miércoles, 20 de febrero de 2008

La leyenda del cine



Lo que se hace hoy en Hollywood es cine de diseño, así como hay drogas de diseño, comida de diseño, diseño de indumentaria, pop de diseño... Este imperio del design ha disminuido el componente de indeterminación, de variación singular que podría tener una película. Los productos de diseño tienen un residuo "artístico" que no debe engañar, porque están coordinados desde una técnica y no desde una poética. Hitchcock podía innovar en la estructura del film de horror a la altura de Los pájaros y otra vez en Psicosis, porque se trataba de un artista que además tenía éxito (Godard dice: Hitchcock es el único poeta maldito con éxito). Hoy las películas que tienen en el mercado un lugar equivalente al que tenían las de Hitchcock presentan innovaciones que no responden a una necesidad poética ni a una interrogación sobre lo que una imagen puede ser, sino a una prueba tecnológica: a qué altura de una pélícula debe aparecer el monstruo, con qué frecuencia debe hacerlo para no decaer la atención, qué se debe divulgar de una película para preparar su estreno, cuándo se deben empezar a difundir los trailers, qué ideas simples el espectador debe tener claras desde que la película empieza, cómo debe ser el remate para que los espectadores recomienden a otros que vayan a verla, qué escena hay que lograr que se comente, a qué segmento le hacemos un guiño cultural para halagarlo (por, ejemplo, en Soy Leyenda a los admiradores de Bob Marley y su disco Legend, pero también a los fans de Shrek: Will Smith escucha esa canción y ve esa película). Nada parece librado al azar, se trata de calcular a quiénes y a cuántos consumidores llegar, sintonizar con las expectativas y gustos de ese sector, provocar el mínimo de controversia posible para no arruinar la carrera de la película. Cuestiones tencológicas: tecnología de la imagen, sociología, psicología conductista.

Soy Leyenda exige hablar de ella como experiencia conductista: es el diseño exhaustivo de una experiencia, análogo al tren fantasma, pero con la prepotencia aplastante de la tecnología actual. Se trata de un acoso sensorial: en la columna de sonido hay una cantidad de decibeles que van a sobresaltarte, no importa qué función narrativa cumplan. El cine mainstream de hoy es estruendoso, la mayor parte del tiempo estás saltando de la butaca sólo por la intensidad del estímulo y no por el sentido de lo que ves y oís.

Gustavo Noriega dice en EL AMANTE que Soy Leyenda o Apocalipto son películas para contemplar, igual que Honor de Cavallería. Es una analogía engañosa. Vemos Soy Leyenda abrumados por los golpes sonoros que acompañan la irrupción de los diseños digitales. Somos cobayos en medio de un experimento, para el cual toda psicología se reduce a reacciones básicas: susto, sorpresa, dolor.

Hasta ahora la imagen digital no ha logrado hacer rostros de personajes con la miríada de expresiones que una cara humana puede variar de un segundo a otro. Pero Soy Leyenda se apoya en el hecho de que emular a un mutante que aparece de pronto y muestra cierta rigidez cadavérica es algo que ya se puede lograr. Basándose en esa posibilidad tecnológica, una película que pertenecería al mismo género de Los usurpadores de cuerpos o de La Niebla ahora se permite desechar la cualidad fantasmal que tenían las criaturas de aquel cine. La experiencia de terror en La niebla era una combinación de lo apenas entrevisto con un sentido producido por el espectador: puesto que se veía tan poco, había que "proyectar" sobre la pantalla el fantasma imaginado. Hoy no hay espacio para la imaginación: un film como Soy leyenda impone sus imágenes a la percepción del espectador, lo obliga a estremecerse con golpes estruendosos e imágenes programadas pixel por pixel.

Esta textura del cine mainstream es mucho más fuerte que las intepretaciones rebuscadas que pueda hacer algún crítico ansioso por justificarse como “entendido”, que encuentra en la banalidad que ven todos un sentido reservado para la mirada experta que él se atribuye. Por eso, los críticos de EL AMANTE se ven en la necesidad de fabular interpretaciones teológicas o sociopolíticas (en el número 188 de esa revista Nazareno Brega dice que el verdadero conflicto de la película es entre el darwinismo científico y el creacionismo religioso, y que la lucha del protagonista contra los monstruos mutantes es un “Mc Guffin para la gilada”). Tanto esfuerzo inútil para hacer de cuenta que Soy leyenda es una obra de arte y no un experimento conductista.

OSCAR ALBERTO CUERVO

10 comentarios:

julieta eme dijo...

Will Smith está muy lindo en esta peli... otros hombres negros lindos son Wesley Snipes (primerísimo lugar indiscutible) y Laurence Fishburne.

besos. julieta.

Anónimo dijo...

A modo de prueba: recibí varios mails donde me repiten que no les resulta posible comentar en nuestro blog. ¿Qué pasa? ¿cómo se resolverá? ¡Socorro!
(el editor desde otra casilla)

meridiana dijo...

Estimado, en principio estoy comentando y no tengo problemas por ahora.
Con respecto a Soy Leyenda, y sí por volar podemos volar y ya que se menciona a Marley perdernos en algún efluvio.

Lo que no podemos hacer es ignorar el modo en que se pervierte una obra de arte. En este caso la novela que por cierto no plantea ninguna cuestión entre el darwinismo científico y el creacionismo religioso.

Podemos aceptar que se realicen versiones, podemos creer en visiones personales, ahora si pulverizamos la base de Soy Leyenda para quedarnos con su costado efectista, estamos perdidos

y vio que comenté? no desespere, estas son las cosas que pasan en los blogs.

Saludos

Oscar Cuervo dijo...

Gracias Meridiana. Parece que es difícil mandar el comentario si no tenés dirección gmail o blogger. Algunos amigos me lo advirtieron desde distintas situaciones y ubicaciones geográficas.

En cuanto a Soy leyenda, yo no leí la novela y creo que cuando se desvían mucho del original, sería más leal (para el público que va a ver el film porque le gustó la novela) salir con otro título. Claro que la oferta en dólares para la familia del autor debe ser muy tentadora.

Por otro lado, a mí como cinéfilo no me preocupa tanto la falta de fidelidad al original, como cierta degradación de las posibilidades del cine en pos de un ajetreo solamente sensorial. Y me da un poco de vergüenza leer a los críticos que quieren revestir con pretensiones filosóficas un producto pensado sólo para cortar tickets.

Juan Gonzalez del Solar dijo...

No había leído la obra no había visto las versiones anteriores.
No me animaría a opinar acerca de lo que dice Oscar más que un me parece verosímil e interesante su planteo.

Pero sí puedo contar algo que me llamó la antención. No vi monstruos en los trailers, o casi; es más, mi novia vio los trailers y me dijo de ir a verla: obviamente, la pasó mal la mitad de la película.

Lo de "cine de estética" me parece brillante". La imagen parece de plástico.

Anónimo dijo...

Oscar: No viste la remake de :El tren de las 3,10 a Yuma. El genero parec�a extinguido, pero dicen que es� buen�sima...

Anónimo dijo...

Bueno, hay que haberse dado cuenta que elAMANTE, desde hace cierto tiempo, busca descubrir la pólvora o sea descubrir talentos donde no hay ni pizca de ellos y parecerse a: "Cahiers du cinemá". Entre ellos puede haber gente criteriosa, pero para que surja un Serge Daney TIENEN QUE COMER MUCHA ESPINACA. yO CREÍ, CUANDO DEJARON EL NEGRO/AMARILLO que se habían asumido. Pero no.

Oscar Cuervo dijo...

Anónimo 1:
no vi aún El tren de las 3:10 a Yuma, la voy a ver y la comento.

Anónimo 2:
El amante tiene a Eduardo Russo y Jorge García, inteligentes y criteriosos. Pero ocupan un lugar casi marginal en la línea actual de la revista. El resto es fruto de un experimento fracasado. Auto-referencia, irrelevancia y aires de falsa desobediencia en dosis insalubres. ¡Volvé, Quintín, te perdonamos todo!

meridiana dijo...

Oscar, es correcto lo que decís, el tema de la fidelidad al texto, es debatible, en tanto y en cuanto
no olvidemos que mucha gente fue a ver Soy Leyenda, a causa de haber quedado fascinada con la novela y se encuentra con este engendro.

y sí, lo honesto hubiera sido que hicieran lo que quisieran y ponerle otro título, es más citar que está basada en, pero se mandaron así y fuimos muchos los fanas de Ciencia Ficción que caímos con este fiasco.

pero cuando hay tantos dólares en danza...

saludos

Lilián

Oscar Cuervo dijo...

Lilián:

sí, los muchos dólares distorsionan los vículos entre las fuentes literarias y el cine mainstream, porque los autores o sus herederos pueden ceder a ofertas tentadoras en las que no hay control estético. Se usa el título "Soy leyenda" como una marca que asegura que muchos fans de la novela van a ir. Es una forma de fraude comercial en los casos en los que se encara el marketing en base al prestigio de la novela.

Pero los espectadores deberían asumir que el tema de las adaptaciones cinematográficas no tendrá nunca una solución. Ni con las mejores intenciones de directores y productores, aunque no hubiera esa distorsión mercantil que señalamos, jamás se podrá garantizar que de una buena novela resultará una buena película. Se trata de dos formas discursivas inconmensurables. Casi se podría formular una regla inversa: cuanto mejor es un original literario, más improbable es que resulte una buena película.

La historia del cine está llena de ejemplos: novelas menores que dan lugar a obras maestras, grandes novelas que devienen bodrios cinematográficos. Lo que escasean son los contraejemplos, aunque los hay: Muerte en Venecia de Visconti, Macbeth de Orson Welles, incluso Romeo y Julieta de Zeffirelli (bastante aceptable).

Pero fijate Orson: con una ignota novela hace una obra maestra como La dama de Shangai, con Shakespeare logra buenos resultados, pero arruina a Kafka (su versión de El proceso es decepcionante, considerando tanto la novela como la obra anterior de Welles).

En otro post estamos discutiendo a Kubrick, que para mí arruinó a Stephen King, mientras otros directores con menos control del final cut (Reiner, el Cronenberg de los 80) lograron resultados mucho más convincentes.

Otro caso: Hitchcock: yo no leí a Daphne Du Maurier, pero Vertigo es una cumbre del cine; cuando adaptó una buena novela de Patricia Highsmith (Extraños en un tren) el resultado no fue tan bueno.

Así que creo que la relación literatura-cine no tiene solución. Los espectadores deberían abandonar toda esperanza y asumir que su novela preferida estará totalmente desamparada en el cine.