explora ni explotar. Debo decir que me das envidia. Mil años pesan sobre mi corazón, y muchos menos sobre mis huesos. Y vos (puedo asegurarlo sobre una Biblia de Allen Ginsberg) sos más vital que yo, más vital que muchos chicos del Nuevo Cine Argentino que deberían ver Tiro de Gracia, al menos una vez al mes, a ver si algo de esa libertad se les contagia de una vez por todas. Voy a poner el cd otra vez, cada mañana, para saber que todo es misterio y no olvidarme. Para saber que habrá recta o sinusoide, pero nunca nunca, final. Desde acá espero que al menos se de en el Malba, o en la Lugones, o en un bodegón con pibes llenos de vino y ganas, así sumas nuevos amigos. (Tu peli como suerte de un Facebook real) Y si no, inventaremos cines, plazas, jardines donde pasarla, porque el amor (tuyo, de tus discípulos, de tus obras, de las obras de otros que fuiste motor y mentor) no puede esperar. El tiempo es hoy (de aquí a la eternidad)…

Un abrazo

Alejandro Ricagno
(Un discípulo tardío, si me permitís)

PD: Me encantó ese guiño final al Wenders de Nick´s Movie, esa película mortuoria, aquí convertida en chiste entre amigos “¿Quien pide el corte final?” Bromear sobre el filo del final es la mayor libertad a la que un creador puede aspirar. Chapeau!

2 comentarios:

Estrella dijo...

Tu forma de escribir me gusta, más allá del tema que trates. ¿Estás escribiendo para algún diairo/revista/medio/blog, además de éste, claro?
Saludos!

LuzilitA dijo...

"Recta Final" se puede ver en el ArteCinema, Salta 1620 durante Junio.
Jueves a las 20
Sabados a las 22hs.

Para mas info
http://www.duermevela.com.ar/rectafinal/