jueves, 12 de junio de 2008

Después de Antes

-un comentario todavía a tiempo, sobre una obra teatral inspirada en una novela de Carson MacCullers-

Por Alejandro Ricagno

Antes... ¿qué sucede antes? ¿Antes cuándo? ¿Antes de qué?

Antes es el nombre de la obra teatral escrita y dirigida por Pablo Messiez a partir de la novela corta de la escritora norteamericana THE MEMBER OF THE WEDDING, -aquí traducida como Frankie y la boda-.

En la novela, mejor dicho, en el recuerdo que tengo de ella -ya que no la volví a leer desde mi lejana adolescencia, quién sabe en qué mudanza se habrá perdido- se relata los sueños de una preadolescente del Sur profundo norteamericano, hosca y desarrapada, que pasa sus días en compañía de una melancólica cocinera negra y un primo de seis años, mientras sueña con la posible huída de ese hogar al que siente no pertenecer, para acompañar a su hermano que está en Alaska y cuya boda será en breve.

No recuerdo si en la novela aparecían otros miembros de la familia; sí recuerdo el calor, el profundo desamparo apenas simulado de esos tres personajes, la efervescencia hormonal de la niña, las conmovedoras pocas luces del niño, la resignación de la negra. En suma, ese clima entre triste y gracioso, siempre sutil, llenos de pequeños detalles de la autora de El corazón es un cazador solitario.

Es decir, la obra sucede en el cuento mismo. Y en el deseo de ser contado.

En el deseo de tres actores talentosos (Diego Gentile, Javier Rodríguez, Lorena Romanín)y de un joven actor de no menor talento, Messiez –a quien se lo puede ver actualmente en la obra de Jon Foss, dirigida por Daniel Veronse, La noche canta sus canciones- devenido director y dramaturgo.

No le hizo falta a Messiez y su ajustadísimo equipo ejecutar una reconstrucción de tiempo y espacio evocador de la vida en un pequeño pueblo del Sur norteamericano a mediados del siglo pasado para dar con “la clave MacCullers”, ya que apeló a la universalidad de la historia: al evocado universo de la niñez y de la preadolescencia, al mundo de los olvidados por los adultos que mueven el mundo -ya que una sirvienta negra también es una desacomodada del universo de los otros, los que deciden- ahí en una mesa de cocina, jugando las cartas, escuchando músicas, soñando, disputando. Messiez apela también al “Antes personal” de los actores, haciéndoles jugar monólogos fuera del personaje, en un espacio contiguo a esa escenografía realista de una cocina que podría estar en cualquier casa de clase media de cualquier lugar. Ese “otro espacio” que se desprende del realismo escenográfico y muestra las costuras de bastidores es un “Antes del juego”, sumado al juego mismo. Como un “pido gancho” que suspende la acción del cuento, para dar paso a la evocación de los deseos primarios de la niñez de esos actores que se conectan con el deseo de estar interpretando a una adolescente, a un niño tímido, a una sirvienta negra (y tuerta) en el “ahí” del cuento. Como cuando se es niño y se “juega a actuar”, creyendo profundamente en ese “ahí”. En la verdad del juego. Es decir, Antes. Cuando todo deseo nace y tal vez no se lo nombra aún (no se sabe cómo), sólo se lo representa. Algo central en el universo MacCullers, lleno de cosas no dichas, sueños imposibles, en un mundo lleno de crueldad junto a la natural solidaridad no explícita de los que están siempre desplazados. Ya sea de una boda, de una caricia, de una frase que les explique cómo funciona el mundo, a ellos, los que no encajan del todo aún en él -y quizás nunca lo hagan- que la deliciosa puesta y dramaturgia de Messiez transmite en toda su cálida melancolía.


Es imposible destacar uno de otro trabajo de un elenco que le saca el jugo a cada una de sus criaturas: la conmovedora timidez de Diego Gentile realmente parece la de un chico de seis años en su gestualidad, sin necesidad de “aniñarse”; la incomodidad corporal de la adolescente en la que asoma una incipiente sexualidad pronta a despertarse es jugada sin subrayados innecesarios por Lorena Romanin. Pero el trabajo de Javier Rodríguez tal vez sea -y solo tál vez- uno de los más inolvidables del homogéneo trío. Su sirvienta negra ¡con barba!, jugada sin ningún truco de maquillaje, tan solo diciéndolo y actuando desde esa convención y convicción, pasa de lo cómico a lo emocionante. O como en ese “fuera del cuento”, donde él, el actor, confiesa su sueño de niño de querer “ser como esa mujer abrazada en la foto de un disco de André Kostelanetz “-otro músico de “reputación dudosa”, para seguir en un tema recurrente en este blog-.

Quedan unas pocas funciones. Antes se está dando en El camarín de las musas, Mario Bravo 960, los días viernes a las 23:30. Véanla Antes que sea también ella, un grato recuerdo evocado en este blog, y en la memoria de quienes la disfrutaron. Es que yo debería haberla visto “antes” también –se estrenó el año pasado- y escribir esta nota, mucho, mucho antes. Pero todavía hay tiempo, y en esa “cocina” los actores los esperan, como quien ofrece un postre agridulce.

9 comentarios:

julieta eme dijo...

qué honor ser la primera que comenta tu nota. tus notas siempre dan muchas ganas de ir a ver esas obras que describís con tanto amor y entusiasmo. soy media vaga para ir al teatro, pero quién sabe, tal vez, un día, termines (o empieces) convenciéndome.

un beso.

Anónimo dijo...

Què decir de "Antes"?
La vi el año pasado en el estreno con mi amiga Flor, la dark. A las dos nos gustò. Es una obra melancòlica pero que deja vislumbrar un rayito de sol.
Javier Rodrìguez (Bere) se mete en la piel de la sirvienta "fea, negra, tuerta" y conmueve.
Una obra chiquita pero contundente.
Medu

Pía dijo...

Voy a ver si puedo ir a verla mañana o el otro viernes, ya que milagrosamente, no tengo que dar clases como habitualmente. La novela es bellísima. No la leí hace tantos años, me acuerdo de los celos que sentía Frankie,por el casamiento del hermano...Un texto entrañable, y una historia menos brutal que la de La balada del café triste...otra joya

Anónimo dijo...

Gracias por lo elogios. Y antes de ir por partes quisiera hacer una aclaración. A la nota, por un error mío, le falta una oración.
Cuando la reeleí en el blog me di cuenta. "Algo" me sonaba extraño.
sino ¿cómo empezar una oración con la frase " Es decir.." que no viene a cuenta de nada de la oración anterior? Hay una oración "perdida" - ¿cuándo? seguramente antes..de enviarla-. je).
La restituyo desde aquí. Después del punto que sigue a "El corazón es un cazador solitario; punto y a parte, debe leerse lo siguiente:

" Antes", la obra, no transcurre en ese Sur profundo sino " ahí"; en ese "ahi" de la escena. En el corazón de lo narrado, de lo que dipara una lectura.
Es decir, la obra transcurre en el cuento mismo."
Esa es la frase completa.
O algo parecido, porque a decir verdad la borré, y envié la version cortada.
Creo que la original era mejor que ésta.
No se. Solo sé que pasó "antes".

Aclaro qud incluyendo la de hoy, quedan tres funciones más.
Están hasta fin de mes.
Lo digo para las y los fiacas, o los que dicen.." bueno.. iremos..." y después cuando se deciden ya no hay más Antes, y solo queda un después más solitario que cualquier corazón idem.
saludos
ale

Anónimo dijo...

ah, yo creia que era escritura de vanguardia, automatica, devenir de la conciencia; ni me di cuenta del "es decir".
Medu

julieta eme dijo...

Comento en este post porque el de Aniceto ya quedó muy abajo.

Recién vuelvo de ver la película. Yo no sé qué es una buena película. Creo que todavía ni siquiera sabemos qué es una película. ¿Aniceto es ballet filmado? ¿Es teatro filmado? La verdad es que no tengo idea. Pero, para mí, Aniceto es un pedazo de película. Una de esas películas que no te olvidás. No. No. No te la olvidás. Mis expectativas eran altas. Pero la película las superó todas. La escenografía es maravillosa. El mejor cartón pintado que haya visto en mi vida. La tensión que se genera es inmensa (y eso que sólo pasan dos o tres cosas). La película es un sueño perfecto. Qué más decir. Me encantó.

Ah, sí, algo más para decir, sobre el actor principal, claro:

POR DIOSSSSS, qué fuerte que está Piquín...!! Era un desperdicio ese hombre actuando solamente en obras de ballet. ¿¿De dónde sacó esa espalda y esos hombros?? Y esa cara... las cejas negras y espesas, los labios ni muy delgados ni gruesos... Si fuera más lindo, no sería un hombre. Sería un DIOS... No no no... No se puede ser tan lindo... ni tener semejante cuerpo: musculoso, elongado, trabajado, perfecto... ligero pero contundente... O sea, no pude dejar de mirarlo, no pude quitarle los ojos de encima en toda la película, que sin duda es para lucimiento exclusivo de él y de nadie más... Y aplaudo de pie a la o el vestuarista. Los trajes le quedaban tan hermosos que no sé si me gustaba más desnudo o vestido... Aunque intuyo que cualquier cosa que le hubieran tirado encima le habría quedado bárrrrbara...

Después del actor Helmut Beger, sin duda viene Piquín. Y después de haber hecho esculpir en el mármol el cuerpo hermoso de Javier Bardem (para que las generaciones futuras puedan admirar para siempre la belleza de un cuerpo masculino), sin ninguna duda yo haría esculpir el cuerpo de Piquín...

Ay, sí, me fui medio a cualquier lado, pero bueno... Es así...

Julieta.

julieta eme dijo...

en el suplemento RADAR de Página 12 del día de hoy, domingo 15 de junio, hay una entrevista a Favio y el cuento original que dió lugar a las dos versiones cinematográficas.

saludos.

Anónimo dijo...

Sì, està lindo piquin, ademas de excelente bailarin que lo vi en vivo en Ella, las canciones de rafaella carrà, el año pasado.

Anónimo dijo...

Hoy, viernes 20/06 saliò una nota sobre Antes en Pàgina/12 en la secciòn Espectaculos
la dir es:
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/10-10394-2008-06-20.html