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sábado, 29 de noviembre de 2008

Guerín

Por Andrés Di Tella

Florencia

Mientras no hacía turismo, tuve oportunidad de ver algunas películas. Entre ellas, una vez más, Una fotos en la ciudad de Sylvia de José Luis Guerín, que ya había visto el día del estreno en Barcelona y que repetí en Princeton. Pero esta vez era en una función con música en vivo, a cargo de un conjunto italiano de... ¿free jazz? No estaba mal la música, pero me parece que los músicos sufrían un poco de horroris vacuis y no dejaron de tocar ni un minuto. De cualquier manera, la película para mí pierde mucho sin el silencio, que es lo que le da intensidad a las imágenes y esa atmósfera como de recogimiento a la proyección, de modo que estar ahí, en la sala oscura, mirando las fotos y los intertítulos que desfilan silenciosamente por la pantalla, se convierte en una experiencia inusual, próxima a la lectura.

Guerín andaba con un libro de arte, "Breve historia de la sombra", que me dio ganas de leer. Y me sorprendió con su conocimiento, o mejor dicho absoluta familiaridad, con el arte del Renacimiento, del que Florencia está plagada. En algún momento, a propósito de las secuencias de su película filmadas --o fotografiadas-- en Florencia, me empezó a hablar de la "mujer pantalla", en referencia al episodio de la Vita Nuova de Dante en que Dante, para disimular su amor por Beatriz, corteja abiertamente a otra dama. Por eso mismo, por ser algo secreto, su amor por Beatriz se vuelve más intenso. Esa otra dama es "la mujer pantalla" y esa, dijo Guerín, es la clave de la película. Por eso tenía que filmar en Florencia. Me recordó el concepto de Freud, de "recuerdo pantalla" (no sé si es el término que se usa en castellano, en inglés sé que se dice screen memory), que Guerín desconocía.

Es que Guerín es casi como un hombre del Renacimiento, o en todo caso de altri tempi, en el sentido de que parece vivir en un lugar muy alejado no sólo de Freud sino de cualquier contemporaneidad. Sus referencias cinematográficas, de las que habla con pasión ni bien alguien parece saber de qué está hablando, son Griffith, Murnau, Dreyer, Flaherty. Pero también Marey y Muybridge. No es casualidad que haya llegado a hacer una película muda. Pero, más que nada, Guerín tiene en la cabeza nombres, como Piero della Francesca, Paolo Uccello, Masaccio, que para mí suenan muy lejanos, como de otra galaxia. Hablar con él me ayudó a entender que es de esa galaxia que vienen sus películas. La mirada sobre la mujer que propone el ciclo de "la ciudad de Sylvia" (la película de ficción llamada En la ciudad de Sylvia, el experimento documental Unas fotos en la ciudad de Sylvia y la instalación Las mujeres que no conocemos) puede efectivamente parecer demasiado estetizante y estereotipada, incluso machista. Pero hablar con Guerín me hizo recuperar el primer impacto que me produjo la visión de Unas fotos... y, a la vez, advertir que la gran originalidad del proyecto tiene que ver, precisamente, con esa pasión de Guerín por los orígenes, por los orígenes del cine y de la fotografía, y por la imagen primigenia de la mujer que se puede apreciar en el arte que él ama. Y entrar en contacto con ese universo, tan lejano, es una experiencia que vale la pena. Y la Florencia medieval, el marco más apropiado imaginable.

Posdata en Buenos Aires: Me acabo de comprar Breve historia de la sombra, de Victor Stoichita, y cuál no es mi sorpresa, después de haber escrito lo anterior, al leer en la contratapa las palabras de Stoichita: "La relación con el origen (la relación con la sombra) marca la historia de la representación occidental. El propósito de estas páginas es seguir el hilo y los hitos de ese recorrido. No debemos extrañarnos del retraso que, en relación con la historia de la luz, caracteriza a la historia de la sombra, su explicación reside seguramente en que en realidad es el estudio de una entidad negativa".

jueves, 27 de noviembre de 2008

Tom Waits en la radio


Por Tom Waits

Hay una casa en mi barrio
abandonada y fría
los tipos se fueron de allí
mucho tiempo atrás
tomaron sus cosas
y no volvieron nunca
parece que estuviera embrujada
con las ventanas rotas
y todos la llaman
la casa donde no vive nadie.

Alguna vez la casa se pobló de risas
se pobló de sueños...
¿los desperdiciaron?
¿sabían ellos lo que significa
hacerle mal a alguien
o romperle el corazón?

Bien, la pintura está reseca
la madera descascarada
los papeles se amontonan en el porche
en el que alguna vez estuve
y los yuyos crecieron
hasta la altura de la puerta
había pájaros en la chimenea
y un baúl lleno de ropas
parece que nadie jamás volverá
a la casa donde no vive nadie.

Alguna vez la casa se pobló de risas
se pobló de sueños...
¿los desperdiciaron?
¿sabían ellos lo que significa
hacerle mal a alguien
o romperle el corazón?

Así que si encuentras a alguien
alguien con quien estar,
alguien con quien quedarte,
no lo cambies por plata,
no lo cambies por oro.
Yo tuve todos los tesoros
que la vida te puede dar,
y son hermosos y buenos.
Me recuerdan que las casas
están hechas de madera.
Lo que hace hermosa a una casa
no son las puertas ni los tejados.
Si hay amor en la casa
es de verdad un palacio.

Sin amor...
es sólo una casa donde no vive nadie
Sin amor no es nada
más que una casa, una casa
donde no vive nadie.





Este es el post número 400

de La otra.... Ugh, mé cansé!

Este domingo a la medianoche las hermosas canciones de Tom Waits en La otra.-radio. FM La Tribu, 88.7, www.fmlatribu.com

El narcisimo de las pequeñas diferencias

Por Andrés Di Tella

Florencia

En todas partes (y tiempos) se cuecen habas. En la Piazza della Signoria hay un impresionante monumento a Neptuno (foto), hecho en mármol de Carrara por Ammannati. Parece que Michelangelo se enojó porque no le dieron el encargo a él y dejó para los años una frase de resentido --¡Michelangelo resentido!-- que es como mejor se lo recuerda hoy a su rival: "Ammannato, Ammannato, che bel marmo ha rovinato!"

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Lenin en La Tribu: última proyección del año


Por Oscar A. Cuervo

Sokurov es un cineasta amado, y lo fue desde que vi los primeros minutos de Madre e hijo. En ese momento me dije: "esto que estás viendo no es lo de siempre". A medida que la película transcurría, lo que al principio fue sorpresa se transformó en algo más hondo. Mi recuerdo de sus imágenes y sus sonidos son muy precisos hasta hoy. Si he visto en mi vida miles de películas, ¿por qué unas pocas quedan y la mayoría se me olvida?

A medida que fui viendo más películas de Sokurov, me iba replanteando la imagen que tenía de él. Cuando vi Moloch, quedé algo descolocado, ya que yo esperaba ver Madre e hijo con otro título, pero lo que él me entregaba era muy distinto. Una película con Hitler pasando un week-end en su casa en la cumbre de la montaña. ¿Una película política? No sabría decirlo, me impresionó la atmósfera tenebrosa en la que se desenvolvían unos personajes más bien farsescos. Como si Sokurov no pretendiera darme "la verdad histórica sobre los últimos días de Hitler", sino otra cosa. Como si cualquier reclamo de verismo quedara totalmente descolocado en relación a lo que el filme me proponía, una especie de sueño ominoso, no exactamente una pesadilla, protagonizada por un payaso tristemente célebre, pero visto por primera vez de una forma distinta.

Después vinieron los llamados "documentales" sokurovianos, y cada uno fue a su tiempo un reconfigurar mi imagen de su cine. Spiritual voices me replanteó todo, no solo lo que yo sabía de Sokurov, sino lo que yo sabía de mi mismo en tanto espectador de cine... y hasta diría, lo que yo era como observador y como oyente. Al ver ...dolce, otro terremoto. Como si con cada película Sokurov me retara a dar un paso más, a tomarme más en serio, a mirar y a escuchar el mundo con más atención y más delicadeza.


A esa altura me fui haciendo amigo suyo a la distancia. Es para mí una persona conocida, conozco el ritmo de su respiración e imagino lo que podría responder ante determinadas situaciones. No es que se me haya hecho previsible, sino que tengo la sensación de conocerlo.

Cuando vi Taurus, fue distinta a como la imaginaba. No esperaba el tono de comedia, ni el ritmo ligero del montaje. No esperaba la gracia que me produjeron varias de sus escenas. Hay un touch sokuroviano en la imagen y en el sonido, que ya es como su marca de fábrica. Ni bien empieza, Lenin monologa acerca de un sueño, recuerda su infancia y lo que su madre le decía acerca de que los niños son los únicos capaces de escuchar el canto de los ángeles en el sonido de la lluvia. Lenin dice algo así como "pobre mi madre, no sabía que una tormenta es sólo electricidad. Rezarle a la electricidad es más eficaz que rezarle a Dios...". Sueño, lluvia, madre, hijo, Dios, infancia...

Lo que vamos a ver es algo así como el último día de vida de Lenin, un tipo desvastado por la afasia o simplemente por la vida, con chispazos de lucidez en medio de una creciente obnubilación. Es otra película sobre algo que se acaba. Pero también están todos los que giran alrededor del Revolucionario Senil. Las hermanas preocupadas por el futuro, el médico que teme ser fusilado en cuanto Volodia muera, esos desconocidos que lo espían todo el tiempo (y que van a reaparecer en otras películas de Sokurov), el visitante georgiano que resulta ser el mismisimo secretario general de Partido, o sea...


Este sábado a las 19:30 en La Tribu, Lambaré 873, Taurus. Última proyección del ciclo 2008.

martes, 25 de noviembre de 2008

Alejandro Kaufman sobre el conflicto en oriente medio

Por Alejandro Kaufman, julio de 2006 *

Contemplar a diario a través de los medios de comunicación cómo mueren y son aterrorizados los libaneses que viven en los territorios desde los cuales parten las amenazas contra la población israelí nos encoge el corazón y destempla el ánimo. La guerra no es sólo el despliegue de la violencia, sino también la trampa en que caen los pueblos cuando no encuentran palabras para la diferencia.

El momento en que corre la sangre por las ciudades del Medio Oriente no resulta el adecuado para perder la prudencia, ni para alentar estériles debates entre quienes estamos lejos del teatro de los acontecimientos.

Si lo que nos importa es la paz, la concordia y la resolución justa y consensual de los diferendos, resulta necesario que nos esforcemos en encontrar las palabras adecuadas para expresar nuestro anhelo de justicia e igualdad para todos los afectados por el desgraciado y prolongado conflicto del Medio Oriente.

Todos los pobladores del Medio Oriente tienen derecho a vivir en espacios civiles seguros y reconocidos.

Rechazamos la violencia ejercida por cada uno de los involucrados hacia sus oponentes.

Repudiamos la injusticia social, la desigual distribución de la riqueza que impera en forma estructural en el Medio Oriente.

Sabemos que además de la necesidad de cumplir con los acuerdos internacionales y asegurar la viabilidad de dos Estados, el israelí y el palestino, no hay en el presente mayores certidumbres ni caminos establecidos o garantizados.

Son demasiados los actores intervinientes en el conflicto que depositan su confianza en la guerra y la destrucción, en la pérdida de vidas civiles. Todos los ataques armados deben cesar.

Debe cesar también la amenaza a la existencia del Estado de Israel, ya sea armada o propagandística. Debemos instar a los autores de esas amenazas y a las fuerzas político militares que no reconocen al Estado de Israel a modificar su actitud. La denegación del reconocimiento del Estado de Israel implica una concesión inaceptable al negacionismo de la Shoá, que por otra parte se profiere sistemáticamente en la actualidad, como parte del conflicto del Medio Oriente.

Debe llamarse al Estado de Israel a la recuperación del legado moral del pueblo judío, actualmente en peligro de continuidad.

Aun cuando la razón de la fuerza pueda justificar ante los ojos del gobierno de Israel y de parte del pueblo israelí el ejercicio brutal de la violencia sobre la población libanesa y palestina, nosotros, como judíos, no podemos aprobar que la conservación de la identidad judía del Estado de Israel tenga ese precio. No estamos en condiciones de saber si un comportamiento más político y pacífico del Estado de Israel sería eficaz para defender la supervivencia de la identidad judía como tal en el Estado de Israel.

Es por ello que no podemos decidir ni intervenir en las políticas del Estado de Israel. Pero nuestro silencio o inacción no pueden interpretarse como apoyo ni indiferencia a la violencia ejercida contra miles de inocentes.

Hay numerosas voluntades que albergan el deseo del exterminio de los judíos. Auschwitz tiene vigencia y ejerce su influencia activa en el conflicto del Medio Oriente.

En necesario luchar porque la supervivencia del Estado de Israel sea compatible con condiciones de respeto a la alteridad que se han perdido hace mucho tiempo.

Expresamos nuestro anhelo y reclamo en ese sentido, sin por ello dejar de señalar que las fuerzas del antisemitismo y el odio exterminador a los judíos están vigentes y deben ser combatidos por las conciencias libres y democráticas del mundo.

* Nota del editor: Este texto llegó ayer como comentario de Alejandro Kaufman a mi post sobre Avi Mograbi. En los comentarios de ese post se aludía a la posición que tuvo Kaufman durante los bombardeos de Israel al Líbano en 2006. Y Kaufman creyó necesario citar un texto que él hizo público en esa oportunidad. Como el post ya quedó muy atrás y difícilmente muchos llegaran a leer el comentario de Kaufman, le ofrecí publicarlo como post.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Oposiciones



Por Oscar Alberto Cuervo

- El sistema político argentino es extremadamente frágil: siempre sujeto a las presiones de un establishment económico acostumbrado a tensar la cuerda para sacar ventajas de cada situación (los gobiernos radicales terminaron huyendo invariablemente del mandato que les asignaron, a pesar de estar muy habituados a ceder y ceder, razón por la cual hoy ese mismo establishment los pone como ejemplo de dirigentes abiertos al consenso); tenemos una prensa de naturaleza golpista, todos los golpes de estado y de mercado han contado y seguirán contando con su colaboración; la llamada "opinión pública" -pequeño-burguesía con pequeñas opiniones que vuelcan en contestadores automáticos radiales, editorializando lo que a estos mismos medios les interesa propalar- tiene un humor muy lábil, se come todo el pescado podrido que le tiran, pero nunca, jamás, se entera a tiempo cuando le meten el dedo en el orto (o se entera y le gusta), remember corralito.

- A propósito del corralito, ayer a la noche lo tuvimos a Domingo Felipe Cavallo en el programa de Grondona en C5N, diagnosticando y proponiendo recetas para resolver los problemas económicos de la Nación Argentina. Domingo Felipe Cavallo.

- Eduardo van der Kooy es el paradigma del periodismo argentino, tan neutro en su tonalidad, tan obediente a los dictados de su patrona. En el editorial de ayer domingo del gran diario argentino se le ve la tanga: "A Cristina le restan todavía tres años de mandato. Si las cosas no cambian, o al menos se atenúan, le resultará imposible recuperar la autoridad y la estima social que ha perdido". No hay base empírica que sustente una admonición tan tenebrosa como la que el vocero de Ernestina deja flotando: ¿qué autoridad y qué estima social ha perdido Cristina? ¿qué cosas se tienen que atenuar? ¿qué significa exactamente que a la presidenta "le resultará imposible" recuperar estima y autoridad? ¿de dónde emana ese dictamen de imposibilidad? ¿qué autoridad tiene el que se encarama a una tribuna dominguera que ha avalado todos los crímenes del estado terrorista sin hacerse jamás una autocrítica? En el fondo es bueno que los grandes medios de la Argentina tengan la continuidad que tienen, algún día alguien podría reeditar todos los panoramas políticos publicados por Clarín y La Nación cada domingo de los últimos 50 años. Si van der Kooy tuviera un resto de dignidad, debería dedicarle al menos un párrafo al rol jugado por Clarín en los años de plomo. Aunque esperar dignidad de un hijo de puta quizá sea una ingenuidad de mi parte.

- Es bueno, muy bueno para el sistema político argentino, con toda su fragilidad, que se estén articulando las fuerzas opositoras propiamente dichas, que las alternativas al kirchnerismo tengan sus propios candidatos y sus alianzas orgánicas: que el panradicalismo de Gerardo Morales y Alfonsín se encolumne detrás de Carrió, de López Murphy o de Cobos, que se decidan por alguno de ellos, incluso por todos ellos juntos: uno tiene ganas de ver la foto de todos los radicales juntos, ofreciéndose para gobernar el país otra vez, como en 1999. Es buena también la articulación de un frente del peronismo residual, encabezado por Felipe Solá, apadrinado por la famila Duhalde, con el respaldo de Rodriguez Saa, Ramón Puerta, Luis Barionuevo, José Manuel de la Sota; y mejor aún si logran un acuerdo con Mauricio Macri, y si fuera posible con Carlos Menem también. Este sector político tiene que tener una nueva oportunidad y la ciudadanía argentina tiene que considerar seriamente la posibilidad de otorgarles un nuevo mandato.

- Es muy bueno que la oposición se encarne en figuras visibles, porque cuando queda en mano de la raza infame de los periodistas, esos que jamás se consideran en la obligación de rendir cuentas por su trayectoria, todo se vuelve engañoso: ¿quién habla cuando hablan van der Kooy y Morales Solá? ¿son la voz de Clarín y La Nación o son dos turistas recién llegados de tierras exóticas? ¿son o no son los mismos que vienen comentando el panorama político de todos estos años? ¿se trata de figuras impolutas, que no forman parte del cuadro de las fuerzas que se disputan el poder ahora y antes?

- Es bueno que el rabino Bergman, el ingeniero Blumberg y los chacareros De Angeli y Buzzi, templados en la lucha por la cuota de pantalla, tengan la oportunidad de expedirse por los distintos proyectos que se postulan. Una cosa es tomar mate a la vera del camino u organizar marchas de pañuelos negros pidiendo criminalizar a la infancia y otra es comprometerse con un proyecto de gobierno. Finalmente los pequeños y medianos productores a los que pretenden representar los aliados de la Sociedad Rural podrán evaluar si sus dirigentes han defendido con eficacia los intereses del sector, si no les hubiera convenido la instalación de retenciones móviles o si sólo fueron la fuerza de choque del golpismo otoñal. Y el rabino y el ingeniero podrán encontrar también la ocasión de desplegar las ideas que proponen para combatir la inseguridad y decidir si esas medidas pueden ser mejor defendidas por el panradicalismo o por el peronismo residual. Y qué bueno será que las damas de la cacerola hagan explícito su voto positivo.

- Está en marcha una operación de Clarín para reavivar la figura de Julio César Cleto Cobos: al gran diario argentino le agradaría muchísimo que se desencadenara una crisis institucional, que el kirchnerismo echara a patadas al autor del voto no positivo. Ya van dos días seguidos de tapas instalando la idea de una "máxima tensión" entre presidenta y vice. Esa operación mediática no es tan buena para el frágil sistema político argentino. Los Kirchner han hecho gala de una notoria capacidad para recomponer su liderazgo, coronada por el impecable e implacable final de las AFJP, la reforma estructural más importante realizada en la Argentina desde aquella otra que instauró el régimen de privatización de las jubilaciones en los 90. Los peronistas lo hicieron y ahora lo deshacen. Tienen esa capacidad que a todos los que comentan la realidad sin incidir jamás sobre ella los pone tan nerviosos. ¿O acaso Carrió, Lopez Murphy, Morales, Solá, Alfonsín, Duhalde, Cobos, Nito Artaza, Lanata, Macri, Michetti o el rabino Bergman habrían sido capaces de tomar esta decisión de liquidar el engendro de Menem? Podrán usar cualquier artilugio discursivo, pero está claro que ninguno de ellos lo hubiera hecho jamás. Los Kirchner lo han hecho. Por eso, ahora no sería digno de su astucia en el ejercicio del poder que picaran el anzuelo de la "máxima tensión" y la "crisis institucional" que propugna la empresa preocupada por el triple play. A Cobos lo queremos ver en su relevante rol de vicepresidente hasta el último día de su mandato legal. Cualquier otra cosa sería una lamentable torpeza.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Miguel Ángel Bustos: Profecías y Temblores



Por Liliana Piñeiro

Adentrarse en la obra de Miguel Ángel Bustos (1932-1976), es abrir la experiencia al misticismo de la palabra. Poeta desaparecido por la dictadura militar argentina en 1976, publicó cinco libros: Cuatro murales (1957), Corazón de piel afuera (1959), Fragmentos fantásticos (1965), Visión de los hijos del mal (1967) y El Himalaya o la moral de los pájaros (1970), además de diversas notas y artículos publicados en diarios y revistas de la época.

Su amigo Leopoldo Marechal lo llamó “el místico salvaje”. Su poesía atraviesa varios estados: ora susurra en voz queda, como en “Poema en voz baja”:

Me acosté
en silencio
me levanté
en silencio
salí al sol del silencio.
Esta es mi patria
la tierra sin lengua.
Muramos
con el trueno
el simple trueno de la sangre
mi amor.

Ora profetiza su propia muerte (con resabios de la poesía de Celan), al homenajear a los muertos de los campos de concentración nazi, en “Mirando las fotos”:

Qué han hecho de nosotros
qué es aquel sangriento alambre de huesos
quebrados en el horizonte.
Silencio
sobre el polvo
silencio
cae la lluvia y la música lejana
sobre los campos.
Fue tan viva la muerte
que en estas tierras de paz dormida
se alzó y murió mil veces mi corazón.
Con influencias rimbaudianas, El Himalaya o la moral de los pájaros localiza un paisaje grandioso: pulsa el tono de la Conquista, que acalló tantas voces, y hace con la palabra el silencio siniestro de la tierra arrasada:

En la superficie del mercurio frutos y ramas golpeaban el barco, sin ruido. Y un río de aguas blancas devoraba el mar mineral. Aquel sol de Justicia se elevó sobre los volcanes y las nieves en busca de un refugio de salvación. Y en la mañana primera de la conquista sólo hablaron los pájaros.

Atravesado por las tragedias del país, el poeta enhebra su compromiso político en una trama cuya delicadeza posibilita vivenciar el dolor, que se alza desde el paisaje, por los compañeros caídos. Así escribe en “Sangre de Agosto” (dedicado a los fusilados de Trelew):

Puede la nieve cubrir la tierra por un siglo
trazar el frío un jardín de flores azules en el hielo
mientras el desierto soporta la hambrienta luz del cielo blanco.
¿Herético, cultor de una religiosidad pagana? Miguel Ángel Bustos (quien se declara Antiverbal), toma de la palabra poética su costado sagrado y profético:

Sólo el instante de una vocal es eterno. Pues lleva el poder divino. Cuando una profecía se hunde en una montaña, ésta conoce curvas ignoradas por su estructura. Sólo el temblor sobrevive a los años. El temblor del hombre es una profecía.

sábado, 22 de noviembre de 2008

463 scalini

Por Andrés Di Tella

Florencia

Esta mañana me desperté con vocación turistica. Por recomendación de José Luis Guerín, que anda por aqui, y que conoce Florencia como pocos (aqui filmó, o mejor dicho, fotografió buena parte de Unas fotos en la ciudad de Sylvia), fui al Duomo, probablemente el ícono mas famoso de una ciudad de íconos. Hay que subir 463 escalones para gozar de la mejor vista de Florencia. No los conté. Simplemente leí un cartelito, en la puerta de la escalera, que decia: "463 scalini - non c'e ascensore". Dudé de seguir la recomendación de alguien que no se animó a acompañarme, por sufrir de claustrofobia, mal del que yo también padezco, mezclado con un poco de vértigo. O sea, el peor programa imaginable: subir una estrechísima e interminable escalerita claustrofóbica, hecha para monjes diminutos del siglo XVI, y llegar al punto mas alto de la ciudad, sacudido por el viento y el vertigo... Alguna vez leí que el vértigo era el deseo de tirarse, no sé si será así, pero cada vez que estoy en una gran altura y sufro de vértigo, no puedo dejar de pensar en esa idea. No tenia ganas de tirarme pero sospechaba que seguir el consejo que Guerin mismo no se animaba a seguir podía ser una experiencia que valiera la pena. A mitad de camino, casi me arrepiento, pero tampoco era facil volver atrás o, mejor dicho, abajo. Al llegar a la cima de la escalera, sin embargo, ver aparecer finalmente el panorama en 360 grados de esta ciudad quedada en el tiempo (no hay edificios de mas de tres pisos y son casi todos antiquisimos) fue una visión que no creo vaya a olvidar. Y los 463 scalini algo tuvieron que ver...


Moris en la radio



El mendigo del Dock Sud - Moris

EL MENDIGO DE DOCK SUD

Yo soy el mendigo de Dock Sud,
vivo debajo del puente hormigón
y soy feliz.

Hoy el sol brilla, 15 de mayo,
y yo sentado al final del Riachuelo
soy feliz.

Las palomas vuelan de fábrica en fábrica,
el río de aceite parece contento,
como el Mar Negro de mis libros de historia.

Yo conozco la historia del Dock Sud industrial,
yo fui obrero de la Shell.

Yo soy el mendigo del Dock Sud,
y conozco el fin del Riachuelo,
ahí dónde comienza el aceite estancado,
y la civilización.

Yo soy el mendigo del Dock Sud,
dónde está la nafta y el petróleo,
ahí están los ríos llenos de basura
volcándose hacia el mar.

El mar forma erizado caminos mágicos,
debajo del mar.
El mar no canta su canto,
hay cantares de mar.
Una mariposa blanca se ha posado
más blanca

Yo soy el mendigo, sí, del Dock Sud,
y conozco el fin del Riachuelo,
Resplandecen al sol del planeta
montañas de dorado y negro.

El domingo a la medianoche, escuchamos a una de las figuras claves de la música moderna argentina. FM La Tribu, 88.7, http://www.fmlatribu.com/

viernes, 21 de noviembre de 2008

Tres películas argentinas

Por Oscar Alberto Cuervo

De dos de ellas ya se habló bastante este año, también en este blog, de la tercera puede que se hable bastante a partir de ahora.

- Volvió a las carteleras Aniceto, la última película de Leonardo Favio, el más grande, sin dudas. Había tenido un paso raudo por las salas en junio pasado, fue retirada de cartel por decisión del propio Favio y ahora vuelve por más. Se repuso la semana pasada y llevó 5.000 espectadores más, esta semana sigue en 10 salas. No es la mejor película de Favio, pero es una película de Favio, el mejor. El momento de verla es este, en buenas proyecciones y en salas de estreno. El que la deja pasar es un idiota.

- Sigue en cartel Liverpool de Lisandro Alonso. En mi modesto entender, la película argentina del año. Se está proyectando, tal como desea su autor, en la sala Leopoldo Lugones, un lugar en el que su cine se siente cuidado. Se proyecta 6 veces más: el viernes 21, sábado 22 y domingo 23 de noviembre a las 22 horas. El viernes 28, sábado 29 y domingo 30 de noviembre a las 22 horas. No verla sería cosa de necios.

- La Tigra, Chaco. Todavía no se etrenó. Para mí fue la gran revelación del último festival de Mar del Plata. Ganó uno de los premios más confiables: el FIPRESCI, de la crítica cinematográfica internacional. Es sorprendente el grado de veracidad que estos jóvenes cineastas (Federico Godfrid y Juan Sasiaín) han logrado extraer de un elenco sin fisuras. Una vez más, parece que queda claro que el cine no está hecho de temas ni de tramas, sino de miradas. Dentro de poco la película se estrenará en La Tigra, el pueblo de 7.000 habitantes donde fue filmada. Pero este domingo directores y pareja protagónica vienen a conversar a La otra.-radio (FM La Tribu, 88.7, http://www.fmlatribu.com/).

jueves, 20 de noviembre de 2008

Sólo el cine



Por Jean Luc Godard y Serge Daney

cuando quieras

historias del cine
y de la televisión
eso sólo podía venir
de alguien
de la nouvelle vague

la nouvelle vague
quizá la única generación
que se encontró
a la vez en la mitad del siglo
y quizá del cine

el cine
es la cuestión del siglo veinte
es la cuestión del siglo diecinueve
pero que se resolvió
en el siglo veinte

la suerte que ustedes tuvieron
fue la de llegar
lo suficientemente temprano
para heredar la historia
que ya era rica
y complicada
y agitada

la suerte de haber tenido bastante tiempo
para ver bastantes films
y formarse un criterio personal
de lo que era importante
en esa historia
y tener una guía
se sabe que Griffith
viene antes de Rosellini
Renoir antes de Visconti
y el momento preciso
de vuestra aparición
en una historia
ya narrable
aún narrable
que había sido contada
se puede decir
pero nunca narrada
pero había aún
bastante saber
y bastante pasión
para poder decir
y saber que se llega
antes de algo
y después de algo
el hecho de estar así
en la mitad del siglo

construir uno mismo su propia historia
saber
quién viene después de ustedes
la única oportunidad de hacer historia
y no porque había demasiados films
hay muy pocos
y cada vez menos
hay muy pocos
y cada vez menos

el historiador de la literatura dice
existen Homero, Cervantes, Joyce
una vez que nombraste a esos tres
incluyen a Faulkner o Flaubert

hubo muy poco
yo diría diez films
tenemos diez dedos
hay diez films

el cine
mi idea
lo que puedo expresar
ahora
era la única manera
de hacer
de narrar
de darme cuenta
que yo
tengo una historia
como persona


(Este sábado a las 19:30 en La Tribu, Lambaré 873, Bande à Part, de Jean Luc Godard).

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Con fracasos así quién necesita triunfos

Por Oscar A. Cuervo

La antepenúltima película de mi incursión marplatense de este año fue Ashes of time Redux, la reedición que acaba de hacer Wong Kar-wai de su cuarto largometraje, filmado originalmente en 1994.

Es siempre (casi siempre) una suerte tener un Wong Kar-wai a mano, al cabo de una semana en la que en algún momento cunde el desaliento por la acumulación de pequeñas, medianas y grandes decepciones. Así fue este Mar del Plata para mí, las películas que muchos anticipaban como grandes obras fueron a veces discretos ejercicios de retórica verbal revestidos con imágenes lustrosas (el Of time and the city de Terence Davies); intentos de aggiornar una mirada alla Ozu desbaratados por la ansiedad de ser sobre-explícitos (la de Kore-eda); melodramas que empiezan con elegancia para desbarrancar en alegorías groseras (la de Kurosawa); sobrevalorados telefilms que necesitan 102 minutos para redundar lo que estaba claro en la primera media hora (Vegas: Based on a true story); en fin, una lógica de estirar y estirar una sola idea cinematográfica (y a veces media idea) hasta abarcar lo que dura un largometraje.


Poco cine. Ahí es cuando se agradece la presencia de un título de Wong Kar-wai. Me gusta Wong Kar-wai casi siempre, incluso ahora que ya no está de moda (no me gustó lo último que filmó, My blueberry nights, una versión pasteurizada de sí mismo, adaptado para lo que Wong supone que puede ser digerido por el mercado yanqui). Me gusta incluso la forma que Wong tiene de fracasar. Se sabe que tiene algunas películas perfectas (Con ánimo de amar, The hand, Happy together) sobre amores fracasados; pero también tiene películas fracasadas sobre amores fracasados y me gusta mucho la manera como él fracasa: se empantana en medio de la belleza que es capaz de crear, se relaja y se abandona en una molicie inútil, con una pasión que fácilmente puede asociarse al ensueño masturbatorio.



Casi siempre se usa esta palabra para descalificar un cierto tipo de goce, pero se trata de un uso moralista que ordena encauzar todo goce en un fin productivo. Wong filma amores que nunca han sido, lo que concuerda perfectamente con la pasión masturbatoria. Cuando esa pasión encuentra límites precisos de duración y recursos, la tensión entre lujuria y escasez da lugar a resultados perfectos: The hand es un alto ejemplo de sublimación de la pasión onanista, la de la mano que acaricia las telas de los vestidos que van a contener al cuerpo amado y prohibido, la pulsión modista que anima el primoroso montaje neobarroco del Wong más Puig que se pueda coser.


Pero cuando Wong no encuentra una contención tan precisa, entonces se empantana y filma no una forma posible de la belleza añorada, sino que las filma todas a la vez sin poder decidirse por una. Eso es lo que pasó con 2046: es muy lindo fracasar así, dando lugar a momentos de una belleza tan extática y desbocada. Parece que eso ya le había pasado a Wong en 1994, cuando filmó la versión original de Ashes of time.


No me pregunten de qué trata la historia, porque es difícil precisar todo el juego de reflejos y duplicaciones, de anticipaciones y retornos que anegan la película. Yo puedo mirar sin cansarme un film así, una magnífica ensalada de géneros, espadachines, melodrama, dibujito animado, western, sin entender demasiado para qué lado va la cosa, si es que va para un lado. Es como la superficie de una piel que no se quiere dejar de acariciar, sin justificación posible, por el sólo gusto de hacerlo. Si Wong tuviera en estos casos un mínimo de recato, abjuraría de algunos de esos planos tan hermosos y poco funcionales. Pero Wong es un hombre tentado y, a Dios gracias, cae en la tentación.


Hay una cosa que queda muy clara en cierto momento de la película: en medio de un cast de superestrellas orientales (parece que las hubiera tenido a todas: Tony Leung Chiu Wai, Tony Leung Ka Fai, Leslie Cheung, Carina Lau), cuando aparece Maggie Cheung la película encuentra su centro solar. Maggie hace caducar toda belleza ante su propio esplendor, ella es la perfecta encarnación del deseo en el que uno se puede quedar fijado para siempre: así fue en 2046 y así lo es en Ashes of time Redux. Maggie es quizá la última estrella del cine en el sentido clásico del término, de una sugestión tal como el cine de hoy ya no parece capaz de producir. Wong se da cuenta de que tiene entre manos a semejante prodigio y se detiene largos minutos en ese rostro de forma perfecta, de un misterio que cautiva con mínimos gestos. Se trata del amor entre una cara y una cámara: ver durante unos minutos esa hermosura y después vivir para recordarla.

martes, 18 de noviembre de 2008

Mike Oldfield: un regreso a toda orquesta

por Diego Menegazzi

Mike Oldfield siempre ha sido un músico singular, con una obra difícil de clasificar. Desde que el mundo conoció Tubular Bells en 1973, Oldfield ha atravesado décadas siguiendo un camino propio en constante evolución y ha ido incorporando diversos sonidos, del rock al jazz, del pop al folklore étnico, pasando por la música electrónica. Discos como Incantations, Platinum, Crisis o The Songs from Distant Earth han sido algunos de los hitos de una carrera tan prolífica como ecléctica.

En los últimos años, Oldfield parecía haber agotado su inspiración, y sus acercamientos al sonido ambient-electrónico no convencieron demasiado. De ahí que se esperaba una vuelta al estilo musical de sus comienzos, donde Mike interpretaba y mezclaba él mismo una multitud de instrumentos de una manera más artesanal.



En marzo de este año presentó su nueva creación, Music of the Spheres, con la que sorprendió a propios y extraños. Es una composición escrita para orquesta sinfónica y coro, en la que contó con la colaboración de Karl Jenkins en los arreglos y la dirección general. Aquí, Mike solo toca la guitarra clásica y se destacan como músicos invitados, el pianista Lang Lang y la soprano Hayley Westenra.

La presentación mundial se hizo en el Guggenheim de Bilbao, España, donde Oldfield aparece acompañado por la Orquesta Sinfónica de Euskadi, el coro femenino de la Sociedad Coral de Bilbao y la mencionada soprano Hayley Westenra.



El título del disco, Music of the Spheres, refiere a una antigua teoría filosófica-matemática que decía que los cuerpos celestes tenían música en su interior, pero ésta era inaccesible para el oído humano. El propio Mike Oldfield lo explica de esta manera:

"En este mundo, todo tiene pulso o vibración. Este sonido es único en cada cosa viva o inerte. Y en sí misma crea una música que no se puede escuchar. Creo que esto tiene una poderosa resonancia en nuestras vidas, y con un efecto profundo. ¿Qué podría pasar si esta teoría la aplicamos a cosas mucho mayores, más poderosas, como todo el sistema solar o las galaxias? ¿Cómo sonaría?

"Musica Universalis es la ancestral teoría por la que cada cuerpo celeste, el Sol, la Luna y las estrellas, tienen una música interior. Es un concepto armónico y matemático derivado de los movimientos de los planetas en el sistema solar. La música creada es inaudible para el oído humano.

"Music of the Spheres es mi interpretación de esta teoría. Cada planeta y cada estrella, incluso todo el universo, tiene música que no se puede escuchar. Esto es como podría sonar si fuera libre. Esta es la música de las esferas".

lunes, 17 de noviembre de 2008

El corazón es engañoso por sobre todas las cosas



Por Martha Silva

En este film Asia Argento dirige y a la vez interpreta un papel rico en facetas y a la vez perturbador. Es una película de calidad al final de un año con pocos films recordables.

Aunque quizás no sea para todos los públicos. El tema del abuso infantil expone a la institución familiar de modo demoledor. El mundo en el que se mueven estos personajes incluye la violencia, aunque a veces no aparezca de modo explícito. Hay escenas que sólo se intuyen y quizás eso incremente la ansiedad del espectador que a veces opta por abandonar la sala.

Asia Argento es la hija de Darío Argento, aquel maestro del cine de horror italiano denominado giallo, y esta es su segunda película como realizadora. Asia trabaja como actriz y está dotada para roles truculentos, en los que hace gala de un erotismo y una presencia insoslayable. Toda ella es un exceso. Así lo demostró en el film de Abel Ferrara Go Go Tales, exhibido en el último BAFICI. En una sola aparición suya, acompañada por un gran perro, queda en evidencia.

En El corazón... los personajes centrales son Jeremías y Sarah. Ella concibió a este niño a sus 15 años, y al comienzo del film él tiene 7. Ha logrado rescatarlo de sus padres adoptivos, quienes no le demostraban afecto en absoluto. Cuando el niño protesta por esa separación, ella le manifiesta su capacidad de amarlo y a la vez le muestra sus limitaciones. Es drogadicta y ejerce la prostitución, y sus ocasionales parejas demuestran crueldad hacia el niño. Pero a la vez, ese hijo es todo lo que ella posee. Son el uno para el otro.

Una cosa es segura y es que los abuelos maternos, fanáticos religiosos (protagonizados por Ornella Mutii y Peter Fonda), no son una opción, porque en ellos no existe el afecto más básico. Pero en todo esto no hay el mínimo rastro de un discurso aleccionador.

El comienzo recuerda a los films de terror, pero se encamina hacia algo similar al clima de Tarnation, que tiene también en primer plano a una familia atravesada por la trasgresión permanente.

El de Asia Argento es un largo film de caminos en el que madre e hijo saben que indefectiblemente ella bajará de algún camión para encontrarse con él, al borde mismo de la ruta.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Algo



Por Oscar Alberto Cuervo

Con el aire fresco algo cambió: un par de películas argentinas que permiten avivar esperanzas. La que me gustó mucho es La Tigra, Chaco, de Federico Godfrid y Juan Sasiaín. Tiene alma. Es una película pequeña en presupuesto e inmensa en alma. Lo más curioso es que los directores tienen una formación teatral. Y lo que podría significar una objeción (para mí, decir que una película es teatral es casi lo peor que se puede decir) se transforma en un gran triunfo: no es teatral en absoluto, pero el trabajo con los actores es el corazón de la película. Por eso La Tigra llega a buen puerto allí donde muchas películas argrentinas naufragan: tiene uno de los elencos más orgánicos y afinados que yo recuerde en el cine nacional de estos últimos años. Ganó el premio Fipresci, que es uno de los más prestigiosos. También ganó el premio a la actriz protagónica, Guadalupe Docampo, de una fotogenia que es algo muy raro de encontrar por aquí. También el actor protagónico, Ezequiel Tronconi, tiene un desempeño admirable. Los dos son muy jóvenes y lo mejor que se puede decir de los directores es que tuvieron la suficiente astucia para dejar el alma de la película en manos de sus actores y no cayeron en la tentación de ponerse por delante de ellos. Es astucia, porque la obra se afirma en unos pilares muy sólidos. Se trata de esas películas en las que la cámara se mantiene discreta y atenta en el registro de las delicadas emociones que fluyen a través de las personas que aparecen en la pantalla. Probablemente realizadores y actores vengan pronto a La otra.-radio.

La otra película argentina que levanta el promedio es el documental Parador Retiro, de Jorge Leandro Colás y producción de Marcelo Céspedes. Es una cámara y un micrófono captando el fluir de la vida en una institución de asistencia social: el galpón que da cobijo a varios centenares de hombres sin techo de la ciudad. Ampliaré en la radio y en la revista.

Se dieron los premios. Afortunadamente ambas películas argentinas se llevaron algo. La Tigra, Chaco, ya lo dije, dos premios del Fipresci; y Parador se llevó un premio compartido con Diletante (película que aún no vi) en la competencia argentina. En el jurado de esta competencia estaba Albert Serra, quien días antes no se guardaba de decir que Parador Retiro era la única película respetable entre muchas a las que consideraba basura.

Lamentablemente el propio Serra no se lleva nada de los jurados que lo evaluaron en este festival. Peor para ellos. Este jurado integrado por Caetano, Peter Lilienthal, Pedro Olea, David Oubiña, Sarah Polley y Yu Lik-wai prefirió dos films claramente menores y sobrevalorados: Still Walking (Astor de Oro a la mejor película) de Kore-eda y la decididamente mediocre y, sí, teatral, en el mal sentido, Tokyo Sonata (Astor de Plata al mejor director) de Kishoyi Kurosawa.

Liliana Mazure dio una conferencia de prensa, flanqueada por el presidente del festival, José Martínez Suárez, el director artísitico, Fernando Peña, y el intendente del municipio de Gral. Pueyrredon, cuyo nombre no retengo. Parece que el festival sigue, que sigue en la misma fecha, que va a haber recorte de presupuesto y que las autoridades del INCAA y del Festival quisieron comprometer públicamente a las autoridades municipales y provinciales para que se pongan las pilas y en las próximas ediciones le brinden un apoyo más efectivo y no tan solo nominal al Festival. Esa es la sensación que dejó la conferencia.

Bien, me voy a ver Ashes of time-redux (de Wong Kar-wai) y L'Heure d'eté (de Olivier Assayas), tratando de irme de Mar del Plata con un cierto sabor a cine. Mañana en la radio tendré más tiempo de explayarme.

Aire fresco en Mar del Plata

Por Oscar Alberto Cuervo

Tenía que ver al menos una película que tuviera alma, la cosa ya se había puesto fulera. No puede ser, un día, dos días, dos, cuatro, seis, ocho películas y que ninguna tuviera alma. Hasta Jotafrisco había dejado de mandar sus informes diarios después de El cant dels ocells. Yo lo comprendo: también yo quisiera seguir escribiendo de la de Serra antes que perder el tiempo con sus rivales de la competencia internacional: el sobrevalorado Campusano, la danesa Fear me not, el realismo mágico islandés, el academicismo mexicano de Desierto Adentro... No las vi todas, ni lo pienso.

Quizá haya sido que la intuición me falló y elegí siempre las películas incorrectas, quizá llegué después de que dieran las mejores: la de Kitano, la de Garrell, JCVD. Me dice José Miccio que la retrospectiva de cine político italiano estuvo muy bien, Jorge García me recomendó una rusa que dejé pasar. Algo de todo eso trataré de ver mañana en la videoteca, claro que no es lo mismo. La cuestión es que la masa de aire caliente pareció estacionarse sobre el festival y mientras tanto las películas se me hicieron tan pesadas y sofocantes como el aire. Y ni la noche traía una brisa fresca.

Algunos dicen que la programación de este año fue realmente floja (en los festivales uno siempre prefiere pensar que ha elegido mal), que hubo graves desaveniencias entre los programadores, que José Martínez Suárez jamás se entendió con la segunda línea de los que venían trabajando en la gestión de Pereira, que lo más interesante eran los rescates de Fernando M. Peña. Hay quien se hace eco del rumor de que esta será la última edición de Mar del Plata. Otros replican que lo mismo se viene diciendo desde hace diez años. Por lo pronto, mañana a las 10:30 de la mañana hay una conferencia de prensa de Liliana Mazure, la presidenta del INCAA, que no estaba en los planes. ¿Será -en el más puro estilo K- para desmentir el rumor?

Ante la escasez de buen cine, uno tiende a retraerse hacia lo evidente. Pero lo evidente este año falló: la de Jia Zhang-ke no estuvo a la altura de sus antecedentes, la de Kore-eda no me convenció, se esperaba con cierta expectativa la de Kiyoshi Kurosawa (Tokio Sonata), pero resultó ser tan burda y esquemática que me hizo apreciar retrospectivamente a Kore-eda. ¿Qué premiará el jurado de la competencia internacional, si no El cant dels ocells? Me parece que cualquier otra decisión sería oprobiosa para el festival, pero de un jurado integrado por Israel Adrián Caetano no sé si se puede esperar lo mejor.

Pero el aire fresco llegó finalmente: con el chaparrón y con la proyección de Lake Tahoe, la película mexicana de Fernando Eimbcke (el de Temporada de patos). No es que sea una obra maestra, pero trajo aire fresco y, lo que a esta altura me resultaba imperioso: es una película con alma. Con una comicidad triste que abreva en el laconismo de Tsai Ming-liang sin imitarlo, la película de Eimbcke trata un asunto que cuando lo diga sugerirá un dramón (la muerte del padre de dos chicos, un adolescente y un niño), pero que en la película transcurre con gracia y ternura. Es cierto: no todo en Lake Tahoe funciona a la perfección, pero resulta que a esta altura de la semana yo necesitaba ver al menos una película con alma.

Clan of Xymox en La Tribu

Por Fernando Velazco

Pocas bandas de culto tienen tantos seguidores en América Latina como Clan of Xymox. La banda, que ya visitó Argentina en dos ocasiones, cumplió este año sus primeros 25 años desde su formación. Y a pesar de que Ronny Moorings, su cantante y único miembro original, es el único que queda para festejarlo, es también sabido que al igual que The Cure, los Xymox no necesitan más que a su líder para triunfar.

Encasillada dentro del estilo post-punk y goth-rock, la banda tuvo su pico de fama cuando estos movimientos estaban desapareciendo -en Seattle estaba surgiendo un nuevo estilo que cambiaría la década posterior-. Era 1989, y su canción Imagination lograba que el disco Twist of Shadows vendiera 300.000 copias.

Con un nuevo DVD editado este año, Visible, y la promesa de Ronny de tocar por estas pampas nuevamente a comienzos del próximo año, este domingo a la medianoche en La otra.-radio (FM La Tribu, 88.7) sonará algo de lo mejor que dejó la banda. Pero antes, dos preguntas que Ronny respondió exclusivamente para este blog.



- ¿Cómo podés describir a Clan of Xymox hoy en día?

- La mayoría de la gente que ha seguido a Clan of Xymox desde el comienzo hasta hoy sabe que cada álbum es diferente, pero el estilo sigue siendo el mismo. Los sonidos y los samplers son innovativos, nunca se detienen, y esa es la única manera de seguir si querés seguir siendo creativo. Pienso que es la razón principal por la que Clan of Xymox se mantiene y la gente se interesa por nuestra música. Es divertido que tengamos una gran base de admiradores a los que les gustan todo tipo de estilos, EBM, Electro, Darkwave, Goth, Pop, Rock... En algún momento durante todos estos años hicimos estos estilos.

- ¿Qué me podés contar de tu último disco Breaking Point?

- Es una especie de balance, en el que lo nuevo se combina con lo viejo. Hay temas como Weak In My Knees o What's Going On?, y canciones más temporales como Cynara o We Never Learn. Ha sido apreciado tanto por los fanáticos como por los críticos. Breaking Point es para mí una mezcla perfecta de los mejores ingredientes de Clan of Xymos.

viernes, 14 de noviembre de 2008

El sueño de las 4:13 el lunes a las 0:01



Por Erica Vainscheinker

El viernes 7 de noviembre se puso a la venta 4:13 dream , el nuevo trabajo de The Cure. Este disco tan esperado por los fans, es lo nuevo de los ingleses después del tan criticado The Cure del 2004.

Nuevamente, como a lo largo de toda la historia de la banda, Robert Smith oscila entre el romanticismo melancólico, su develamiento como ilusión, la desgarrada desesperación que esto genera, y el anhelo de recordar aquel bello y joven tiempo pasado.

Me emociona saber que todavía existe su voz.

Este domingo a la medianoche (0:00 del lunes, FM La Tribu, http://www.fmlatribu.com/) en La otra.- radio, escucharemos algo de La Cura.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Mi tercer día en Mar del Plata

Por Oscar Alberto Cuervo

Finalmente me pude sacar algunas dudas respecto de Albert Serra y de cierta imagen cínica con que el catalán aparecía en las declaraciones periodísticas. Ayer estuve en la charla que Serra mantuvo con Andrés Di Tella. Y también pude intercambiar unas palabras con él. Lo primero que me impresionó es su parecido físico con el joven Fassbinder, quizá una versión más apuesta del monstruo bávaro. Y de paso le pregunté si es verdad que uno de sus próximos proyectos es precisamente filmar la vida del director de La angustia corroe el alma. Cosa que me confirmó: más precisamente quiere retomar el asunto de Atención a esa puta tan querida, uno de los films malditos de Fassbinder, que hace un tiempo vimos en nuestro ciclo de los sábados. En Atención... Fassbinder contaba los pormenores de la filmación de otra película suya, Whity, un extrañísimo paella-chucrut-western filmado en Almería. Durante la filmación de Whity Fassbinder pasaba por un período especialmente turbulento (más que de costumbre) y, como se ve en Atención..., se volvió tan insoportable para su crew que terminó recibiendo una paliza de sus colaboradores. Bueno, parece que esta historia de poder y neurosis es de interés de Serra. Lo ideal sería que él mismo hiciera el papel de Fassbinder, pero no parece que vaya a ser el caso. No sé si el proyecto se va a concretar, ni lo que puede llegar a hacer Serra con ello, pero me quedó dando vueltas la idea de cierta similitud entre el bávaro y el catalán: hay en ambos una voluntad de pioneros, una energía que no admite encauzarse en los formatos tradicionales y una mordacidad que les confiere un aire de familia.

Por otro lado, el realizador de El cant dels ocells no es arrogante ni cínico, es capaz de hablar de su cine con mucha seriedad, sin abandonar un humor filoso que también se puede reconocer en las películas. Me preguntaba en el post de ayer si Serra era conciente de la seriedad del cine que tiene entre manos, y ahora creo que sí. Las frases como "hago cine por el dinero y porque es más fácil que la literatura" son parte de la estrategia que adopta Serra ante una prensa que le resulta mayormente venal. En cambio, hablando en un contexto más atento y respetuoso que el que suele reinar en las conferencias de prensa, Albert parece un idealista que quiere hacer cine para cambiar la vida, la suya y, si cabe, dice, también la de los otros. Así que no parece que los extraordinarios resultados logrados en sus dos primeros largos sean obra de la casualidad ni de un malentendido, sino de una posición vital seria y alegre.

En cambio, lo que me dejó con grandes dudas es el incipiente proceso de consagración, por parte de cierto sector de la crítica, de un cineasta argentino, José Campusano, que presentó ayer en la competencia internacional su largometraje Vil Romance. Hay algo atractivo en la posición cinematográfica de Campusano: filma ambientes lúmpenes del conurbano bonaerense (la película transcurre en Ezpeleta) y parece conocer bien los personajes que muestra. Por momentos su película fluye de manera orgánica y hay una notoria rusticidad en sus procedimientos estéticos que se adecua al tipo de ambientes que describe. En este caso narra una especie de historia de amor entre dos hombres, una especie de rockero bonaerense de alrededor de cincuenta y un chico joven. Para dar una idea aproximada del estilo Campusano (del que es posible que se empiece a escuchar hablar bastante de ahora en más), se trata de una cruza de Armando Bo con Raúl Perrone, más cerca del primero en la desinhibición con que se lanza hacia situaciones dramáticamente desorbitadas. La mayor parte del elenco está formado por no actores, sino por personas que provienen de los sectores retratados (entre los que se destaca con nitidez Oscar Génova, quien merecería un film mejor que este).

Hay algo atractivo en el sensacionalismo que Capusano cultiva: su mirada no es la de un pequeño-burgués que "baja" a submundos ajenos. Pareciera que cree en lo que filma. No obstante, hay una torpeza insistente que a la larga termina por producir un verdadero desastre. Campusano interfiere sobre los ritmos y climas de las escenas, precipita las situaciones en función de un guión preescrito, injerta líneas de diálogo y episodios en función de una narración forzada, siente la necesidad de interferir en las resoluciones dramáticas mediante una música compasiva y remata la historia con un final tremebundo. En la charla con el público posterior a la proyección, el director remarca que la historia que cuenta se basa en dos "terribles tragedias" que sucedieron realmente. El problema es que esas terribles tragedias (que pueden relatarse en los términos de la sección Policiales de Crónica) no terminan de integrarse a la verdad cinematográfica que logra en sus mejores momentos. Resultado: Vil romance está la mayor parte del tiempo bordeando el desastre y al final se desbarranca del todo.

Como parece que hay críticos dispuestos a erigir a Campusano en un nuevo tótem, es de esperar que esas palmadas laudatorias no terminen por crear un monstruo autoindulgente. Si el director se volviera más riguroso con sus propias posibilidades, tendríamos a un cineasta atendible. Si se cree los halagos que empezarán a regalarle, tendremos a un freak para las trasnoches bizarras.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

El festival de Benitez

A modo de diario. Esto por ahora.

Por Eduardo Benitez

Itinerario cinéfilo en marcha desde el domingo. Dos nombres brillan como estrellas solitarias: Jia Zhang- Ke y Albert Serra. Uno chino, el otro catalán. El joven chino se reafirma como uno de los grandes cineastas contemporáneos, el catalán también.

Hablar de 24 City (la peli de Jia) es hablar de cierta consonancia con el José Luis Guerin de En construcción, de una gran fábrica en proceso de demolición y de la construcción de un complejo en su lugar, de planos gigantes que retratan la lenta y constante mutación de un país gigante, de los presuntos testimonios de los presuntos ex habitantes. Digo presuntos porque el juego entre ficción y documental es cada vez más evidente en sus películas y Jia encauza a sus personajes por una línea que oscila entre la realidad y su representación. Habrá tiempo para pensar la última entrega del monumental cineasta chino.

A Albert Serra lo conocemos por su gran película Honor de Cavallería. El director catalán continúa con las transposiciones de grandes textos populares y a la versión del Quijote se le suma El canto de los pájaros sobre los tres reyes magos. Un canto a la desidia, con unos reyes magos que por lo menos bordean la neurosis obsesiva. Son tres a la deriva, naufragan en cada medida que deben tomar respecto de su marcha, dilatando los tiempos en cada decisión. Con algunas secuencias memorables en las que los tres reyes magos debaten sobre nimias cosas, puntada por un humor exquisito, El canto de los pájaros es lo mejor que pude ver hasta ahora. Es una película de esas que van pasando los días después de su visionado y va gustando más y más.

La gran ilusión (desilusionada)
En lo que llamo gran ilusión desilusionada se puede englobar a dos directores vecinos: Kitano y Brillante Mendoza. Aquiles y la tortuga es la última película de Beat Takeshi, tercera entrega de la trilogía (Takeshi´s y Glory to the filmmaker!) que ya venía evidenciando cierto estancamiento del gran japonés. Kitano sigue reflexionando sobre las mismas cosas que en sus dos películas anteriores: el proceso creativo, el arte como mercancía. En Aquiles y la tortuga retrata el descarnado universo de las artes visuales, el sistema de legitimaciones que se debe soportar para ser uno más en el campo cultural. Con un comienzo más que seductor que quiebra el tono relativamente académico de su inicio hasta virar a la comedia de humor absurdo, la película va agotando poco a poco, conforme van pasando los minutos por una saturación de chistes que al llegar al final resulta hasta molesto. Tal vez la búsqueda de cierto efecto de sentido por medio de la recurrencia sea el nuevo curso estético que Kitano le quiere dar a su obra, o simplemente sea la constatación de un autor que se está quedando sin ideas. De todos modos, no adhiero a la idea de que el Gran Takeshi esté por morir, ni tampoco su obra. Con respecto a Kitano me siento un esperanzado.

Arrastré a un compañero de FM La Tribu hasta una sala casi con promesas de paraíso cinematográfico en la proyección de Serbis, última película de Brillante Mendoza. Una decepción que no se hizo esperar. Tendré que cargar con la culpa del recomienda-bodrios, como pude escuchar a la salida de la función. La película del filipino tiene todo para ser un gran film: familia disfuncional de barrio lúgubre, un cine erótico derruido que es su sustento económico, y el errabundear de personajes lúmpenes que podrían ser pequeñas piedras preciosas como material de subtrama. Una riqueza bastante mal explotada ya que los conflictos interfamiliares no son más que griteríos histéricos. Ni siquiera las esperadas secuencias de sexo explícito que avisa el cartel del cine son tales, sino que son puro pudor disimulado. Una pito al sesgo, una teta filtrada, una fellatio furtiva. Al contrario de lo que sucede con el film de Serra, Serbis cada día que pasa convence menos.

La invasión de los "mirones" de cuerpos
Los pernoctantes no tendría ni que ser digna de mencionarse. Pero la rabia que produce es tal que uno no puede resistirse. Una película que se define a sí misma como "documental de observación", precisamente una observación horrorizada de las miserias con las que convivimos día a día en la ciudad de Buenos Aires. Los cuatro chicos directores egresados de la FUC observan desde la torre de cristal el mundo de cuatro "personajes" que viven en las calles porteñas. Así con la pretensión de hacer un film etnográfico, la película no puede salirse de la descripción sensacionalista del mundo que quiere retratar. Aprendices de Flaherty. Los chicos filman a sus personajes como si fueran esquimales. Se nota que estos esquimales urbanos son habitantes de un mundo totalmente desconocido para ellos. Hasta aquí podría ser admisible. Lo que molesta es que no se vislumbra la más mínima intención de develar ese mundo que observan, de lo que se trata es de poner en escena algunas secuencias desgarradoras, de buscar el shock por el shock mismo. "Me vino el cáncer, lo tengo en el culo, en las tetas, en la chucha", dice gritando a cámara una de las mujeres "observadas". Secuencias que no están lejos del obtuso documental de "investigación" de Rolando Graña.

Habrá que seguir recorriendo.

Mi segundo día en Mar del Plata

Por el Oscar Alberto Cuervo

El cant dels ocells: segunda película de Albert Serra, después de la escandalosa proyección que tuvo su ópera prima, Honor de cavallería, en este festival el año pasado. En aquel momento, la versión libre del Quijote hablando en catalán tuvo una proyección que se convirtió ella misma en un evento artístico: el silencio y la quietud en el que permanecían Quijote y Sancho en la mayor parte del metraje, la oscuridad casi completa de largos tramos del film, el humor absurdo goteado en dosis minúsculas y el lirismo áspero que no se hacía anunciar sino que irrumpía como involuntariamente, todos estos elementos fueron demasiado para una platea que se habría acercado al Auditorium a ver la película de Don Quijote y se encontraba con la aparición de un cineasta dispuesto a refundar el pacto con el espectador en términos absolutamente desdeñosos de cualquier concepto de espectáculo. El espectáculo fue el modo en que la platea se dividió en partes igualmente ruidosas entre quienes abucheaban tantas libertades tomadas sin permiso y quienes defendían su derecho a ver el film en silencio. Algo parecido parece haber pasado en muchos festivales con Honor de Cavallería. Esta vez, con El cant dels ocells, se trata de un público ya advertido, o quizá más cansado. La cuestión es que el segundo largo de Serra se puede ver en silencio, en medio de una platea ya bastante rala desde el comienzo. Algunos se van yendo, pero son pocos los que tiran la bronca.

El cant dels ocells es el relato de la peregrinación de los reyes magos en busca del niño Jesús, María y José. Y una vez más, un relato transitado hasta el cansancio por la cultura occidental vuelve a someterse al tratamiento Serra: mucho silencio, mucho pensar, mucho meditar, nada de evasión, y pensar. La diferencia más notable es que esta vez el catalán opta por un deslumbranbte blanco y negro que dispara el goce hacia alturas siderales. La potencia plástica de los paisajes agrestes por los que transcurren los reyes ayuda a elevar la experiencia a un misticismo que ya podía detectarse en la primera película, pero que aquí se hace inapelable. Está el humor absurdo que se desprende de la sencillez con la que los reyes encaran la magna tarea de ir al encuentro de la divinidad, su aceptación escueta de la presencia de los ángeles, el relato de sus módicos sueños. Serra se pregunta cómo puede aparecer lo sagrado entre la tierra, el cielo y los mortales; y se responde que tiene que ser con una modestia desconcertante. Es una de las películas más hermosas del nuevo siglo, con planos destinados a permanecer en la memoria por todo el tiempo que haga falta: eso para quienes acepten el misticismo y el humor que Serra propone.

La estética del film tiene bastante poco que ver con el tono entre arrogante y cínico con que Serra suele enfrentar al periodismo (o al menos eso es lo que muestran las transcripciones de la prensa). En las páginas de diarios y revistas el catalán suele parecer un tipo demasiado canchero, que dice que el cine no le interesa demasiado y que sólo se dedica a él porque da dinero, es más divertido y más fácil que la literatura. Una de tres: o Serra es un inconciente que no sabe lo que tiene entre manos o es un cretino que convoca a la belleza a pesar suyo, o es un provocador que cultiva dos géneros absolutamente diferenciados: el cine más puro y la boutade periodística más chocante. Hoy a la tarde Andrés Di Tella le hace una entrevista pública a Serra y será la ocasión de ver en directo si Serra es tan canchero como parece en los diarios.

Por otro lado, llegó la primera auténtica decepción: porque se trata de uno de los cineastas más importantes de los últimos años y porque parece haber dado su primer paso en falso, Jia Zhang-ke me deja proecupado por su 24 City. La película se inscribe en la temática habitual de Jia, la impresionante mutación que está experimentando la sociedad China, en tránsito hacia quién sabe dónde, pero dejando en el camino una estela de pequeñas vidas anónimas y de grandes ruinas irónicas. Eso es lo que esperamos del cine de Jia. El problema está en que el tipo que supo encarar la frontera entre el registro documental y la ficcionalización con una sutileza inusual acá parece moverse con una pereza inesperada. El film está estructurado como una sucesión de entrevistas de quienes han estado trabajando en una fábrica aeronáutica en proceso de desmantelamiento, para ser transformada en un complejo inmobiliario. Los entrevistados nos cuentan sus experiencias personales, carentes de la épica que se le suele atribuir a la marcha revolucionaria: esto, como siempre sucede en las películas de Jia. Lo que nunca había sucedido hasta ahora es que el cineasta lo encare de manera rutinaria. Los personajes sentados frente a una cámara fija responden a un entrevistador que permanece fuera de cámara, a la manera de la encuesta televisiva. Y hacen lo contrario de las personas que habitan los films anteriores de Jia: representan sus emociones. Esta representación empieza a sonar cada vez más falsa a medida que las emociones se hacen más novelescas. Entre los entrevistados se puede reconocer a algunas actrices que evidentemente representan una emoción guionada; en otros casos, queda sin saberse si también se trata de actores o de personajes reales. En cualquier caso,los testimonios suenan falsos. Los momentos en los que persiste la maestría del autor de Unknown pleasures son aquellos mudos en los que hablan las ruinas arquitectónicas de la China en demolición, mietras la cámara los recorre en sus panorámicas majestuosas que ya son su marca de estilo.

martes, 11 de noviembre de 2008

Mi primer día en Mar del Plata



Por Oscar Alberto Cuervo

Llegar, acomodarse, encontrar una ciudad llena de adolescentes (45.000!) que participan en los torneos juveniles bonaerenses, etc. Y empezar a ver películas:

- Still Walking, de Hirokazu Kore-eda: el director de Nobody knows filma una historia de familia, un día de reencuentro de padres ancianos, hijos adultos y nietos pequeños. Con motivo del aniversario de la muerte del primogénito de la familia. Una historia japonesa de encuentro familiar, de tres generaciones en interacción, en un barrio apartado de la ciudad de Yokohama. Lo cual remite inevitablemente a Yasujiro Ozu. Kore-eda no puede siquiera rozar la sobria majestad del director de Tokio monogatari, pero esa sería una exigencia desmesurada para casi cualquier cineasta. La película tiene momentos delicados, de una gracia melancólica. Pero cede a la tentación del subrayado, sobre todo en los tramos finales, como si no confiara en la capacidad del espectador. Los últimos cinco minutos son de pura redundancia sentimental y esa tentación de redondear el sentido y la moraleja (previsiblemente referidos al paso del tiempo y la serena aceptación de la finitud) casi arruina los aciertos logrados a lo largo del film. Quizá por ese subrayado es que la película logra entusiastas aplausos del público.

- Of time and the city, de Terence Davies. Sigamos con las comparaciones odiosas. Un cineasta en su madurez lanza una mirada elegíaca hacia su ciudad natal, Liverpool. Construye su poema visual con fragmentos de archivos, música evocadora y una voz en off recordando en primera persona y citando a autores célebres. Este género de film autobiográfico ha sido cultivado, con tonalidades muy diferentes, por genios como Jean Luc Godard y Aleksander Sokurov. Frente a tamaños antecedentes, el tono entre pomposo y sarcástico (muy propio de británicos) de Davies suena un tanto demasiado ramplón. Sobre todo en un momento del cine contemporáneo en el que documental, autobiografía y material de archivo están gozando de un tratamiento muy creativo. La película venía precedida de una muy favorable expectativa y se ve con agrado, pero está lejos de aspirar al lugar de las imprescindibles del festival.

Las grandes películas estarán por venir.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Philip Glass, un clásico del siglo XX



Por Diego Menegazzi

El norteamericano Philip Glass es uno de los compositores fundamentales surgidos en la segunda mitad del siglo XX. Nacido en 1937 en Baltimore, tuvo que formar a fines de la década del 60 su propio grupo, el Philip Glass Ensemble (incluye teclados amplificados, voces e instrumentos de viento) para poder presentar su música, que era rechazada por los círculos tradicionales y, al mismo tiempo, menospreciada por la vanguardia ortodoxa. Con el tiempo, un público muy heterogéneo ha apoyado incondicionalmente su prolífica carrera y lo ha puesto en un lugar de privilegio. Su capacidad de comunicación es algo que ha molestado a gran parte de la crítica “seria”. Lo cierto es que la música de Glass no conoce fronteras y su campo de acción abarca numerosas colaboraciones con el cine, el teatro y la danza.

Dentro de su prolífica producción, podemos destacar sus composiciones para piano solo. Se trata de piezas íntimas, despojadas, que pueden encuadrarse dentro de la tradición norteamericana de clásica música tonal. Es una muestra depurada de su estilo minimalista, basado en la repetición, pero que nunca deja de expresar lirismo y emoción. En su disco "Solo piano" (CBS, 1989) se destaca especialmente el ciclo de cinco piezas Metamorphosis. Escrito por Glass en 1988, toma su nombre de una obra basada en la historia de Franz Kafka.

En el video se puede apreciar Metamorphosis 2, interpretada por Branka Parlic en un concierto que ofreció en la Sinagoga Novi Sad, Serbia, el 27 de octubre del 2004.

domingo, 9 de noviembre de 2008

El falso cuervo


Por el verdadero cuervo:

bueno, ya lo habrán visto: un falso cuervo ha irrumpido en el espacio de este blog y empezó a mandar comentarios con la intención de sembrar cizaña, hacerme pelear con los amigos y enturbiar la comunicación. Hasta yo mismo quedé descolocado al leer un mensaje "mío" que no reconocía. Por un momento me sentí como Jerry Lewis en El rey de la comedia, en la mira de un psicópata que se mete en mi casa sin que yo sepa quién es. No sabía que fuera tan fácil hacer aparecer una identidad sin poseer la clave, pero parece que se trata de un déficit de blogger.

De todos modos, parece (al menos por ahora me parece) que el falso cuervo no puede hacer aparecer el logo de La otra en sus mensajes. Así que si en los comments aparece un "oscar cuervo" sin el logo que ilustra este post, si dice barbaridades que no son las barbaridades que yo digo habitualmente, deben saber que no soy yo el que escribe.

Por otro lado, es una interesante materia de reflexión la de las torsiones del anonimato en internet, las maneras de decir desde un nombre falso o sin nombre. ¿Qué vida se esconderá detrás del borramiento?

viernes, 7 de noviembre de 2008

Primavera

Por Oscar A. Cuervo

"Uno la ve tan frágil, tan bonita, y parece mentira que tenga esa fortaleza de titán para enfrentar estos vendavales de mediocres, mezquinos y angurrientos que tanto pululan. Claro que ella camina confiada, porque la custodia el amor hacia la gente, que es el arma más poderosa que puede tener el ser humano. Yo le agradezco a Dios que me haya permitido ver esta etapa de mi país, que nunca pensé en llegar a ver. Porque yo conocí la etapa de la primavera, cuando brotaron todas estas cosas que parecía imposible que se repitieran. Además, ella va muy confiada al frente, porque sabe que va rodeada de los humildes, de los que no hacen barullo, pero sí tienen una capacidad muy grande de amar y de mantener en su memoria a aquellos que nos traicionan. Yo estoy feliz, feliz, feliz, como cuando andaba de pequeño en mi pueblo, desnudo corriendo en el río con mis amigos, feliz como en esa etapa".

El video acá.

Leonardo Favio, el más grande, sin dudas. El dijo esto ayer, en la ceremonia de apertura del festival de cine de Mar del Plata. Y eso bastó para desatar la ira desorbitada de algunos que no quisieran ver el espacio cool de la cinefilia manchado por la emoción peronista. Un espósito no pudo tolerar tanto peronismo y se quedó masticando bronca y, mientras veía la película de apertura, no podía dejar de pensar en los aborrecidos. "Mientras unos pocos pero felices gustamos de esta obra maestra, los demás estarán en el Provincial comiendo y bailando" macullaba mientras se revolvía en su butaca.

Un reputado turista de tiempo completo enfureció: "Todos sabemos que Favio es peronista y un amigo del gobierno, pero no era necesario que nos lo recordara en esa circunstancia y de un modo particularmente ofensivo para los que no piensan como él. Ni su filmografía ni su enfermedad son excusas para ese comportamiento de artista al servicio del Estado".

Notables palabras, que pintan de cuerpo entero no sólo al turista y al espósito, sino al conjunto de la situación, de las tensiones de nuestra sociedad, de un ámbito cooltural que no tolera este tipo de impurezas con las que un tipo como Favio ha construido su inmensa obra. Favio es un cantor y un director de cine, Cristina es la presidenta de la nación argentina. Algunos preferirían que Argentina fuera Austria o Chile, que Favio no fuera tan peronista, o ellos no haber tenido que convivir con todo esto. Favio podría haber sido Haneke o Raúl Ruiz, pero es Leonardo Favio. Así son las cosas, te la vas a tener que bancar por algún tiempo aún, quevachaché.