lunes, 31 de marzo de 2008

Entrevista a Luis D'elía.


Por Pablo Chacón (Buenos Aires, viernes 28 de marzo pasado)

Acaso hoy no sea el día más feliz en la vida política de Luis D’Elía, titular de la Federación de Tierras y Viviendas (FTV), sindicado como “piquetero” oficial o fuerza de choque del Frente para la Victoria, el conglomerado que sostiene a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El hombre, ex funcionario, reapareció frente a las cámaras y paparazzi el martes 25 por la noche, cuando los caceroleros porteños invadieron la Plaza de Mayo en protesta por un discurso enunciado por la titular del ejecutivo nacional esa misma tarde, donde dijo que no pensaba dejarse “extorsionar” por los sectores del agro, que llevan ya dieciséis días de paro ininterrumpido, cortado en algunas zonas por la invitación al diálogo que ayer hizo la propia CFK en una reunión político-partidaria en Parque Norte. Aquella noche, D’Elía hizo que sus “piqueteros” despejaran la plaza con métodos no muy ortodoxos, que los caceroleros entendieron huyendo a la carrera por los cuatro costados, tanto de las agresiones físicas como verbales de los representantes del “campo popular”; algunos de los manifestantes resultaron con heridas leves pero imperdonables.

El Instituto contra la Discriminación (INADI) recibió esta mañana una denuncia por medio de los abogados de la Asociación Civil de Defensa Ciudadana; su vicepresidente, Fabián Bergenfeld, precisó que era por “el agravio sufrido por la ciudadanía ante las expresiones discriminatorias del piquetero”, que “se suman a otros hechos de violencia protagonizados por D’Elía actualmente y en el pasado y que merecieron por parte del gobierno un nombramiento en lugar de una condena”. D'Elía manifestó esta vez su “odio visceral por la oligarquía".
También estuvo el jueves pasado en el palco mientras la presidenta desgranaba su discurso de reconciliación con los sectores agrícolas, además de ser defendido por el ministro del Interior, Florencio Randazzo, y por el diputado nacional santafesino Agustín Rossi. Este es un fragmento de la entrevista que tuvo el viernes con Terra Magazine.


-¿Qué pasó, D’Elía?

-¿Y qué va a pasar? Me denunciaron, como hacen siempre. Hablan de odio, que yo los odio. Y sí, lo dije y lo repito. Pero ellos me odian a mí. ¿Y sabés por qué? Porque lo que hice fue parar un golpe de estado.

-¿Un golpe de Estado?

-Sí, un golpe de Estado. Pero prefiero no hacer declaraciones que confundan más. Pero repito: lo que hice fue parar un golpe de estado, y eso no hace con modales de señorita.

-Si es como usted dice, resultó premiado. Ayer estaba en el palco, atrás de la Presidenta.

-Pero escuchame. Todos saben bien quiénes me atacaron, quiénes me denuncian, quiénes me detestan. Lo único que recibí de mis compañeros fueron muestras de respeto y de solidaridad. Desde cuándo un grupo de terratenientes tiene que dirigir las cosas de esta manera, mintiendo, diciendo que falta leche, que falta pan, que falta carne, que falta esto y lo otro. Si todos esos productos están subsidiados directa o indirectamente. Y quiero decir que no recibí órdenes de ningún sector del gobierno de ir a defender la plaza, lo hice por convicción, para luchar contra esa oligarquía repugnante que no se acostumbra a perder los privilegios.

-Anoche, en los supermercados de la zona sur no había carne ni lácteos.

-¿Qué no va a haber? Haber seguro que había, pero estaban escondidos. Era para sacar fotos y hacerle el juego a las patronales. ¿Sabés que pasa con esas medidas? Pueden desembocar en un golpe de estado. Con ese tipo de metodología, porque empezaron así, en Chile voltearon al gobierno popular de Salvador Allende. Y yo defiendo a este gobierno a muerte.-

23 comentarios:

Anónimo dijo...

La comparación implícita entre CFK y Salvador Allende es realmente patética

Oscar Cuervo dijo...

eamonn:
vos sabrás que toda comparación no es una identificación: dos cosas se comparan respecto de algo. Lo patético es tomar una comparación como una mera identificación.

Anónimo dijo...

mi comentario iba a ser exactamente el mismo que el de eamonn

Anónimo dijo...

aguante de Elìa . El gordo parò el golpe de estado él solo!! . Eso en la historia argentina solo es comparable a las gestas del "Loco Lamadrid" que saliò a batallar él solo contra todos. Estoy en contra del gobierno pero a favor de la continuidad , en contra de los golpes de estado, por tanto a favor de el "profeta (de)Elìas" que mató el solo a los falsos profetas de Baal, que eran muchos ,eh, tanto casi como los oli garcas. Hay que hacerle una estatua. aguante.

Livio, el Ninja

Anónimo dijo...

que gracioso cuervo tratando de defender lo indefendible,

Anónimo dijo...

Bergenfeld podría haber denunciado a Fernando Peña, por abrir el reportaje diciendo que era una nota de color....color negro...porque el entrevistado era D Elía. ESO ES DISCRIMINACION.
Afortunadamente ayer la titular del INADI aclaró los alcances de nuestra legislación en materia de discriminación y no hará lugar a tan ridícula denuncia. Una cosa es injuria- explicó- y otra cosa discriminación, que se entiende como agravio que puede avalar un sentimiento extendido socialmente hacia una minoría. Que yo sepa la puta olgarquía no ha sufrido mayores afrentas a lo largo de nuestra historia,mas bien ha recibido ventajas y prebendas, en cambio los negros, vaya que la sufren.
Frente a la Sociedad Rural, escoria nacional, banco a muerte a D Elía.

Anónimo dijo...

y qué poco aguante los cacerolos, cuando se vieron venir a los muchachos, qué rápido despejaron.
parece que salieron poco a la calle (en el 2001 y ahora). idiotas.

Anónimo dijo...

Que tristeza ver cierta clase de comentarios, lo que prima es un odio desaforado, convalidación de métodos fascistas, yo tengo la razón y la sostengo a golpes de puño. Divisiones entre negro y blanco, sin matices, como si todos fuerámos muy rubiecitos o muy negritos.
Y verdaderamente, que caradurez la de D'Elía, nombrar a Salvador Allende, pretender emular aquel Setiembre negro con un grupete de gente "bien" que huía horrorizada del avance piquetero, por favor! como si los que estaban allí reunidos entre uno y otro bando, representaran realmente a la totalidad del pueblo argentino.

Ya de por sí no entiendo ni entenderé jamás que un piquetero pueda ser "oficialista" de este o de cualquier gobierno, contradice el mismo espíritu de la palabra y de lo que hizo que alguna vez, hubiera trabajadores en una ruta (tra-ba-ja-do-res) cortando el paso y siendo apaleados por orden de Menem. Alguien se acuerda que representó en realidad el inicio de los piquetes?

La discriminación más vergonzosa es la de los bolsillos, el no poder acceder a comprar un lácteo o un pedazo de carne porque no te alcanza el mango. Esa es la cuestión, saber de que manera se va a lograr en este bendito país que no haya sólo un grupo de privilegiados que tengan acceso a la comida.

Mientras la inflación nos come y pulveriza el sueldo del que menos gana, sigamos yendo por los caminos que no conducen a nada, total, el que le pasa mal, verdaderamente mal, siempre es el mismo no?

Lilián

Oscar Cuervo dijo...

Lilián:
cuando hablaste del odio desaforado y de la convalidación de métodos fascistas, por un momento pensé que te referías al corte de rutas al que fuimos sometidos todos los argentinos por parte de un sector que por ser dueños de tierras se creen que tienen derecho a imponer sus reclamos avasallando al conjunto, o que quizá hablabas del dirigente rural que diferenció entre los piquetes de piel blanca y los de piel negra, o al racista Fernando Peña presentando el reportaje a Luis D'elía como "una nota de color... negra", o al enefermo cardíaco al que los piqueteros blancos bloquearon el paso y se terminó muriendo...

Pero no, sólo hablabas de Luis D'elía.
Ah...

Anónimo dijo...

Lo triste es que hay dos pasiones negativas enfrentadas. Los que odian a los negros, a los villeros, a los peronistas patoteros, y los que odian a los oligarcas, a los burgueses pequeños pequeños, a los gorilas clasemedieros. Fascista, gorila, oligarca, burgués pequeño pequeño, los bandos se distinguen por la elección de los epítetos (la "repolitización" del lenguaje); la toma de posición parece consistir en qué atropello se subraya y ante cuál se hace la vista gorda.
La Otra es "un blog de amor y de odio". Yo me pregunto cuáles son las bondades del odio.
Anastasi

Oscar Cuervo dijo...

Anastasi:

el amor y el odio no están ni bien ni mal, al menos para mí. Y la verdad nunca es triste: hay dos pasiones enfrentadas: ¿negativas? No para mí, prefiero la repolitización del lenguaje antes que la moralización de los sentimientos.

Amor y odio no creo que sean pasiones sometidas a una pedagogía de lo positivo y lo negativo. El odio es en todo caso un síntoma, igual que el resentimiento, el desprecio, el racismo, las formas soterradas del clasismo. Están expresando posiciones, formas de ser en el mundo.

Este conflicto está atravesado por el odio y creo que en todo caso hay que tomar nota de él. Hay odio de clases porque hay clases. No veo cómo pueda desaparecer el odio mientras haya clases.

Un tipo de Efeso dijo: la guerra es padre de todas las cosas. Y después, otro de Palestina: "les aseguro que difícilmente un rico entrará en el reino de los cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de los cielos".

¿Peronistas?

Anónimo dijo...

¿La verdad nunca es triste? Para mí sí, a veces es triste.

El odio de clases existe porque hay clases: sí, y sobre esto yo tengo dos puntualizaciones.

El odio se puede procurar aplacar o se puede avivar. A vos el odio no te parece ni bien ni mal, de modo que si en un momento dado decidís avivarlo, tendrás tus motivos para hacerlo. Si es así, te pregunto cuáles son.

Lo segundo es que esto no es exactamente una lucha entre ricos y pobres. En ambos bandos hay ricos y pobres, poderosos y oprimidos, además de todo un amplio espectro que no es una cosa ni otra. A los Kirchner se los acusa de ricos y poderosos, y ellos consideran a los del campo ricos y poderosos. Los que se encolumnan en cada una de estas posiciones hacen lo mismo. Es una lucha de clases muy particular, en la que todos dicen estar del lado de los pobres.

Te aclaro que al decir esto yo no me estoy ubicando en una posición neutral. Yo quiero que la pulseada con el campo la gane el gobierno, sobre todo ahora que hizo una discriminación en las retenciones.

Anastasi

Oscar Cuervo dijo...

Anastasi:

en toda lucha de clases hay ricos y pobres distribuidos de modo diverso entre los sectores en pugna. Lucha de clases no significa que estén los pobres todos del mismo lado y todos los ricos del otro. Marx no era obrero, supongo que Salvador Allende no lo era, debe haber habido obreros entre quienes apoyaron a Pinochet y a Videla.

Muchos policías que ayudan a mantener el orden de los sistemas más desiguales salen de las propias filas de las clases más pobres. Así que la lucha de clases no se determina por el porcentaje de pobres y ricos que integran los "bandos". Si la lucha de clases tiene algún sentido no es por la procedencia de las personas que la encarnan, sino por los conceptos que organizan los conflictos y distribuyen los roles, los intereses en pugna.

A esta altura, después de décadas de barbarie neo-liberal, acudir a la distinción marxista entre contradicción fundamental y contradicciones secundarias puede parecer una extravagancia. Sin embargo habrá que hacerlo si no queremos quedar apresados en un periodismo irrelevante para averiguar quién tiene más dinero.

Hernadez Arregui es un teórico marxista y peronista de los años 50y 60, quien hizo un aporte fundamental para analizar el significado del peronismo en términos de lucha de clases, lo que no significa que se trate de un movimiento proletario, sino que, por un lado, el propio peronismo está atravesado por la lucha de clases, y, por el otro, que en la segunda mitad del siglo XX cuestionó la tradicional hegemonía de las clases terratenientes.

¿Es esta caracterización aún operante en la sociedad argentina? No sé, puede que sí o puede que no. Habría que verlo, pero no es con apelaciones morales a deponer los odios como se puede comprender el rebrote de odio de clase que puede percibirse en la clase media porteña en los últimos meses.

Aún dejando de lado toda consideración acerca del peronismo y del kirchnerismo, es impresionante sentir qué vivo que está en estos días ese odio de clase que define tan bien la palabra "gorila".

Con respecto al tema del odio, lo derivo hacia un post aparte, porque necesito una extensión mayor.

Anónimo dijo...

Oscar:

Yo dije que esto es una lucha de clases bastante particular no sólo porque haya ricos de los dos lados (está claro que siempre hay ricos dándole una mano a los pobres y viceversa). En la lucha de clases hay una clase opresora y una oprimida; más allá de las muchísimas variables y contradicciones, ése es el esquema básico. Lo que creo que distingue este conflicto de la lucha de clases es que acá las dos partes aseguran estar del lado de los oprimidos.

No digo que no intervengan los factores de clase en lo que se derivó. De hecho están presentes de un modo clarísimo. Pero desde mi punto de vista, el conflicto del que partió todo más que a la lucha de clases se parece a una lucha de poder: el poder político contra el poder económico.

Después sigo con el odio en el otro post.

Ah, una cosa parte. Wordpress está mejor para el debate, y Blogger para las páginas personales. Yo te avisé que te pasaras a Wordpress cuando todavía estabas a tiempo, no sé si te acordás, pero el odio al que te jedi te nubló (!!) y mirá ahora las consecuencias del odio.

Saludos

Anastasi

Oscar Cuervo dijo...

Anastasi:

lo que digan los sectores en pugna acerca de su caracter de oprimidos es parte de la lucha de clases (que también se libra en torno a lo que se dice de ella). Hay sectores económicos contrapuestos y se lucha por la hegemonía política del país, tal como se viene haciendo desde 1945. De un lado está la oligarquía. Yo estoy del otro.

Para el debate puede ser que en Wordpress esté mejor, pero no me acuerdo de ese consejo que me diste. Igual yo no elegí Blogspot por el odio (???) al que te Jedi (???), sino porque el hada que abrió este espacio lo hizo antes de que yo lo supiera y yo obedecí su voluntad.

Anónimo dijo...

¿En la lucha de clases la clase opresora dice ser la oprimida?

El gobierno tomó una medida con la que pretende beneficiar al conjunto de la sociedad en contra de los intereses de los productores agropecuarios. Éstos reaccionaron haciendo uso de su fuerza y bloquearon el país. ¿Es lícito ver acá una manifestación de la lucha de clases? Sí, si es lícito verla en muchísimas otras situaciones en las que intervienen los factores de clase. No, si hablamos en sentido estricto. En la lucha de clases, hasta donde yo entiendo (si me equivoco corregime), el poder político y el poder económico está en manos de los mismos.

Con la segunda parte de lo que decís estoy de acuerdo: hay sectores económicos contrapuestos y se lucha por la hegemonía política del país.

Dos fuerzas, de distinta procedencia, están en pugna; una de ellas está acostumbrada a hacer lo que quiere porque tiene la manija y es prepotente. Hacé una encuesta sobre esta frase aplicada al conflicto actual, y vas a tener respuestas divididas sobre la identidad de esa fuerza. En la lucha de clases nadie tiene dudas de cuál es la clase dominante y cuál la sometida. La clase alta no pretende pasar por baja para justificar sus acciones.

Anastasi

Anónimo dijo...

Oscar:

yo hablé de todos y por eso dije
"rubiecitos y negritos", uno porque quiere matar a todos los que viven en zona Norte, tienen una 4 x 4 y plata (matará también por esto mismo a la presidenta que defiende?) otros porque ya son caras conocidas como para andar haciendo el cuento de Ar-gen-ti-na! y defendiendo lo indefendible.

Tengamos una mirada crítica, yo no aplaudo a la sociedad rural ni a los oligarcas, no metamos a todos en la misma bolsa. De la misma manera no creo que D'elía sea la representación de la clase trabajadora argentina, por favor!

Por eso recalqué que esas facciones que se encontraron en Plaza de Mayo, no son la mayoría del pueblo argentino.

Coincido con mucho de lo que dice Anastasi, en cuanto a que hay sectores económicos contrapuestos,
quien haya estado al lado de un piquete en la ruta en Córdoba, Entre Ríos o Santiago del Estero, por citar algunas de las provincias, ha tenido la oportunidad de comprobar que había allí un tema muy particular de las economías regionales que están hechas bolsas.

Y vuelvo a repetir, a los grandes grupos no los toca nadie, los verdaderos beneficiados con el sistema que se ha llevado hasta el momento (y por lo que escucho se seguirá llevando) siempre son los mismos.

Como vos decís, esto no es un tema D'elía - Miguens- KK- esto es mucho mas grave y profundo y acepto que tanto odio de parte de todos, debería estar marcándonos algo: algo se está pudriendo en la sociedad argentina ¿porqué? tanto racismo, violencia, enfrentamiento, veredas opuestas (o sos gorila o estás con el gobierno (¿¿¿?????) divisiones que uno ya vivió y sufrió en carne propia, por edad y circunstancia.

Y claro que siento tristeza, siento infinita tristeza, quien la pasó mal con estas cuestiones, no puede dejar de sentir un viejo miedo ante las perspectivas que se abren.

Lilián Cámera

Oscar Cuervo dijo...

"¿En la lucha de clases la clase opresora dice ser la oprimida?".
Lucha de clases no se identifica sin más con opresores y oprimidos. En la ya rica tradición del pensamiento marxista, gramsciano, maoista, en los escritos de pensadores políticos como John William Cooke y JJ. Hernandez Arregui, (rica tradición hoy semisepultada por el predominio irrestricto de un pensamiento liberal periodístico), no se puede reducir la lucha de clase a una relación de opresión. Lo que determina a una clase no es su caracter de oprimida u opresora, sino su función dentro de un sistema económico, en su relación con los medios de producción (si se poseen los medios industriales de producción, si tan solo se posee la propia fuerza del trabajo si se posee la tierra que produce riquezas agro-ganaderas). Entonces no hay simplemente dos clases (opresores y oprimidos) sino varias (oligarquía terrateniente, burguesía industrial, clase obrera) que se entrelazan de diversos modos en distintos momentos históricos y de acuerdo a características nacionales específicas. En el propio interior de las clases, puede haber facciones con intereses divergentes y no necesariamente antagónicos, que pueden obtener una unidad polítca al articularse sobre un núcleo hegemónico.

Esto último se puede aplicar a la perfección a esa unidad política que ha devenido en los últimos meses en la sociedad argentina y que se da en llamar hoy "el campo". Lo que tienen en común los tradicionales oligarcas de la Sociedad rural con los medianos y pequeños es la posesión de la tierra que produce las riquezas exportables. Producción agrícola y exportación (hoy fundamentalmente aunque no exclusivamente de soja). El interés común de estas clases se ve afectado por la intervención del estado, en la medida que les convendría vender todo lo que producen al exterior, no sufrir retenciones, aprovechar el tipo de cambio alto y no destinar nada o destinar lo menos posible al consumo interno que no puede dejarles las enormes ganacias que sí les dejan las exportaciones. Para todas las clases agroexportadoras sus ganancias serían mayores cuanto menos tuvieran que atender el consumo interno. En este sentido, la política kirchnerista de las retenciones, las medidas tendientes a disminuir la desocupación, a intervenir en el mercado para estimular el consumo interno, solo puede ser vista por los que viven de los frutos de la tierra como un menoscabo de su lucro. Por supuesto que les convendría "enfriar" la economía: que la demanda interna se retraiga, que los sindicatos industriales no tengan el más mínimo poder de negociación, poder destinar más y más de su producción agrícola a la exportación. A estas clases cuya riqueza está absada en la posesión de la tierra no les interesa en lo más mínimo el desarrollo de otros sectores de la economía que pueden hacer subir el empleo (el campo con las actuales tecnologías no necesita más sino menos mano de obra) y producir bienes de consumo interno. Se trata de intereses estrictamente económicos y no hay en ello la menor pizca de subjetividad: no es que sean clases particularmente codiciosas sino que esas conveniencias económicas son su misma razón de ser. Por eso les convendría que una coyuntura internacional tan favorable para la exportación de granos como la actual estuviera en la Argentina hegemonizada por un sector político más funcional, que no les planteara las tensiones que les produce esta mutación del peronismo que son los Kirchner. Por ello los irrita tan particularmente ese "populismo" que ellos desprecian, no por razones filosóficas sino porque no quieren someterse a un poder estatal que no responda más que a sus propias conveniencias.

Entre los grandes terratenientes y los pequeños y medianos hay por supuesto contradicciones, algún día esas cotradicciones pueden volverse antagónicas pero hoy confluyen en su oposición a las politicas económicas del kirchnerismo.
¿Quién hegemoniza en este momento la unidad política de este sector agro-exportador? Quienes históricamente han liderado este modelo de país agroexportador: sus voceros son el diario La nación, Mariano Grondona (¿o vamos a creer que estos defienden a los pequeños chacareros?). Pero a la vez, quiénes son los que aparecen como adalides de la rebelión fiscal del "campo": los pequeños chacareros, idílicamente caracterizados por los medios de comunicación como una fuerza prístina de la tierra ajena a la denostada "corrupción" de lña clase política.
No resulta casual, si el modelo que pugna por imponerse es el de un país agroexportador, que renazcan con virulencia el antiperonismo más anacrónico. No porque se trate de un partido obrero conduciendo la revolución socialista, sino porque el peronismo ha representado (y por lo visto lo sigue haciendo) una identidad política que no encaja en el modelo agroexportador, porque expresa en su tradición un populismo indócil y conflictivo.

La clase que es dueña de la tierra en la Argentina: la que promovió, financió, y se quedó con los réditos de la "conquista" del desierto, la que alambró la tierra en su beneficio exclusivo, en nombre de la civilización, un país muy rico para muy pocos, los que gobernaron al país directamente en la década infame, en el radicalismo a través de Alvear, en la revolución libertadora del 55 y en la dictadura militar del 76.

Esta clase siempre ha visto al peronismo como un enemigo indeseable e incorregible: le declararon la guerra al peronismo del 45 cuando este promovió el estatuto del peón de campo, y cuando en 1948 Peron creó el IAPI (instituto Argentino de Promoción de Importaciones), para que intervenga intervenir como regulador de las importaciones y exportaciones. El IAPI era un ente estatal que copmpraba las cosechas y las vendía al exterior. Con las ganancias de la eportación agrícola, el estado le daba créditos a los industriales y fomentaba el consumo interno.

Esto es lucha de clases: no hace falta que el peronismo sea un partido obrerista, ni que lleve al socialismo (aunque modernizó las estructuras sociales del páís más que lo que ningún partido de raíz liberal podría hacerlo), para que las clases a las que les conviene mantener y profundizar el modelo agroexportador deseen borrar de una vez al peronismo de la historia argentina.

Otro cantar, más patético y ruin, es el que juegan los sectores semiilustrados de la pequeño burguesía. No es que sus intereses sean inconciliables con el modelo de país que promueve el peronismo (de hecho, la pequeño burguesía se ha empobrecido cada vez que el modelo agroexportador se impuso), pero yo creo que opera una tradición cultural por la cual esta clase tan media se ha identificado con valores de un liberalismo abstracto que detesta verse en el espejo del país peronista y se piensa a sí misma en los términos simbólicos de la revista Sur. Quizá por encontrarse tan cerca de la tentación peronista es que la pequeño burguesía detesta con un odio tan violento el lugar del que ella procede.

Lucha de clases.

Oscar Cuervo dijo...

Lilián.
con tono irritado, exhortás "no creo que D'elía sea la representación de la clase trabajadora argentina, por favor!".
Permitime que te pregunte: ¿quién dijo eso? Para entender qué estamos discutiendo habría que atenerse en lo posible a lo que acá se dice y escribe. Es fácil irritarse contra alguien que no existe y discutir con nadie (puesto que nadie ha dicho que D'elía sea lo que vos con tanta vehemencia negas que es). Nadie, que yo sepa ha hablado acá de que algún otro, fuera de D'elía sea la representación de la clase trabajadora argentina. Es más: creo que nadie acá mencionó ni siquiera una vez a la clase trabajadora argentina.
Creo que para discutir en serio habría que tratar de ser más riguroso en la lectura de lo que el otro dice. Si a vos te parece que los artículos que se vienen publicando en este blog (los de Lidia Ferrari, Montenegro, el Mocase, la entrevista a Delía de Chacon y mis propios textos) lo que dicen es que hay que matar a los rubios y que D'elía es un lider de la clase obrera, es porque has leido mal, muy mal, a las apuradas y sin la atención que solés poner cuando leés los géneros literario que te apasionan.
Te propongo que vuelvas a leer todo lo que se publicó bajo la etiqueta "El campo", esta vez prestándole más atención.
saludos!

Anónimo dijo...

Bueno Oscar, yo creía que esto era un debate y como tal, lugar donde uno podría aportar la visión que tenga o considere sobre el conflicto, en este caso la Entrada sobre una entrevista y luego, los comentarios de los lectores.

No sabía que para opinar, debía ceñirme estrictamente a que alguien hubiera utilizado tal o cual término AQUÍ para referirse a los actores. Tampoco que estaba mal irritarse por un tema, pues el tema de verdad me irrita, y ya que hablamos de cuestiones soterradas, no creo conveniente que dejemos pasar el tema de la irritación que se pueda suscitar. Así como no es bueno tapar o minimizar el odio, no creo que sea conveniente hacerlo con la irritación o la molestia.

Debo estar media lela, si no entendí lo que se exponía, me parece que cuando hablo de "rubios",hablo del vocabulario que tomaron otros, en este caso quienes se manifestaron dispuestos a matarlos y de aquellos que hablaron de "negros" e ídem. Me parece que intenté referirme a los que estaban en la Plaza, no a este Blog, pero tal vez no fui clara.

En que parte de lo que escribí, te mencioné o alguno de los que subieron artículos aquí, como autores o ideólogos de "hay que matar a los rubios" o "D'elía es representante de la clase trabajadora"? Eso es algo que parte de mis opiniones, pero, perdón, no sabía que no podían expresarse.

Y hablando de Los Rubios, ya que en otro post también los mencionás, me recuerda que así le puso como título A. Carri a su película, intentando expresar esa dicotomía, de sus padres militantes y desaparecidos,y el mote que en el barrio donde se escondían les pusieron.
La extrañeza en la mirada de los otros, aquellos por los que se reinvidicaba una lucha.

Saludos

Lilián

Oscar Cuervo dijo...

No, Lilián, ¿no ves cómo estás expresando tus opiniones? Claro que podés, pero también te pueden contestar. Lo que a mí me resulta un tanto decepcionante es que en tu irritación, no das cuenta de cierta complejidad que se trató de plantear aquí, con puntos de vista que difieren de los que machacan continuamente en los medios.
En cambio, parecés reproducir el discurso más escuchado, que D'elía no es lider de la clase obrera, que quiere matar a los rubios, como si en vez de leer los posts de La otra estuvieras escuchando a Nelson Castro entrevistando a Lilita Carrió.

Anónimo dijo...

Visto desde una perpectiva marxista este conflicto puede que sea lucha de clases, como se desprende de tu argumentación. Desde otra perpectiva se puede ver como una lucha de poderes entre un sector de la economía antes disgregado y de pronto reunido en frente común contra un gobierno con una política económica que le resulta desfavorable.

Otro cantar, como decís, es el de la clase media.

Anastasi

Oscar Cuervo dijo...

Anastasi:
que se vea como una lucha de clases o como una lucha de poderes no son posibilidades excluyentes. Al contrario: la lucha de clases reviste formas políticas
saludos