domingo, 18 de enero de 2009

Qué (no) hacer frente a los crímenes de Gaza


Por Alejandro Kaufman

La masacre de Gaza a la que estamos asistiendo consternados sin poder hacer nada por impedirla y sin poder evitar contemplarla, como sucede con todo lo que sucede en las agendas de los medios de comunicación de masas, dejará un corolario: la palabra árabe "naqba" (catástrofe) con que los palestinos designan la creación del estado de Israel tendrá que quedar definitivamente incorporada a la historia y a la memoria judías. Por lo menos una versión de la memoria y de la historia judías exigirá la presencia de la naqba en los registros de la memoria de la shoá.

Si los años transcurridos no hubiesen sido suficientes, si no hubiesen ya consumado el relato de la tragedia palestina, el acontecimiento de la naqba habrá sido definitivamente configurado por la masacre de Gaza, por el deambular aterrorizado de una multitud de un millón y medio de seres humanos en un ínfimo territorio dentro del cual fueron encerrados por un desalmado bloqueo.

En ese encierro reside el pasaje al horror específico de estos días en relación con la guerra del Líbano de hace dos años. La población civil de Gaza no tiene salida ni resguardo. Los santuarios que las normas reconocidas del derecho garantizan son vulnerados brutalmente, las fuerzas invasoras ejecutan a víctimas civiles a sabiendas, cuando podrían evitar la carnicería. No sólo la consuman sino que la justifican asignando toda la responsabilidad a quien emplea la matanza como siniestro beneficio de guerra en contra de su enemigo mortal. Nada mengua la responsabilidad criminal de los perpetradores. No hay excusa para que hayan muerto hasta la fecha más de mil personas. Centenares de niños asesinados. Miles y decenas de miles de niños heridos, mutilados o aterrorizados tienen sus vidas marcadas por el trauma de una acción bélica demencial y despiadada que sólo puede alimentar futuros odios, venganzas y violencias.

Israel actúa así porque siente que la supervivencia del exterminio nazi del pueblo judío no le deja otro camino. Que sólo depende para sobrevivir de la fuerza bruta que sea capaz de ejercer. Que amerita aliarse con los poderes más formidables e injustos con tal de sobrevivir. Que actuaría como actúa aun sin apoyo externo, como ya ocurrió en su momento. Que el mundo, cómplice de la shoá –al menos por omisión-, no puede garantizar tampoco la supervivencia material del estado judío, aunque puede culpar a los "judíos" de todos los males, como lo ha hecho en el pasado. Israel no respeta las voces del mundo, porque siente que esas voces que ahora la condenan fueron impotentes frente al exterminio.

Lo que Israel esperaría del mundo es que se rectifiquen las condiciones que hicieron posible la shoá, al menos para la supervivencia pacífica del estado judío en el Medio Oriente. Esto, que no ha ocurrido en absoluto, sólo contribuye en cambio a que, al descansar la supervivencia del estado judío en la propia fuerza bruta, al haber transcurrido sesenta años de guerras sin perspectivas de arribar a una situación de paz y convivencia, solamente perseveró el peor camino, un camino que vemos a dónde está llegando, y no sabemos hasta dónde puede llegar aún.

Un error corriente que se ha venido cometiendo es haber creído tantos, israelíes y judíos, y no judíos y no israelíes, que la supervivencia a la shoá justificaba la existencia del estado de Israel. No la justificaba ni la justifica. La explica, pero explica también la brutalidad de que es capaz el brazo armado de ese estado. Lo que en cambio resulta increíble es que tantas buenas conciencias, tantas almas bellas puedan pensar que haber sobrevivido a la shoá es aleccionador de bondad, de buen corazón, como si la shoá hubiese sido un gran experimento moral edificante, en el que el sufrimiento habría vuelto bondadosos a los sobrevivientes. Y es que el sufrimiento, la humillación, abren el camino en espiral a nuevos sufrimientos y humillaciones. Que las víctimas puedan convertirse en victimarios, aunque no sea una ley cíclica de la condición humana, forma parte privilegiada de las posibilidades indeterminadas del alma.

Entonces, negarle a Israel el reconocimiento, amenazarla con la desaparición, asediarla y acosarla con violencia, son formas seguras de provocar su brutalización más extrema. Es lo que está ocurriendo en estos días, y no disminuye un ápice la criminalidad de las acciones israelíes, ni es razón para asignar una mayor responsabilidad a sus enemigos.

No puede haber paz en el Medio Oriente si los israelíes y el conjunto del pueblo judío no comprenden (como muchos no lo hacen) que los palestinos han sufrido injusta e indeciblemente como consecuencia de la instauración del estado de Israel, y que han sido exiliados y masacrados.

No puede haber paz en el Medio Oriente si los palestinos no comprenden (como muchos lo hacen) a los israelíes judíos como un pueblo que volvió del exilio y sobrevivió al exterminio.

La naqba no es equivalente ni homologable a la shoá. Tampoco su consecuencia mecánica. Son dos tragedias diferentes, cada una inconmensurable con la otra, ninguna pensable o rememorable desde estos años sin la otra.

Debemos condenar sin reservas ni mezquindades, sin falsas lealtades ni intimidaciones la violencia brutal, despiadada y criminal que los israelíes han perpetrado y perpetran contra el pueblo palestino. Ninguna otra condición es más deletérea para la supervivencia del pueblo judío en la actualidad que el inmenso daño perpetrado contra los palestinos por judíos en nombre del judaísmo. Si Hitler no consumó el exterminio físico del pueblo judío, habrá de ser la crueldad brutal infligida a los palestinos la que vacíe de todo sentido a la actualidad de la condición judía como tal.

A la vez, es necesario luchar contra el antisemitismo. El odio hacia los judíos no es suscitado por lo que los judíos hacen sino por lo que los judíos son, o han sido. Repudiar con justicia lo que los judíos hacen demanda palabras que no signifiquen condenarlos por lo que son o han sido. A tal fin es necesario respetar las memorias del pueblo judío y de la shoá, para repudiar los crímenes perpetrados por los judíos del presente en nombre de los judíos inocentes del pasado. La preservación del legado ético del pueblo judío requiere ese repudio inequívoco.

Lo dilemático es que si la oposición radical a la violencia criminal perpetrada por Israel no se deslinda del antisemitismo, entonces se contribuye a consumar la voluntad exterminadora que el nazismo ejerció contra el pueblo judío. Quien dibuja una svástica junto a una estrella de David, con conocimiento o sin él, con odio antijudío ostensible o inconsciente, adhiere al ciclo interminable de violencia y odio que en la historia han mortificado y perseguido a los judíos. De esta manera sólo se conseguirá la prosecución del horror, no la difícil construcción de la paz. Habrá que comenzar a preguntarse si quienes condenan la violencia israelí con saña antisemita lo hacen por compasión con los palestinos o por odio a los judíos. A esto alude el poeta palestino Majmud Darwish en su intervención en la película de Godard, "Notre musique". Es una pregunta que hoy mismo se impone.

Necesitamos oponernos a las acciones criminales de Israel sin profanar la memoria de la shoá. Para ello contamos con un instrumento precario y frágil, el corpus de los derechos humanos, instituido en su forma y legitimidad actual como consecuencia del horror de la Segunda Guerra Mundial, que incluyó la shoá como emergente radical del mal. Esa tenue plataforma es lo único con lo que contamos para luchar por la justicia en lugar de atizar las llamas del odio y la violencia.

Hagámoslo, por difícil y débil que sea. Usemos el único recurso posible frente a la desesperación.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que no puedo sino coincidir con los tres primeros párrafos de este texto, salvo en lo que me parece es una lateral imputación de criminales, a aquellos que otros pensamos se puede calificar de resistencia armada. Vale discutir si los hombres que llevan cuarenta años de ocupación y sojuzgamiento, como bien señala el autor, no tienen derecho a resistir tal opresión. Pero la indignación es compartida, y ojalá la naqba quede incorporada a la historia del sufrimiento milenario de los judíos.
Sin embargo cuando explica las causas que encuentra en el modo de actuar de Israel, creo que comienza a desvirtuar lo escrito anteriormente. La inclusión – arbitraria – del mundo en su totalidad como partícipe en la shoá, es alarmante. Carece de rigor histórico sostener que el mundo, aunque más no sea por omisión (que generalización poco certera!), acompañó semejante holocausto. Y en el mismo párrafo los que fueron “cómplices”, se transforman en “impotentes”. Este armado intelectual, que vincula en el terror milenario a la desapareción del pueblo judío con la acción presente del estado burgues israelí, puede funcionar como recurso de construcción simbólica al interior del país, pero parece poco serio para analizar la realidad desde el lugar académico. ¿Cuáles son “las condiciones que hicieron posible la shoá” que persisten y que el mundo debería rectificar. ¿Cuándo el estado de Israel hizo algo para, con la conciencia histórica de la masacre que parece portar impolutamente, transformar esto? ¿Acompañó la declaración de genocidio respecto de la matanza de un millón y medio de armenios por parte de los turcos en la ONU, o se asoció en el boicot a su socio norteamericano? ¿Condenó el bloqueo a Irak sustendado en falsas denuncias, que implicó la muerte directa de medio millón de personas? ¿Se ocupó alguna vez de frenar las acciones de sus socios mayores en África, donde las matanzas políticas apoyadas por las potencias han desvastado poblaciones enteras? No, jamás se convirtió, desde su lugar trascendente como el pueblo más perseguido, en un actor internacional que imponga el testimonio del oprobio y del dolor. ¿Qué tan afuera del mundo está, que no pudo participar en ese proceso?. Totalmente de acuerdo con Kaufman en que la shoa explica pero no justiica la instalación del estado de Israel. Y diré más, mucho antes que el nazismo, Europa sometió al pueblo judío por mucho tiempo y en muchos lugares, y eso explica el Estado judío, como lo describe Teodor Herzl, mucho antes de la sospecha siquiera de la shoá. Pero estoy totalmente en desacuerdo en que aquel sufrimiento abrió lugar a este sufrimiento. Que la brutalidad se trasvase en una espiral de víctimas devenidas victimarios. Nada sostiene este razonamiento como explicación de la actuación vergonzante del estado burgues israelí en los últimos 40 años. ¿Son crueles porque sufrieron la crueldad y se quedaron con miedo? ¿O son crueles porque son un estado capitalista poderoso?
Tampoco creo que las declaraciones altisonantes de intenciones de hacer desaparecer el estado de Israel, tengan entidad como para que alguien en el propio estado israelí las tomen como causa validera para tal reacción. ¿Hamas haría desaparecer a Israel con unos miles de cohetes de fabricación casera?. ¿Las declaraciones del presidente de Irán, solitario y ajeno al mundo árabe son las amenazas tan importantes?. Por favor Kaufman, el miedo instalado en la población a partir de los medios puede ser importante, pero los que deciden estos ataques tiene bien claro que si Nasser con un alto nivel de unidad árabe y la URRS como silente apoyo no los expulsó en 1967, no será en esta realidad guerrera donde Israel pueda desaparecer. Así que busquemos la causa en otro lugar.
Pero el problema central de su texto está en la sostenida idea de que así como no cambiaron las condiciones que permitieron la shoá (que permitirían la desaparición del estado de Israel), cada acusación de bárbaro, delicuente y homicida al estado de Israel, es un acto larvado de antisemitismo. Lo malo es que no puntualiza dónde el antisemitismo aparece. Quiénes son los que confunden una cosa con otra. Porque sería una tarea sumamente productiva deslindar los discursos, develar los entramados donde el racismo se apropia del discurso político leal. Al no hacerlo, confunde, y creo que lo hace arrastrado por la propia confusión que su texto contiene. En lo personal tengo por cierto que me opongo a la violencia criminal del estado israelí, y que no soy antisemita. Que no catalogo de nazis a Olmert y su pandilla, porque es históricamente incorrecto. Pero si de asesinos. Y creo que deberían, solo por estos últimos 20 días, sentarse frente a tribunales internacionales. Y vuelvo a preguntar ¿Quiénes son “los que condenan la violencia israelí con saña antisemita”?. ¿Kaufman acaso nos está proponiendo a todos los que consideramos a israelí un estado invasor, un ocupante ilegal de tierras, un opresor que niega a más de 2 millones de personas el derecho a la identidad, a una vidad digna, al aprovechamiento de sus recursos naturales, que demos cuenta de nuestra amistad por el pueblo judío?. Si él dejara claro donde encuentra el discurso antisemita en las críticas al estado de Israel, y quienes lo perpetran, su texto tendría mayor potencia intelectual. Así, todos los gatos son pardos.
Y por supuesto que el reconocimiento mutuo como iguales es esencial. Más allá del dolor que uno y otro hayan sufrido.Pero en estos últimos 10 años hay muchas más pruebas de la aceptación por parte de los palestinos del estado israelí, que de estos de los justos reclamos de aquellos.
Los derechos humanos surgen después de la guerra y la ONU los instaura en 1948. Apenas unos meses después de la resolución 181, de creación de Israel, y 20 años antes de la resolución 242, que obliga a aquel estado a retornar a las fronteras anteriores a la guerra de los 6 días. Allí tenemos 2 herramientas centrales para caminar hacia la paz, Dos resoluciones claras, concretas y aceptadas por la comunidad internacional. Si ambos actores se avienen a respetarlas, seguramente el camino será más sencillo.

clinamen dijo...

Algunos de los comentarios de Cholakian sobre mi artículo requerirían de su parte una relectura, dado que mis posiciones están clarísimas en el texto. En cambio, él me atribuye afirmaciones que no hago de ninguna manera.
Introduce además temas que no tienen relación con lo que se discute en el texto, y que requerirían un libro para desarrollarlos, pero con respecto a los cuales no trato en el texto. Entonces no se entiende porqué los menciona. ¿Qué tiene que ver la posición del Estado de Israel respecto del genocidio armenio con mi texto? Me he pronunciado al respecto en forma absolutamente inequívoca en otra parte.
Leí su contribución posterior a la misma y no tengo mayores objeciones. Tratamos el tema desde perspectivas analíticas diferentes. El problema es muy complejo y se puede abordar de muchas maneras.
Lo que es más difícil es ponerme en la situación de tener que repetir lo que dije en el texto, dado que Cholakian responde a cosas que de ninguna manera afirmo. Esto es clarísimo, y tener que repetir lo expuesto quita interés a un eventual intercambio. Para que valga la pena hay que discutir con el texto, no con un imaginario interlocutor al que se le atribuyen posiciones que no se han expresado, ni mucho menos se sostienen.
No tengo inconveniente en debatir lo que sea, pero esto requiere un gran esfuerzo de interlocución, que hay que construir y preservar a cada paso.

Anónimo dijo...

"No puede haber paz en el Medio Oriente si los palestinos no comprenden (como muchos lo hacen) a los israelíes judíos como un pueblo que volvió del exilio y sobrevivió al exterminio."

Qué culpa tienen los palestinos del exterminio en Europa? De qué "exilio" habla Kaufman? De los mitos bíblicos en los que los palestinos expulsados no creen?

Anónimo dijo...

Kaufman, lamento no haber sido claro en alguna de mis reflexiones sobre su texto. Voy a intentar ser más preciso, si Israel espera del mundo que se modifiquen las condiciones que hicieron posible la shoá, ¿qué fue lo que Israel hizo, como actor internacional y parte del mundo, para que esto ocurra?. Contesto lo que yo pienso: nada en absoluto. Y aclaro, mis preguntas sobre cuestiones que no están incluídas en el texto refieren a cosas que podría haber hecho y no hizo. Tal vez lo mío fue un exceso literario y lo admito. Suelo complicar las cuestiones más sencillas.
Ahora bien, el resto de mis reflexiones apuntan más bien a otras cuestiones y todas concretamente puntualizadas.
Si le interesa hacerlo, y lo digo con la mayor humildad, a mi me importaría mucho deslindar la cuestión del antisemitismo en los discursos contrarios a las políticas israelíes. Usted afirma haber sido extremadamente claro, yo creo que no lo es. Por supuesto que el tema es sumamente complejo, pero las generalizaciones y las contradicciones en el cuerpo de un mismo texto, no ayudan a construír un camino. Tome nota que en el final abrazo su idea de pensar los DDHH como herramienta, y propongo sumarle las 2 resoluciones más claras que tuvo la ONU al respecto.
Finalmente, no discuto con ningún interlocutor imaginario, Kaufman. No me menosprecie tanto. Yo no le atribuí a usted posiciones respecto del genocidio armenio o la masacre de Ruanda, hablé de lo que no hizo el estado de Israel en relación con cambiar lo que indudablemente debe ser cambiado, la posibilidad de exterminio de un pueblo. Situación que ni remotamente le imputo a su persona (lo aclaro porque poco me gustaría que se crea que yo confundo su palabra con la acción del estado de Israel).
Por el resto, me gustaría que me diga en que más me equivoqué, porque estoy dispuesto a admitir cada uno de mis errores. El debate me interesa en tanto me sirve para pensar "con" y no para pensar "contra". Eso sería jueguito para la tribuna y no es mi estilo.
Mi mayor respeto

clinamen dijo...

Estimado Daniel,
Paso a responder a su nuevo comentario.
Ud. indica que deslegitimo la lucha palestina, cosa que no se desprende en ningún momento de mi texto. Ud. dice: "lateral imputación de criminales, a aquellos que otros pensamos se puede calificar de resistencia armada", y eso no lo digo ni insinúo en ningún momento. Ese es un malentendido mayor en un texto como el comentado. A partir de ahí se tergiversa el sentido de todo el artículo.
En segundo lugar, hablo de un conflicto con el "mundo" (una figura filosófica, eventualmente una metáfora, pero que entre 1939 y 1945 fue muy concreta y en absoluto una generalización ni una abstracción, y que después de esa fecha se encuentra bajo interpelación por la memoria de la shoá). Y Ud. lo que hace es orientar el comentario a la serie de culpas de Israel, como único factor de la ecuación. La parte en que señalo la responsabilidad criminal de Israel le parece muy bien, pero cuando trato de abarcar la complejidad integral de un problema mayúsculo, ahí ya nada le viene bien. Lo más grave es que invierte la carga de la prueba. Si la población judía de Israel es el remanente de quienes no alcanzaron a ser exterminados por los nazis en la shoá, si esa condición sobreviviente se alude para explicar -hasta cierto punto- lo que de otro modo sería inexplicable, si se añade además que nada de ello JUSTIFICA lo que sucede, pero que sí es necesario COMPRENDERLO, la réplica suya es no aceptar este planteo, porque el miedo de los israelíes estaría provocado por los medios de comunicación (esto en sí mismo es una afrenta: decir que una psicología profundamente mortificada por la memoria de un exterminio se reduce a una manipulación mediática circunstancial) y por otra parte, lo que demanda su comentario es que toda la problemática se reduzca a que Israel debe dar explicaciones sobre todo lo que omitió hacer para reparar aquello de lo cual el pueblo judío fue víctima. Es lo que se hace con las víctimas frente a aquello que las victimizó: ELLAS son las que deben dar explicaciones, y no el "mundo". Donde digo mundo se pueden poner muchas otras palabras como "modernidad", "capitalismo", "Liga de las Naciones". No creo que allí deban situarse nombres propios.
Lo que los sobrevivientes del exterminio necesitaban y necesitan es vivir en paz. Aunque la instalación del Estado de Israel en Palestina significara la naqba, lo que el mundo "debería" haber hecho para dar cuenta mínimamente de la shoá, es contribuir a que en ese ínfimo lugar geográfico se pueda vivir en paz. No es lo que ha sucedido. Reducir todo este problema a categorías como "colonialismo", "imperialismo" y demás puede ser necesario pero no es suficiente.
Con respecto al antisemitismo doy un ejemplo en el texto, ¿pero soy yo quien debe dar explicaciones cuando afirmo que hay una serie de comportamientos difamatorios, infamantes, injuriosos y profanatorios? ¿Yo debo también aquí demostrarlo? ¿Debo ser el fiscal de esta discusión?
En cambio lo que quiero señalar en el texto es la enumeración de los problemas que habría que encarar para abordar un problema extremadamente doloroso y complejo. Propongo abordar esos problemas para poder COMPRENDERLOS, y de esa manera no aportar al odio y la violencia.
Y para hacer esto hay que pensar que no hay culpables esenciales, ni sujetos pérfidos por definición, ni ideas equivocadas por sí mismas, ni de un lado ni del otro.
Lo que hay es un conflicto entre múltiples diferencias, múltiples historias y memorias trágicas. Todo esto sería falaz si no señalara a quien es hoy el actor responsable de crímenes, cosa que hago en forma más que abundante. Pero esto no reduce toda la problematicidad histórico política a la perpetración de la masacre de Gaza.
En cuanto al antisemitismo, desde que ocurrió la shoá, a nadie que albergue odio y prejuicios contra los judíos le gusta sospecharse antisemita, porque es una mala palabra, debido precisamente a los horrores de la shoá. Pero no por ello se ha extinguido el odio a los judíos, así como el deseo de hacerles daño, mortificarlos o exterminarlos. Y esto no significa que haya que amarlos. Estamos hablando de la "solución final" y de sus secuelas y consecuencias, no de opiniones.
Antisemitismo hoy en día es cuando no se hace el esfuerzo de separar lo que Israel tiene de victimario de lo que tiene de víctima (sino al contrario, indiferenciarlos, identificar ambas cosas, para que solo sea culpable). Antisemitismo es atribuirle perfidia esencial y no tener hospitalidad para con los matices de todo el problema, para con su historia compleja. Antisemitismo es negar la shoá, no solo que haya ocurrido, sino las secuelas que dejó, y la vigencia del deseo de exterminar al pueblo judío (que albergan en distintos grados muchísimos discursos). Este deseo se profiere a cada momento, y con gran impunidad. Antisemitismo es negar que el talante paranoico y agresivo de Israel está relacionado con acontecimientos y procesos históricos, y no con la perfidia esencial de los judíos.
SUPER antisemitismo es llamar nazis a los judíos. Es una profanación infame y repugnante que no responde a ninguna necesidad ética ni política a los efectos de repudiar la violencia israelí y su responsabilidad en la opresión de los palestinos. No, solo se explica por la necesidad, el deseo o la omisión en cuanto a ofender y mortificar a todos los judíos. ¿No tengo derecho a reclamar que no se profane la memoria de mis deudos de la shoá en la lucha contra el Estado y el Gobierno de Israel? De esto quiero hablar, y también por eso escribí este texto, entre otras de las razones expuestas. No es una mini enciclopedia, sino un llamado de atención sobre la agenda que requiere abordarse en este debate. Si se trata de la paz, la convivencia y la justicia, entonces hay que hablar de muchísimas cosas. No sé si este es el momento, al menos no lo es en Gaza, donde hay destrucción y dolor. En ese sentido solo importa reparar allí el dolor y reconstruir lo que se ha destrozado.
Escribí el texto para repudiar las justificaciones (israelíes) de la ignominia israelí contra los palestinos, que me avergüenzan como judío. Pero la horrorosa generalización del antisemitismo me obliga a decir también algunas otras cosas, porque no puedo ser cómplice del exterminio del pueblo judío, en el que se cuentan mis abuelos y una gran parte de mi familia.
No tengo porqué dudar de su buena fe, pero Ud. Cholakian, después de leer mi texto, de lo único que quiere hablar es de Israel y de su culpabilidad. Y por añadidura me pregunta a mí al respecto, en lugar de "escuchar" y pensar en lo que digo. Respondió muy rápido, no pudo tener tiempo de releer un texto muy denso y complicado para lo que trato de decir.
¿Porqué no nos tomamos un tiempo para pensar en todo esto y procurar la formulación de preguntas que no nos lleven a un falso debate sobre culpables e inocentes? Esto lo digo solo en relación a mi texto, que es un llamado a la paz y a la reflexión.
Saludos
a.

Anónimo dijo...

Alejandro, muchas gracias por su respuesta, a la vez que apasionada, clara.
Reconozco que tengo para mí que la situación actual es consecuencia de 40 años de ocupación. Creo que la resistencia es definida por la ocupación. Y si es reduccionista (que por supuesto lo es), hablo de una variable clave, no de la única. Como usted escribe , no creo que el discurso de que la ocupación sostenida a lo largo del tiempo (aunque si en aquellos primeros años), pueda legitimarse en la memoria de la shoá.
No creo, sin embargo, que el estado de Israel se comporte de modo paranoico por hechos históricos irrefutables. El pueblo judío ha sido perseguido y asesinado, y no solo durante el nazismo. Pero como considero al estado como burgues y moderno, imagino a su dirigencia capaz de deslindar las amenazas concretas de exterminio: las que vienen de la historia, y las que provienen de alaridos de dirigentes menores.
Es probable que me equivoque y que haya un vínculo entre el temor y la respuesta violenta. Para mí es, hasta ahora, una respuesta calculada de un estado invasor. Una respuesta racional de un estado racional. Y esto en tal caso no es "perfidia esencial de los judíos", sino modos concretos y sostenidos en los últimos 20 años de hacer política.
Y si creo que Israel es parte de un mundo (actual), que sigue sin hacer nada por modificar las condiciones que permiten la concreción de genocidios, me equivoqué en exigirle un rol de conciencia moral. Si yo mismo lo considero un estado burgués, no corresponde aplicarle este lugar.
Respecto del conflicto, mis reclamos son contra el estado de Israel porque es el invasor desde hace 40 años. Y sigue sin reconocer tal condición. Creo que Israel no es "exterminable". No creo que nada en la realidad política mundial amenace su existencia. No existe un mundo árabe que desee y pueda combatirlo. No existe una comunidad mundial que cuestione su legitimidad. Habrá por supuesto megalómanos que digan disparates, pero no por ello producen consecuencias efectivas.
Yo vengo escribiendo hace un tiempo sobre la necesidad de no dedicarse a "contar muertos", pues nos instala en una lógica de amigos / enemigos, y no nos permite pensar el problema políticamente. Es que creo que la paz solo puede articularse desde lo político.
Sigue siendo mi manera de intentar abordarlo hoy, con todas las limitaciones que asumir un punto de vista tiene. El suyo, y lo digo con toda humildad, me enriquece.
Le agradezco las puntualizaciones. El texto original lo he leído en varias ocasiones antes de leer mi primer comentario, y sigo teniendo diferencias con el mismo. Creo que el recurso a la historia doliente como explicación (no justifición) la acción del estado de Israel no es realista. Aunque haya quienes lo enarbolen como discurso oficial.Tampoco comparto sus apreciaciones sobre el modo de deslindar antisemitismo de críticas al estado de Israel. Obviamente estas son cuestiones sobre las cuales es mejor debatir una vez que la reparación del dolor haya tenido lugar. Pero que serán importantes continuar en la búsqueda de una paz posible y sostenida.
Saludos, Daniel

clinamen dijo...

Como ayudar a Gaza
http://www.palestina.int.ar/noticias/Enero08/Noticia_401.html

Para hacer una donación en dinero, puede dirigirse a la página de la Oficina de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) y hacer una transferecia hacia una cuenta especial para Gaza.

Para hacer una donación en alimentos o medicamentos, lea a continuación el listado detallado de alimentos y medicamentos de necesidad urgente en la Franja de Gaza según requerimientos de la Autoridad Nacional Palestina:

Alimentos: 1) Harina 2) Trigo 3) Arroz 4) Azúcar 5) Leche en polvo (para niños) 6) Carne enlatada (tipo roastbeef) 7) Vegetales enlatados 8) Carpas para los refugiados (antilluvia y para familias de 8 personas) 9) Colchones 10) Frazadas 11) Pañales descartables (tipo Pampers) 12) Artículos de higiene 13) Agua mineral potable o filtrada embotellada 14) Linternas con pilas descartables

Medicamentos: Descargue el listado de medicamentos de necesidad urgente en Gaza.

Mayor información:

Comisión Cascos Blancos Argentina - Av. Leandro N. Alem 884, 3° piso - C1001AAQ- Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Tel. (54-11) 4310 2100 - Fax (54-11) 4312 0152 - Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio y Culto . República Argentina

Desocupado mental en la era del blog dijo...

Muy bueno el texto Alejandro. Soy Rodrigo Herrero. Te mando un gran abrazo. En cuanto pueda trato de dejar un comentario.