sábado, 3 de octubre de 2009

Los abrazos rotos


por oac

Estupenda la nueva de Almodóvar, volviendo a su mejor nivel, la primera realmente buena desde Hable con ella (maravillosa esa). Y otra película que redondea un gran año para Penélope Cruz (que ya había brillado en Vicky Cristina Barcelona).

En verdad, este ha sido un buen año para tres cineastas que mantienen alta la bandera de la narratividad: Quentin Tarantino, Woody Allen y Almodóvar. Son cineastas bastante distintos, los tres irregulares, con sus altos y bajos, pero grandes cultores de la invención narrativa, que manejan su pulso y saben cuándo poner sus plot points como nadie, que desmienten con su sola presencia que ya no hay historias por contar.

Los abrazos rotos vuelve a recordarnos que Almodóvar es un bestia sedienta de narraciones, alguien que encuentra un placer supremo tramando historias intensas, retorcidas, inverosímiles, y finalmente muy verdaderas en el plano de la pasión desbocada y del disparate posible. Quizá la vida cotidiana no sea tan intensa en su desquicio sentimental como en las películas de Almodóvar (al menos no en mi caso), pero sus hipebólicas historias de amor y de odio no dejan de conmovernos y hacernos reir.

En este caso, un amor prevalece: el amor por el cine, por hacer películas, por inventar peripecias que nos cautivan más y más. De eso se trata esta película: su protagonista es un guionista y ex director de cine, Mateo Blanco (a) Harry Caine, que puede soltar su pulsión narrativa, sus locos deseos de contar, de dejarnos sin aliento a la espera del remate de una historia y después de otra y otra. Los abrazos rotos puede ser un film noir y después una comedia pop, o una y otra cosa alternativamente e incluso a la misma vez. Y puede contener en ella cientos de otras películas pasadas o presentes, de los grandes maestros (Hitchcock, Rosellini) o del propio Almodóvar, películas hechas o por hacer.



Se puede hacer un link entre Los abrazos rotos y Bastardos sin gloria, porque ambos autores reafirman su posición en el mundo como hacedores de películas, grandes estetas desesperados e inmorales, felices y rabiosos en el brillo del celuloide, en el rouge de sus divas preciosas y en la danza del amor y de la muerte entrelazados. Almodóvar prueba siempre fórmulas químicas donde predomina un poco el noir o a veces un poco el pop. Su vínculo con el cine de géneros es vital, no hace deconstrucción, no hace parodia (Tarantino sí la hace, cada vez que se quiere colocar un poco por encima de sus propias películas). Nunca nos da con Pedro la sensación de ser invitados a una evocación de un pasado o una restauración de los géneros, de una época de oro pretérita: es como si el melodrama nunca hubiera dejado de estar haciéndose, sencillamente un contemporáneo nuestro al que vemos poco.

También vimos hace poco a un director argentino que se jacta de tener muchas historias: el Llinás de Historias extraordinarias. Pero aquí se trata de un caso muy distinto: hay cinco o seis historias posibles en Los abrazos rotos: entre el guión que dos personajes se largan a inventar con el título de Dona Sangre, la vuelta a la vida de Chicas y Maletas (el film re-montado dentro del film, que tan claramente cita a Mujeres al borde de un ataque de nervios), la historia insinuada y trunca de Ray X (un personaje y un actor muy atractivos, ciertamente desperdiciados esta vez), la deslumbrante aparición de Angela Molina como la madre de Penélope, alguien a quien daban ganas de ver en pantalla un poco más. Almodóvar, a diferencia de Llinás, no dice "podría contar muchas historias pero como son tantas no voy a terminar por contar ninguna". No, el español les insufla vida a cada una de ellas y nos invita a seguir el hilo del deseo de que nos cuenten un cuento y otro cuento y otro.

El final en la escena de la moviola, cuando Harry Caine nos vuelve a contar la película que Almodóvar ya nos contó 20 años atrás, cuando constatamos que la magia todavía funciona, ahí la máquina se detiene y nos caza en nuestro deseo, nos devuelve nuestra propia imagen de necesitar que nos sigan contando. Es un final que remite a la posición del espectador y destinatario de los relatos, como los niños que esperan otro cuento, parecido y a la vez distinto al final de Bastardos sin gloria. Acá no hay crueldad sino puro goce, no hay mutilaciones sino un corazón palpitante y unas escaleras inmensas y peligrosas por las que siempre volvemos a caer sin hacernos daño.



Y aquí una de esas historias que nacen de Los abrazos rotos pero que quedaron afuera de la película:



5 comentarios:

Hernán dijo...

Maravillosa la película, y coincido con tu análisis. Rescato lo que decís sobre ese placer extremo que tiene Almodóvar en tramar historias intensas y retorcidas, en volver verosímil lo inverosímil. Le encontré a Los abrazos rotos muchas cosas en común con La mala educación (para mí otra gran película, mucho más enrevesada y orientada hacia el film noir). ¿No es el plano de las dos manos ciegas que intentan penetrar en la imagen estallada y ruidosa del video del último beso uno de los planos del año?

Saludos.

Oscar Cuervo dijo...

Hernán: coincido en cuanto a Los abrazos... No así con La mala educación, en la que, según mi apreciación, nada funciona como debiera. Acá me parece que Pedro logra el balance exacto entre noir, melodrama y disparate y que Penélope rinde de un modo espeluznante (ciertamente mejor que el remilgado Gael García Bernal, al que hacer de gay le daba miedito).
El plano que mencionás es formidable. Pero también me parece maravillosa toda la línea de la lectora de labios, con ese sublime remate en el que Penélope se dobla a sí misma.

martha dijo...

Hola gente: ojalá pudiera ir a verla hoy. Todavía no he salido a ninguna parte a ver espectáculos.
Vengo viendo todas sus películas desde hace años porque hice un Curso y ésta no me la pienso perder. Recien ha cumplido 60 años , según leí.
Penépole es una grande a la que desperdiciaron en Hollywood, no digo nada nuevo. Menos mal que la rescató el manchego.
Bueno, veré. martha

Anónimo dijo...

la pe esta entre audrey hepburn y la loren , q mezcla mas rara, pero no le llega a los tobillos a ninguna de las dos

nastenka dijo...

JAJAJAJAJA
Buenísimo el video.
Un monólogo muy gracioso.
Aunque no me gusta mucho cómo actúa.