viernes, 4 de abril de 2008

El significante "campo"


Por Lidia Ferrari

El dicho "campo", que no es sino un sector que se constituyó como tal en este momento, y que aglutina a gentes de diversos orígenes y condiciones, se formó como grupo. Este grupo se apropió de un significante que puede juntar algo tan variado como los oligarcas, los terratenientes, los latifundistas, el chacarero, el peón rural, la vaca, la leche, el tambo, los caballos de polo, las margaritas a los chanchos, los chorizos y salchichas, la soja, el arroyo que cruza, la alfalfa que no se cultiva, la soja y el girasol, el monocultivo, la pampa húmeda, la pulpería, la paja en el ojo ajeno, el corral, las gallinas, Don Segundo Sombra, el caballo criollo, el casero de la estancia. Juntó a todos, no porque compartan el mismo reclamo, sino porque (para analizar su origen habría que preguntarle a Ernesto Laclau) una serie de circunstancias los nucleó y los hizo hacerse propietarios de un significante.

Este significante "campo" hace lagrimear a la gente de la villa que se identifica con el peón que trabaja de sol a sombra, a la señora de la Recoleta que se acuerda del verano en la estancia del abuelo, cierta izquierda porque por las dudas me opongo, a los políticos oportunistas que no van a quedarse afuera así nomás, a la señora que fue a cacerolear a la plaza y no sabía de qué se trataba, a los pequeños agropecuarios que sienten que les ponen la mano en el bolsillo y, a los grandes, que están encantados de poder ir en contra de un gobierno que consideran de izquierda, populista y, para peor, conducido por una mujer. Como tal, como grupo que asumió una identidad en función de oponerse al gobierno, no puede de ninguna manera dejar de ser. Si dialogara, aún si se le respondieran todos sus reclamos, su ser, el que se constituyó en el momento de sentirse tocados, aún si le dieran más de lo que piden, seguirían protestando, porque su "ser" es ese. Por lo tanto, creo que por más que el gobierno les ofrezca el diálogo y conceda sus reclamos, aún más, les ofrezca más de lo que tenían antes del 11/3 (casi un 11/9 parece), ellos no van a escuchar, no van a transigir, porque encontraron una identidad, formaron su existencia, "son" eso, el "campo", lo que los junta en contra del Gobierno. Por eso, considero que lo que necesitan, como grupo que se opone, como grupo que logró unir a distintos sectores que no se hubieran unido entre sí, es un psicoanalista. Lo lamentable es que no creo que exista un psicoanalista de lo social para intervenir en tamaño asunto. Además, por cierto, porque ellos, el "campo" no hará ninguna demanda de análisis para salir de esa situación. Ahora están establecidos en este ser y va a ser difícil que, como movimiento social, cedan.

Se trata de una crisis, de una efusión en la colectividad, un grano que se forma y puede estallar, algo que se cocina en la multitud, en la gran masa de la sociedad. No sé si es algo que pueda pensarse y resolverse en lo político y en lo económico, salvo que se contemplara otra forma de pensar las acciones políticas.

Haría falta una intervención social en la esfera de la psicología de las masas. Pero si vamos a textos que se han ocupado de asuntos similares, vemos que se puede llegar a entender cómo ha sido el proceso después que termine, que pase el tiempo. Se han analizado diversos movimientos políticos y sociales similares mucho, pero mucho despues de su ocurrencia. Y se les puede encontrar su lógica y una explicación. Pero no he leído nadie que haya podido predecir, y hasta saber el nivel de intervención que puede cortar una situación que se desencadena de este modo.

Es una ira colectiva, que no sabe bien porqué se gesta, pero que cuando se gesta tiene su propia inercia, como una bola de nieve. Por eso Cristina puede tener problemas, no porque ella se equivoque, es más, puede ser que lo que haga sea lo más sensato, lo que habría que hacer desde un punto de vista político, económico e institucional. Puede ser la Presidenta más interesante que
nos toque y nos pueda tocar. Pero cuando un movimiento de masas arde, cuando se desata una locura de tipo colectivo, la solución, quién sabe cuál es.

Lo que ha hecho el significante "campo" es unir el agua y el aceite. Quizá no fue ninguna acción de Gobierno que desató esto. Quizá si. Pero cuando un significante logra unir la biblia y el calefón plenamente, quizá la solución esté en otro lado. Quizá es que este país no puede soportar hacerse cargo de su historia, quizá la misma gente que ha sido beneficiada por este Gobierno no soporta que esto ocurra. Quizá la gente quiere lo mismo, siempre lo mismo, tener a qué oponerse, tener de qué quejarse. Quizá cuando se presenta algo que es diferente a lo esperado: una continuidad posible, una cierta inteligencia política, una cierta bonanza económica, criterio, independencia, pensamiento algo cercano a lo popular. Cuando varias cosas se juntan para hacer diferencia a lo que se está acostumbrado, quizá, quizá eso muchos no se lo banquen. Y no sería raro. No sería raro que estuviéramos en presencia de un movimiento que quiera destruir lo poco que podemos haber reconstruido. Está visto que nuestra sociedad, nuestra comunidad también sabe incendiarse a sí misma. Si bien no hay homogeneidad en ninguna sociedad, los ciclos nuestros, los ciclos de este país entre vacas flacas y vacas gordas, se aceleran. Del abismo a la gloria, y rápidamente al abismo. La pendularidad de una sociedad que, como tantos neuróticos, prefiere sufrir antes que le cambien el libreto. Prefiere perder lo poco que ha logrado, antes de tener que hacer alguna autocrítica, algún movimiento de cambio real. Que se empecina en gritar en lugar de hablar. Qué pena, que la conversación, tan reconocida como virtud de la argentinidad, haya dado paso al grito, al exabrupto, al capricho.

Esta reflexión surge al calor de la sensación de que algo se ha desatado, incomprensible. Me gustaría que contribuyera al diálogo, pero quizá no sea más que un exabrupto, otro más.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

hoy salió una nota en el suplemento las 12 de página 12. todavía no la leí, pero se las paso.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-4007-2008-04-04.html

Anónimo dijo...

Sos la Lidia Ferrari que se dedica también a la orientación vocacional?
Si sos, te digo que "Cómo elegir una carrera" me sigue pareciendo excelente.

Anónimo dijo...

Aguda reflexión la de Lidia Ferrari, desmontando el significante "campo". Y muy a propósito para estos días, en los que hemos sido víctimas de simplificaciones y generalizaciones engañosas (la "gente" es otro ejemplo).
Yo le agregaría un componente para intentar esclarecer "esto que se ha desatado, incomprensible", "esta locura de tipo colectivo" (No creo que se trate de ningún Dionisos, que ha enloquecido a su cortejo...)Se trata del papel de los medios de comunicación, que todos estos días, durante 24 hs., nos han bombardeado con un discurso de caracter fetichista.
Creo que el fetichismo es un concepto de gran fecundidad teórica, que excede el marco de psicoanálisis (si bien Lidia pide un psicoanalista...). Es más, Marx lo utilizó para hablar del "fetichismo de la mercancía". Se trata de una operación que consiste en tomar la parte por el todo. Así es que aplicado a los discursos, se podría decir que detrás de un significante que parece englobar intereses generales (de la "gente del campo"), se ocultan los intereses particulares de determinados grupos. Y así andamos, uniendo la biblia y el calefón.
A mi entender, muchas cosas deberían ser pensadas a partir de aquí: el modelo de país que queremos, la intervención estatal o el libre mercado, qué significa la redistribución de la riqueza, la coparticipación federal y sus límites, etc, etc. En fin, cosas bastante complejas que exceden una burda simplificación, y que, seguramente, servirían para que retomemos una verdadera discusión política. Y no hablo de una "politiquería" de partidos, sino de política en serio, aquélla que confronta intereses de clase que atraviesan todas las sociedades, hasta incluso en el interior de sus propios partidos políticos.

Anónimo dijo...

Creo que Lidia ha puesto el dedo en la llaga, en algunas cuestiones, ira colectiva, algo que se está gestando, neurosis de un pueblo que elige el sufrimiento y parece querer tropezar una y otra vez con la misma piedra.
Si no, cómo explicamos que después de haber pasado el 2001 sigamos con ciertos patrones ante la "bonanza ecónomica? tarjeteo, préstamos para irse de Vacaciones, compra desaforada de artículos electrónicos, negación ante los alertas, etc, etc, etc.

Analiza correctamente, que hay un lindo menjunje en el significante campo, como una reunión de puercoespines, todas las púas en guardia, esperando qué? cuál es el depredador en este caso amenazante?

Sí, algo que se resiste a un análisis simplificador, tal vez algo que nos remita a poder pensar por fuera de los bandos en pugna, por el modelo de país que queremos o soñamos.

En mi caso, algo muy lejano a la hiperviolencia que se aspira diariamente, en todas partes.

Lilián

Li Fer dijo...

Agradezco los comentarios. Disculpas por la demora en responderlos. Me ayudan a seguir pensando. Le faltó a lo que escribí en "El significante Campo" el tema de la Prensa, que es lo que me preocupa más en este momento. La impunidad de la Prensa y la mordida de la "gente" en una intolerancia irracional me preocupan y me duele.
Si Fred, escribí Cómo elegir una carrera en 1995, me alegro que siendo tan "viejito" (para los tiempos que corren) el libro pueda seguir siendo recordado y leído. Gracias de nuevo por los comentarios. Lidia Ferrari.